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Celebración de la palabra en Familia

Ofrecemos un esquema para realizar una celebración familiar o grupal, sin la presencia del presbítero, para el…

XXXII Domingo T.O

IDEAS PARA EL CELEBRANTE/GUÍA:

Muchas personas, al escuchar que tienen que estar vigilantes y dispuestos para la venida del Señor, piensan que tienen que estar preparados para que la muerte no los sorprenda ignorantes y por sorpresa.  Pero hay un mensaje mucho más profundo: tenemos que aprender a encontrar al Señor que viene a nosotros: como nuestro compañero de camino, en nuestros prójimos, en nuestra oración y participación en la eucaristía y los demás sacramentos, en su Palabra que ilumina los acontecimientos de la vida…

Pidamos al Señor la gracia de estar atentos a su constante presencia e instrucción.  Así, encontraremos la sabiduría que requerimos para nuestra vida y para nuestro encuentro final con Dios…

(Hoy y los siguientes dos domingos leeremos las últimas tres parábolas de la predicación de Jesús – las diez doncellas, los talentos y el juicio final – y el tono es escatológico.)

GUIA: EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO, Y DEL ESPÍRITU SANTO.

Todos: AMÉN.

GUIA: Creemos que Jesús murió y resucitó y que todos los que han muerto en él están con él.

Jesús, el Señor de la vida y la sabiduría, esté siempre con ustedes.

Todos: Y con tu Espíritu.

¡Ojalá hubiéramos sido más conscientes de la frecuencia con que encontramos al Señor en nuestra vida!  En un momento de silencio,  reconozcamos las veces en que hemos sido indiferentes y nos ha faltado vigilancia… Pidámosle perdón al Señor.  (Pausa)

•        Señor Jesús, a veces nos ha parecido que estabas ausente cuando luchamos contra el sufrimiento, el dolor y la muerte… pero ahí estabas tú dándonos fortaleza.

TODOS: Señor, ten piedad.

•        Cristo Jesús, con frecuencia nos olvidamos de ti y de buscar tu sabiduría mientras nos sumergimos en la rutina de la vida diaria… pero ahí estabas tú enseñándonos siempre.

TODOS: Cristo, ten piedad.

•        Señor Jesús, descuidamos el descubrirte y atenderte en nuestros hermanos… pero tú insistes en acercarte a nosotros en ellos.

TODOS: Señor, ten piedad.

Guía: Señor, perdona misericordiosamente todos nuestros pecados y haz que busquemos siempre tu sabiduría.  Ven con nosotros al caminar y, cuando llegue nuestra hora, llévanos a la fiesta de la vida eterna. 

TODOS: Amén.

GUIA: Señor Dios y Padre nuestro,

Tú quieres que encontremos a tu Hijo y que aprendamos su sabiduría.

Haz que nos mantengamos siempre despiertos y vigilantes para descubrirlo en los acontecimientos de la vida y en nuestros prójimos.

Que él sea nuestra paz en las tensiones,

nuestra fuerza en el sufrimiento y nuestra Vida más allá de la muerte biológica,

para poder entrar a las bodas del Cordero con nuestras lámparas encendidas.

Te lo pedimos por tu mismo Hijo Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. 

TODOS: AMÉN.

Se ofrece un resumen de las lecturas para ayudar a quien guía y a quienes leerán a subrayar la parte primordial que ayude a descubrir su mensaje unitario. Pero, las lecturas han de leerse íntegramente durante la celebración.

Nota litúrgica: Se les pedirá a los lectores anunciar únicamente el libro de donde se toma la lectura. Ejemplo: Lectura del libro de los hechos de los apóstoles. Al finalizar cada lectura no se olvide decir: PALABRA DE DIOS. Y se responde: TE ALABAMOS SEÑOR. Y en el Evangelio, anunciar: Del Evangelio de según San Juan. Al finalizar decir: PALABRA DEL SEÑOR. Se contesta: GLORIA A TI SEÑOR JESÚS.

Sabiduría 6, 12-16: La sabiduría es radiante e incorruptible.  Quien la ama, la ve; quien la busca, la encuentra; quien la desea, la conoce…  Quien medita en ella se hace prudente y se libera de preocupaciones… Ella nos busca y nos habla en nuestros pensamientos…

Salmo 62, 2. 3-4. 5-6. 7-8: Oh Dios, por ti madrugo.  Estoy sediento y tengo ansias de ti.  Valoro tu gracia.  Te bendeciré y alabaré jubiloso. Pienso y medito en ti y en lo que has hecho por mí…

Tesalonicenses 4, 13-17: Los Tesalonicenses estaban preocupados por sus difuntos, por eso, San Pablo les transmite una revelación sobre la situación en la que se encuentran quienes han fallecido: Dios se los ha llevado ya con Él y, cuando sobrevenga el juicio final, todos estaremos siempre juntos con el Señor…

Mateo 25, 1-13: El Reino de los Cielos se parece a diez doncellas que debían esperar al esposo para entrar con él al banquete de bodas, pero no sabían la hora de su llegada: cinco de ellas fueron sabias y previeron llevar consigo aceite suficiente para la espera vigilante y más para reabastecer sus lámparas en caso de que llegara a necesitarse, y las otras cinco fueron descuidadas y no lo hicieron… Las necias, que llegaron tarde, fueron desconocidas y se quedaron fuera de la fiesta… Por eso, hemos de ser vigilantes…

Nota litúrgica: Se puede ir leyendo esta reflexión y DETENERSE cuando aparezca una PREGUNTA o cuando se crea conveniente dialogar alguna IDEA.

[Hoy y los siguientes dos domingos son los últimos del año litúrgico, en cada uno de ellos meditaremos una de las últimas tres parábolas de la predicación de Jesús (capítulo 25 de Mateo): Las doncellas prudentes y las necias, los talentos y el juicio definitivo.  Se nos invitará a permanecer vigilantes de nuestra vida espiritual y preparados para amar y servir cada día, a aprovechar el tiempo presente para conocer cada vez más a Jesús que ilumina nuestro corazón, a multiplicar nuestras buenas cualidades y a hacer el bien mientras estemos vivos, teniendo presente que nuestro fin llegará cuando menos lo esperemos… Esta trilogía puede iluminarnos también para realizar una sincera y profunda evaluación del año litúrgico que terminará pronto.]

Según la primera lectura, hemos de valorar la sabiduría que viene de Dios e ir aprendiendo de las experiencias de cada día… Necesitamos meditar en la sabiduría para que se nos dé a conocer… ¿En qué consiste la sabiduría de la que nos habla esta lectura y qué significa poseerla? ¿Cuál será la diferencia entre actuar con sabiduría y sin ella? ¿En qué detalles concretos puedo distinguir a una persona con sabiduría de otra insensata? ¿Puedo imaginarme a mí mismo actuando con mayor sensatez cada día?

Dice esta lectura que “la sabiduría es incorruptible”.  Si la buscas constantemente y andas con ella, no te dejará corromperte, pero, si la abandonas, si te corromperás… Si dejamos de amarla y cultivarla se acabará, como el “aceite” en las lámparas de las doncellas necias del evangelio de hoy, y quedaremos en tinieblas, sin un sentido de vida y desorientados.  Y, aunque pidamos un poco de “aceite” a los demás, si no lo hemos cultivado nosotros, llegará el momento en que no nos puedan compartir y nuestra lámpara se apagará quedándonos “fuera” de la fiesta de la Vida, perderemos el camino, nos equivocaremos, nos sentiremos abandonados, atorados en nuestra vida, sin amor y sin Dios… Nos corromperemos y seremos absorbidos por la obscuridad que nos rodea… (¿A qué crees que se deba que México ocupe el XIII lugar entre los países más corrupto del mundo y que, a pesar de ser un pueblo “religioso”, no encontramos la sabiduría requerida para combatir este mal?)

También dice que “quien vela por la sabiduría se verá libre de preocupaciones”.  ¿Qué errores voy cometiendo repetitivamente en mi vida y me pesan? ¿En qué aspectos de mi vida necesito sabiduría humana y divina?

La sabiduría quiere salirnos al encuentro y ser nuestra compañera… ¿Por qué será que unos si la tienen y otros no? ¿Yo tengo sabiduría o no la tengo? Antes de dormir cada noche pregúntate: ¿En qué se nota que sí o en qué se nota que no tengo la sabiduría y la prudencia de Dios?  La sabiduría nos ayudará a descubrir lo esencial, ya que muchas veces perdemos el rumbo de nuestra vida y dejamos de captar qué es lo importante.  ¿Me doy cuenta que la fuente de la sabiduría/aceite es el mensaje y la vida de Jesús?

En la narración evangélica, las vírgenes prudentes llevaron un frasco de aceite extra para mantener su lámpara encendida todo el tiempo y poder entrar con el esposo a las bodas.  En cambio, las vírgenes descuidadas no previeron aceite de reserva para rellenar sus lámparas… Aquel que deja que se le apague su lámpara termina perdiendo lo mejor de su vida… ¿Qué significará el “aceite” en estos momentos de mi vida? ¿Qué pierdo si dejo que se apague mi lámpara? ¿Qué puedo hacer para tener sabiduría de reserva?

Al ver lo que les sucedió a aquellas muchachas poco previsoras, podemos pensar en las veces que nosotros también descuidamos nuestra vida espiritual, nuestra salud (física, psicológica/emocional y espiritual), la formación integral de los hijos que los capacite para esta vida y la futura, el fortalecimiento de la relación de pareja y familiares, de amistad, laborales etc.  A veces, vamos descuidándonos imperceptiblemente y, para cuando reaccionamos ya perdimos muchas oportunidades… ¡Por eso Jesús nos recomienda la vigilancia! ¿Cómo puedo desarrollar más mi prudencia y aprender a ser más previsor, sobre todo en lo más importante? ¿Cómo puedo prepararme más para que mi lámpara esté encendida cuando se requiera?

Uno se pregunta: ¿Por qué las vírgenes sabias no les dieron de su aceite a las necias? Parecería que Jesús quiere decirnos que cada uno debe asumir las consecuencias de sus imprudencias y descuidos.  Y que tampoco es justo que los necios y pocos comprometidos pidan “caridad”… En la comunidad eclesial podemos ayudarnos de muchas maneras, pero cada uno es responsable de su propio “aceite” y su propia “luz encendida”.  ¡Hay aspectos de nuestra vida en los que nadie nos puede ni nos debe ayudar!  Recordemos que, según Mt 7, 24-27, la sensatez y la necedad son fruto de si ponemos o no en práctica la Palabra.  Esta sabiduría no consiste sólo en conocimientos sino en una entrega amorosa por el bien del hermano…  Desde esta perspectiva, podemos entender las buenas obras como la “luz” y al amor como el “aceite” que se gasta sirviendo.  Es por eso que no se puede compartir el aceite… ¿Me doy cuenta de que nadie puede amar en mi nombre ni yo puedo encender mi lámpara con el servicio que otra persona realiza? ¿Asumo que para que mi vida sea luminosa debo gastarme por amor? ¿Tengo siempre presente que el Maestro me pidió que, como él, sea luz del mundo (Cfr. Mt 5, 14-16)?

Recuerda las acciones con que se describe, en la primera lectura, el proceso de adquirir la sabiduría: amarla… buscarla… desearla… madrugar por ella… meditar en ella… velar por ella… merecerla… Así hemos de estar atentos para que el “aceite/amor” mantenga “encendidas/actuando” nuestras “lámparas/vidas”… ¿Cuál camino escojo hoy para vivir: la sabiduría o la necedad?

PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS, TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA LA SEMANA

Audio: Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

1.      Al terminar cada día, haz un examen de conciencia y pregúntate dónde y con quiénes me hizo falta más sabiduría. Puedes guiarte por el horario de tus actividades… ¿Cuáles fueron las cosas más difíciles de hacer? ¿En qué me equivoqué más? ¿Cuándo perdí la paciencia? ¿En qué me desesperé más? ¿Qué me salió mal? ¿A quiénes no traté con amor?

Luego, haz un ejercicio de imaginación para llenarte de sabiduría: Imagina que la sabiduría es como el aire que respiras y va llenando tus pulmones mientras te repites una frase del Salmo: “Señor mi alma tiene sed de ti”.

Y, finalmente, pregúntate: ¿Qué puedo hacer para que mañana yo sea una persona más vigilante y sabia? Y obsérvate a ti mismo actuando y hablando con mayor prudencia y amor, atento a las emociones y reacciones propias y de tus interlocutores y las personas que se encuentran contigo…

Anota tus conclusiones y propósitos.

2.      Escribe una lista de asuntos pendientes que deberás resolver con sabiduría:

•        Ordénalos por orden de importancia o cronológicamente, luego anótalos en tu agenda, y, finalmente, recuerda revisar estas metas periódicamente…

•        Pregúntate: ¿Qué me impedía alcanzar estas metas?

•        ¿Cuál crees que te dará más alegría resolver?

3.      Platica con tu amigo Jesús sobre:

•        Los valores y las actitudes del evangelio que quieres cultivar para mantener tu vida “encendida” de manera que puedas reconocerlo y acompañarlo en tus prójimos para iluminar sus caminos hasta la fiesta de su Reino…

•        Cómo puedes mantenerte buscando y aplicando la sabiduría que él te regala cada día, para que puedas ser diligente, previsor y atento a los detalles…

•        Los aprendizajes que has ido adquiriendo de tu vida a la luz de su Palabra.  Agradécele esta sabiduría y pídele más: que los puedas poner en práctica amando y sirviendo a tus hermanos…

•        Cómo deseas renovar tu aceite a través del contacto con él, comulgando con su palabra y con su cuerpo místico y sacramental…

GUIA: Expresamos nuestra fe en el Dios vivo y, de un modo especial este día, en Jesús, el Mesías, su Hijo. 

Creo en un solo Dios…

Nota litúrgica: El guía hace la oración inicial y final y las peticiones las van presentando los participantes.

GUIA: Nosotros tenemos fe y esperanza, ya que tenemos un Salvador que resucitó de entre los muertos.  Por eso, confiadamente digámosle:

TODOS: Señor resucitado, en ti confiamos.

1.      Por el Papa, los obispos y los sacerdotes, para que recuerden constantemente al pueblo de Dios la dimensión eterna de la vida y nos sepan guiar con sabiduría,  paciencia y vigilancia.  Roguemos al Señor.

TODOS: Señor resucitado, en ti confiamos.

2.      Por los jóvenes, para que se mantengan críticos ante las ideologías y continúen esperando y construyendo un mundo nuevo y mejor.  Roguemos al Señor.

TODOS: Señor resucitado, en ti confiamos.

3.      Por los enfermos graves y los ancianos que se encuentran cercanos al fin de su vida terrena, para que se preparen para encontrarse con su Señor cara a cara y no teman ni se desesperen, sino que se entreguen con confianza en las manos de aquel que venció a la muerte.  Roguemos al Señor.

TODOS: Señor resucitado, en ti confiamos.

4.      Por los desalentados y heridos por la vida, para que, gracias a nuestra presencia  amistosa y palabras sabias, no vivan amargados sino que sientan nueva fuerza y esperanza.  Roguemos al Señor.

TODOS: Señor resucitado, en ti confiamos.

5.      Por nuestros queridos difuntos, para que, después de una vida buena, sabia y vigilante, se encuentren gozando ya de la alegría de la fiesta eterna.  Roguemos al Señor.

TODOS: Señor resucitado, en ti confiamos.

GUIA: Señor Jesucristo, que los afanes y preocupaciones de cada día no nos encierren en nosotros mismos, por el contrario, que encontremos remedio y entusiasmo en tu palabra de vida y contagiemos la alegría de vivir plenamente a nuestros hermanos.  Y, después de una vida constructiva, llévanos al cielo donde vives y reinas por los siglos de los siglos. 

TODOS: Amén.

GUIA: Con nuestros corazones llenos de esperanza, oremos a nuestro Padre del cielo como el sabio Jesús, nuestro hermano, nos enseñó. 

TODOS: Padre nuestro…

GUIA: Decimos juntos:

GUIA: hemos reflexionado las palabras del Señor sobre la sabiduría y la vigilancia necesarias para vivir y morir…

¿Qué somos nosotros, necios o sabios?  Probablemente un poco de los dos: necios cuando pecamos, sabios cuando estamos vigilantes y cuando intentamos conscientemente vivir como Jesús nos enseñó…

Que Dios nos mantenga siempre vigilantes, esperanzados y sabios…

Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompañe siempre.

TODOS: Amén.

Acerca de Monserrat Cuevas

Lic. Ciencias de la Comunicación | Reportera en Acción | Temas sociales, busco historias de vida que contar.

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