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Entrevista con el Cardenal José Francisco Robles Ortega. Un camino de discipulado y aprendizaje…

Monserrat Ayala y Yara Martínez

A 28 años de su Ordenación Episcopal, que se cumplieron el pasado 5 de junio, el Arzobispo de Guadalajara, Cardenal José Francisco Robles Ortega, describe este acontecimiento, como una gracia inmerecida que lo ha llevado por un camino de discipulado y  humilde servicio a la Iglesia.

En entrevista exclusiva para Arquimedios, habla sobre el reto que tiene al frente de la Iglesia tapatía, y recuerda el rito de Ordenación Episcopal, como un momento que lo llenó de paz y alegría.

¿Qué ha significado para usted ser Obispo y estar al frente de Diócesis como Toluca, Monterrey y, ahora, Guadalajara?

“El significado para mí, de ser Obispo es, ante todo, una gracia inmerecida que yo nunca imaginé.

Yo tuve la experiencia de ser Vicario General en la Diócesis de Autlán, por cuatro años y, a la muerte de mi Obispo, del que yo era Vicario General, en 1990, me nombraron Administrador Diocesano en Sede Vacante; casi estuve un año como Administrador Diocesano y ese fue como un aprendizaje más intenso, un aprendizaje muy interesante y, al año, me nombran Obispo Auxiliar de Toluca.

Entonces para mí fue una sorpresa, pero muy grande y, también, una experiencia de discipulado. A uno no lo preparan para ser Obispo, no es que haya una universidad, un tiempo de preparación específico, sin embargo, el hecho de haber sido llamado a esta gracia significó para mí entrar como en un proceso de discipulado, de aprendizaje, por la experiencia de otros hermanos Obispos que le van compartiendo a uno eso, su experiencia y, también, con el contacto con la realidad que uno va teniendo, pues va uno haciendo ese aprendizaje.

Entonces, sintetizo, el Episcopado para mí ha sido una gracia inmerecida y, a la vez, un camino de discipulado y aprendizaje y, también, de humilde servicio a la Iglesia.

¿A lo largo de estos 28 años, existe algún hecho que lo haya marcado?

Bueno, me marcó la Ordenación Episcopal. Yo viví el rito de la Ordenación Episcopal como se vive un rito sacramental, pero si tengo que decir que después de ese rito de la Ordenación Episcopal yo experimenté una gracia nueva, un vigor, una fuerza, una paz y una alegría de ser sucesor de los apóstoles.

Ese acontecimiento es significativo, y digo también que lo he, por así decirlo, re experimentado o evocado en momentos especialmente difíciles, por ejemplo, enfrentar alguna problemática, algunos casos, tomar algunas decisiones, yo siempre he experimentado, he evocado ese momento de gracia que significó la Ordenación Episcopal.

De manera que no es así como un acontecimiento muy puntual, sino que es un acontecimiento de gracia en el sacramento, pero que se va manifestando en experiencias posteriores. Esto es lo que yo podría resaltar.

Al frente de la iglesia de Guadalajara ¿Cuáles son los retos que usted tiene?

Yo debo decir que estuve primero en la Iglesia de  Toluca, por doce años, primero como Obispo Auxiliar, después como Obispo Residencial, en total doce años, después pasé a la Arquidiócesis de Monterrey, donde estuve nueve años, y aquí llevo ya siete años.

Lo que yo puedo decir es que cada realidad es, por así decir, la misma Iglesia, es la misma Iglesia católica en Toluca, en  Monterrey, en Guadalajara, pero la vivencia de la fe católica, la vivencia de la Iglesia en cada una de estas Diócesis, pues tiene sus acentos, tiene sus marcas, pero nada vamos a decir, extraordinario.

Yo he experimentado que Guadalajara, por su volumen, es una Iglesia grande, muy grande, por ejemplo, en el número de sus Sacerdotes, en el número de parroquias, en el número de habitantes, en el número de grupos apostólicos, es una Iglesia de un gran volumen.

Pensemos también en el Seminario, las vocaciones que hay en nuestro Seminario, el más grande de América y, posiblemente del mundo. Eso es lo que marca una diferencia.

El reto que yo he encontrado en esta Iglesia de Guadalajara, es, cómo abarcar ese gran volumen de Iglesia, que es esa larga historia de evangelización que en el camino lleva la Iglesia de Guadalajara, el esfuerzo de tantos pastores antes de mí, tantos Sacerdotes, tantos laicos que han marcado un caminar que ha dejado huella en la vida cristiana de esta región.

Entonces, el reto ha sido cómo abarcar esa amplísima, esa gran riqueza de realidad de la Iglesia católica en nuestra Diócesis. Y luego, después, el reto de cómo unificar toda esa riqueza, todos esos esfuerzos para llevarlos a un fin, a un objetivo, que es siempre evangelizar, y evangelizar una cultura, un mundo que tiene las características de hoy, que no son las de hace diez años, veinte años, cien años, son características propias.

Entonces el reto es, cómo unificar toda esa riqueza para apuntar hacia un objetivo que signifique evangelizar en este momento, estas circunstancias, en comunión con toda la Iglesia universal y, muy particularmente, con las líneas pastorales y el ministerio del Papa Francisco.

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