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CultivArte. El aliento de la imaginación

Pbro. Tomás de Híjar Ornelas

Tal es el nombre de la exposición recién inaugurada en el centro cultural Casa ITESO Clavigero (José Guadalupe Zuno 2083, entre la avenida Chapultepec y la calle de Marsella, en la colonia Americana de Guadalajara), y que estará abierta hasta el mes de octubre siguiente de lunes a viernes de 9 a 14 y de 16 a 19 horas, y los sábados de 10 a 14 horas.

Quienes aprovechen la oportunidad tendrán ante sí 140 objetos relacionados con el arte de modelar el vidrio relacionados con la vida y obra de Odilón Ávalos (1881-1957), poblano avecindado en Guadalajara en los primeros años del siglo pasado (1903), donde introdujo una técnica que a partir de entonces sentó sus reales entre nosotros y de la que deja constancia José Rogelio Álvarez en su estudio ‘Vidrio soplado’.

Si cualquier motivo es suficiente para recorrer la casa que Luis Barragán diseñó para la familia del abogado y humanista Efraín González Luna, verla convertida en el ámbito donde por vez primera se exhibe un lote tan grande y variado de las piezas salidas del ingenio de Odilón Ávalos es más que singular y a ello no es ajena la esmerada labor que en el desempeño de su cometido tiene el director de la Casa, Gutierre Aceves, el cual concitó la buena voluntad de cuatro nietos del artista, Ricardo y Luis Gil Ávalos, Enrique Ávalos Méndez y Eduardo Arámbula Ávalos, así como la de dos coleccionistas particulares, Juan Ignacio González y Pedro Olivares, y la de diversos museos, para reunir 90 objetos de vidrio, 24 herramientas, 14 fotografías, cinco retratos en arcilla, dos dibujos, dos catálogos de venta del taller de don Odilón y tres videos, gracias a los cuales se puede reconstruir la importancia que tuvo para esta técnica el quehacer de Odilón Ávalos.

Además de lo dicho, a título personal añadimos que difícilmente podremos ver reunida de nuevo una exposición que ofrezca tantos elementos didácticos para rescatar del olvido la aportación fundamental de un creador que alcanzó la cumbre en una técnica y supo inculcarla incluso a los que aun sin saberlo lo tienen como antecesor y maestro, incluyendo los espectadores.

El legado artístico de Odilón Ávalos Razo, galardonado con el Premio Jalisco en 1954, lo mantienen vivo los talleres de vidrio soplado de San Pedro Tlaquepaque, perfeccionados por Jaime Camarata.

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