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Audio, Cardenal Sandoval Íñiguez: “Nunca pensé en llegar a ser Arzobispo de Guadalajara”

Cuando lo nombraron Obispo Coadjutor de Ciudad Juárez, tomó todas sus pertenencias y no creyó jamás volver a Guadalajara y menos como Arzobispo. Una vez nombrado Cardenal, enfrentó graves problemas pero vivió también grandes satisfacciones, entre ellas la elección de los sumos pontífices.

Sonia Gabriela Ceja Ramírez / Monserrat Ayala Razo

El Cardenal Juan Sandoval Íñiguez descubrió su vocación sacerdotal a temprana edad pero nunca imaginó que algún día sería consagrado Cardenal de la Iglesia Católica. Sin embargo, el 26 de noviembre de 1994 le fue impuesto por el Papa Juan Pablo II el capelo cardenalicio.

30 años atrás, el sacerdote Jesuita, Tomás Ramírez, había externado su felicitación pues sabía hasta donde llegaría su exalumno e hijo espiritual.

“El padre Tomasito hizo una profecía que yo no tome en serio, no le di importancia. Cuando ya estaba muy grande, pasaba los 80, se enfermaba seguido y por ahí en noviembre del 63, siendo yo prefecto de los filósofos en el Seminario Menor, se enfermó el padre Tomasito y fui a verlo al hospital Santa Margarita. Subiendo la escalera estaba en el cuarto 218.

“Lo vi muy malito y le dije, se me hace que nos lo vamos a cafetear. Le pedí que me confesara y que me echara su bendición. Ya cuando nos despedíamos me dijo bueno, de una vez aprovecho para felicitar a un Cardenal que yo me sé. Felicidades, me dijo. Y yo pensé, me está dando ánimos para que me porte bien, para que sea un buen sacerdote. Dónde iba yo a pensar que fuera eso cierto”.

La profecía que resultó cierta

“Salí de ahí y se me borró totalmente el casete, nunca lo recordé, nunca lo platiqué a nadie, jamás lo dije… Pero un jueves 27 de octubre, que estábamos en reunión de Obispos en Cuernavaca, llegó un seminarista y me dijo, ahí está afuera el nuncio y le habla.

“Salí, estaba el nuncio Prigione y me dijo, mire, el Santo Padre lo nombra Cardenal, muchas felicidades. Hay que guardar secreto hasta el día 30. El nuncio se fue, yo regresé a la reunión y me dije: ¡Ah, Tomasito!

“Al día siguiente que volví a Guadalajara, del Aeropuerto me fui al hospital Santa Margarita, subí la escalera, el cuarto 218 estaba solo, me encerré y ahí le recé al padre Tomasito; una predicción de las que Dios me ha dado en mi vida”.

Dispuesto a dejar la vida en Juárez

El señor Cardenal refiere que cuando lo nombraron como Obispo de Ciudad Juárez nunca imaginó volver a Guadalajara como Arzobispo. “¡Nunca! Acababan de nombrar al señor Posadas, estaba relativamente joven, muy bien de salud. Pensé que iba a durar muchos años. Yo me llevé todas mis cosas a Juárez, una troca llena de libros que era lo que tenía. No dejé ni un clavo porque pensé, allá voy a dejar mis huesos”.

Respecto a su nombramiento como Arzobispo de Guadalajara, el Cardenal Sandoval asegura que también en ese momento Dios proveyó. “En la Navidad del 93, que fue el año en el que murió el Cardenal Posadas un amigo de Roma, muy cercano a la Curia me dijo, le quieren dar un encargo de visitar los colegios y los estudios de los religiosos, no lo acepte ahorita porque le puede estorbar. Entonces yo le pregunté para qué me estorbaría y me dijo, usted está en la jugada para Guadalajara, está en la terna para Arzobispo.

“En Semana Santa me habló y me dijo, ya se juntaron los Cardenales de la consistorial y ya dijeron que usted era el bueno. Pasando la Semana de Pascua le llevan al Papa la propuesta, el Papa palomea y ya queda usted nombrado Arzobispo de Guadalajara.

¿Un Obispo en traje de baño?

“En la Semana de Pascua me fui a Hermosillo a uno de los aniversarios del señor Don Carlos Quintero Arce que era el Arzobispo pero había sido aquí en Guadalajara mi maestro en el Seminario y nos estimábamos mucho, cuando mi amigo me habló y me dijo, el Papa ya palomeó, ya firmó. Me dijo, ahora que esté en la Conferencia Episcopal, que siempre es la segunda semana de Pascua, ahí le van a dar la noticia. Y así fue.

“El martes por la tarde llegó el nuncio, me preguntó de la situación en Juárez y luego me preguntó por Guadalajara, y le dije que ya tenía un año sin Obispo, me dijo, pues el Papa dijo que usted, usted que dice. Pues si el Papa dice, ya estoy yo para obedecer. No hice aspavientos.

“A la semana siguiente yo tenía que ir al mar con mis compañeros, pero me puse a pensar que se iba a dar la noticia y los medios de comunicación me iban a buscar y me iban a encontrar en traje de baño.

“Entonces, sin decir nada, terminando la reunión me regresé a Ciudad Juárez, diciendo que tenía algunos compromisos.

“Entendí que cuando uno es una persona pública tiene que privarse de muchas cosas por la imagen”.

De vuelta a casa

Señala que aunque no lo podía externar, desde la primera vez que le plantearon la posibilidad de ser Arzobispo de Guadalajara, se sintió muy agradecido con Dios. “Es mi diócesis, es mi Iglesia, la conozco. No soy digno, porque nadie es digno pero yo la conozco, formé a la mayor parte de los sacerdotes durante 27 años en el Seminario, entonces no era difícil de gobernar.

“Yo llegué a Guadalajara en 1945, la vi crecer. Guadalajara tenía en ese entonces 300 mil habitantes, era pequeñita y yo la vi crecer hasta los millones. Fui seminarista aquí, todos los sacerdotes de mi edad me conocían, al igual que los mayores habían sido mis maestros o también me conocían y los de más debajo de mi habían sido mis alumnos. Entonces dije, Dios me mandaba a caer en blandito”.

El señor Cardenal cree que en buena medida fue nombrado Arzobispo de Guadalajara por el trabajo que había desempeñado en el Seminario y también para proteger a esa, que es la principal institución de una diócesis. “Fui alumno del Seminario, formador por muchos años y quería mucho al Seminario y tenía la experiencia, sabían que yo iba a cuidar al Seminario que a nivel Iglesia Universal el Seminario de Guadalajara ha sido muy importante. Creo que por eso me eligieron”.

Defender la fe de su rebaño

Respecto a los retos que enfrentó como Arzobispo, el señor Cardenal apunta: “Yo le pedí mucho a Dios y no sé si me lo haya concedido, pero yo sabía que me entregaba un tesoro, el tesoro de la fe y del fervor de este pueblo, y yo pedía que no viniera a menos mientras yo fuera cabeza, mientras yo fuera Arzobispo. Ese era el reto, lo demás eran cosas secundarias, cosas periféricas, pero el reto de un pastor es conservar la fe de su pueblo, tenerlo unido a Cristo y a la Iglesia. No sé si me lo haya concedido Dios o no pero creo que mucha dispersión no hubo en mi tiempo”.

Asegura que cuando él llegó como Arzobispo, había en Guadalajara cerca de 300 parroquias y a él le tocó crear poco más de 200, “también muchísimas cuasiparroquias”.

Añadió que durante sus años al frente de la Arquidiócesis enfrentó dificultades pero nunca con sus sacerdotes u Obispos Auxiliares, sino más bien de índole personal por su reclamo de justicia en el caso del artero asesinato de su antecesor el Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo.

Los años oscuros

“Yo supe, desde que lo mataron, un año antes de venir aquí, yo supe que había sido el gobierno, me lo dijeron gentes muy cercanas.

“Cuando me nombraron Arzobispo de Guadalajara yo sentí el peso de la responsabilidad, dije por dignidad del sacerdocio, de la diócesis de Guadalajara y de la Iglesia, tengo que reclamar. Me meto en problemas, sí, hay peligro, sí, yo lo sabía. Pero me puse a reclamar y de ahí vinieron todas mis dificultades: la persecución de la prensa fue terrible porque estaban pagados para hacerme la peor imagen que se pudiera. Pero yo sabía que si reclamaba eso iba a venir. Y los peligros de muerte también que enfrenté, graves.

“La persecución de Carpizo, el envenenamiento, la PGR que durante seis meses me investigó como narcotraficante y lavador de dinero, a mí y a toda mi familia; el problema de Ebrard con el asunto del aborto que fue muy grave. Todas esas dificultades las enfrenté.

También hubo mieles durante su servicio

“Las satisfacciones que Dios me concedió fueron inmensas. Primero, el afecto y la estima del Papa Juan Pablo II para mí fue muy especial, me distinguió mucho. Por ejemplo, estando en Juárez, él me nombró para asistir a la Conferencia Episcopal en Santo Domingo en 1992.

“Cuando fue el Sínodo de América, me nombró parte de la comisión preparatoria y me nombró relator general, que es el que lleva toda la responsabilidad de un Sínodo.

“Luego la canonización de los 27 santos mexicanos. Cristóbal Magallanes y compañeros estaban beatificados, se había hecho el milagro de Carmelita Pulido y se había mandado a Roma y no lo valían, pero lo peleamos, tuvo que ir Carmelita a Roma para que la examinaran allá los médicos para la Congregación de los Santos y por fin dieron el milagro por bueno.

“Entonces, aprovechando en el Sínodo del 97 mi cercanía con el Papa, porque por tres semanas estuve sentado a la izquierda del Papa en el estrado, le dije Santo Padre, tenemos puros santos de importación, nomás tenemos un santito ahí, San Felipe de Jesús de finales del siglo XVI allá en Japón pero todos los demás son importados, necesitamos santos nuestros. Ya están todos los requisitos para canonizar a nuestros beatos, que usted beatificó en el 92, solo falta que usted quiera. Y me dijo, si pero es que hay alteros muy grandes de expedientes en la Congregación. Y le dije, si Santo Padre, pero se toma de abajo y se pone arriba. Entonces se rió el Santo Padre pero dispuso que se hiciera.

“Así, en el Gran Jubileo de la Encarnación en el año 2000, el 21 de mayo se canonizaron 25 mártires, la madre Naty, primera santa mexicana y San José María de Yermo y Parres. 27 santos de un golpe por la bondad del Papa”.

El regalo del Congreso Eucarístico

“En esa ocasión, en marzo, cuando fui al consistorio para anunciar la fecha de la canonización, un amigo mío Cipriano Calderón, era un arzobispo de la Comisión para América Latina, me dijo: pida el Congreso Eucarístico para Guadalajara. En ese año se celebraría en Roma el XLVII, en junio, en la fiesta del Corpus. Al día siguiente fui con el Cardenal Gagnon, un canadiense que era el presidente del comité de Congresos y le dije que quería pedir el Congreso para Guadalajara, que qué posibilidades había, y me dijo, el Papa se lo quiere dar pero necesita pedírselo a él.

“Entonces le escribí al Papa pidiéndole el Congreso Eucarístico para Guadalajara y el Papa, a través de la Secretaría de Estado, inmediatamente contestó: Se le concede para el 2004 el Congreso Eucarístico.

“Tuve satisfacciones muy grandes”.

La responsabilidad de elegir al Papa

“Me tocó participar en dos conclaves. El del Papa Benedicto XVI en 2005, en el que me tocó toda una mañana ser el escrutador que es el que cuenta y grita los votos.

“En marzo de 2013 me tocó participar en el del Papa Francisco. Ahí tuve un papel especial, porque no quisimos utilizar micrófonos, porque había muchos reporteros rondando con aparatos muy sofisticados con los que podían jalar la voz. Entonces los escrutadores trataban de alzar la voz pero no se escuchaba. Creo que el Cardenal Re que era quien organizaba todo ahí adentro, se acordó que cuando el Papa Benedicto yo sin micrófono había gritado los votos, así que me pidió ayuda. Me paré junto a los escrutadores, ellos contaban las boletas, decían el nombre y yo lo gritaba, como el gritón de la lotería. 

“Los conclaves son los momentos más sobresalientes en la vida de un Cardenal. Un Cardenal tiene muchas responsabilidades altas: es consejero del Papa, tiene responsabilidades dentro de las congregaciones, es consultor y tiene que ir frecuentemente a Roma para ejercitar sus ministerios, pero el momento de elegir Papa es cuando siente uno la mayor responsabilidad y la mayor honra y satisfacción”.

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