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Celebración de la Palabra: Respuesta al llamado, crecimiento constante

Ofrecemos un esquema para realizar una celebración familiar o grupal, sin la presencia del presbítero, para el…

ORDINARIO 3

¿Cómo puedo generar cambios en mí que vayan en la dirección correcta?

Nota litúrgica: Estas líneas podrían ser meditadas con antelación por quien guiará la celebración y pueden inspirar sus comentarios e intervenciones durante la misma.

IDEAS PARA EL CELEBRANTE/GUÍA:

“No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”, reza un viejo proverbio. Desgraciadamente, muchas veces hacemos lo opuesto diciendo que mañana tendremos tiempo suficiente.

Sin embargo, la palabra de Dios sigue urgiéndonos.  Ahora es el tiempo propio para hacer las cosas de Dios.  Nos urge el tiempo para cambiar.  Arrepiéntanse ahora, conviértanse ahora, Dios y su reino están ya aquí y ahora entre nosotros.

Con el Señor en medio de nosotros le pedimos la gracia de escuchar y vivir ahora su Buena Noticia de salvación y su llamado a anunciarla para que se haga realidad en nuestra vida y sociedad…

GUIA: EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO, Y DEL ESPÍRITU SANTO.

Todos: AMÉN.

GUIA: Nuestro Señor está aquí en medio de nosotros y nos dice: “Ha llegado el tiempo, y el reino de Dios está al alcance de la mano.   Arrepiéntanse y crean en la Buena Nueva de salvación”.  Estén atentos a sus palabras…

El Señor esté siempre con ustedes.

Todos: Y con tu Espíritu.

GUIA: Con demasiada facilidad posponemos nuestro deseo de servir mejor a Dios.  Pedimos ahora al Señor que nos perdone.  (Pausa)

•        Señor Jesús, tú nos dices que ahora ha llegado el tiempo de apartarnos de nuestros pecados.

Todos: Señor, ten piedad.

•        Cristo Jesús, tú nos pides que aceptemos plenamente tu Buena Noticia de salvación y que vivamos según ella. 

Todos: Cristo, ten piedad.

•        Señor Jesús, tú nos llamas a servirte a ti y a trabajar para extender tu reino.  

Todos: Señor, ten piedad.

GUIA: Por tu bondadosa misericordia, perdónanos, Señor, por ser tan lentos en aceptar tu palabra y llevarla a cabo plenamente. Llévanos a la vida eterna.  Amén.

TODOS: Amén.

GUIA: Señor, tú nos dices por medio de Jesús que ha llegado la hora para que nos convirtamos a la Buena Noticia de salvación.

Danos el valor de responder al llamado de Jesús sin miedo ni vacilación. Haz que lo sigamos con alegría y que compartamos su estilo de vida y sus palabras a nuestros hermanos.

Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. 

TODOS: AMÉN.

Se ofrece un resumen de las lecturas para ayudar a quien guía y a quienes leerán a subrayar la parte primordial que ayude a descubrir su mensaje unitario. Pero, las lecturas han de leerse íntegramente durante la celebración.

Nota litúrgica: Se les pedirá a los lectores anunciar únicamente el libro de donde se toma la lectura. Ejemplo: Lectura del libro de los hechos de los apóstoles. Al finalizar cada lectura no se olvide decir: PALABRA DE DIOS. Y se responde: TE ALABAMOS SEÑOR. Y en el Evangelio, anunciar: Del Evangelio de según San Juan. Al finalizar decir: PALABRA DEL SEÑOR. Se contesta: GLORIA A TI SEÑOR JESÚS.

[Hoy, por ser el Domingo de la Palabra de Dios, convendría resaltar algunos símbolos, por ejemplo: hacer una procesión con el leccionario o el evangeliario, también podría usarse incienso para el Evangelio o adornar el ambón, etc.]

Jonás 3, 1-5. 10: El profeta, que pensaba que la salvación estaba reservada sólo para los judíos, anuncia a los ninivitas el castigo que les espera a causa de sus pecados… ellos creyeron, ayunaron e hicieron penitencia… se convirtieron de su mala vida y Dios tuvo misericordia de ellos…

Salmo 24: Muéstrame, Señor, tus caminos, instrúyeme en tus sendas… para llegar al destino correcto…

1 Corintios 7, 29-31: San Pablo nos invita a que, teniendo en cuenta que la vida es corta, nos convirtamos urgentemente, comenzando por cambiar nuestra manera de percibir la realidad…

Marcos 1, 14-20: Jesús anuncia que el Reino ha llegado por eso debemos convertirnos y creer en su Palabra, además, para poder seguirlo, debemos dejar nuestros proyectos personales para asumir una nueva identidad…

Audio: Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

Nota litúrgica: Se puede ir leyendo esta reflexión y DETENERSE cuando aparezca una PREGUNTA o cuando se crea conveniente dialogar alguna IDEA.

[Hoy meditamos en la llamada de Jesús a los primeros discípulos a orillas del Mar de Galilea – acontecimiento que para ellos marcó el inicio de una conversión constante y una íntima amistad con Jesús – esto es una oportunidad para renovar nuestro compromiso de seguir y dar testimonio de Jesús a pesar de nuestra propia fragilidad.  Dejemos que Marcos, nuestro guía en el Ciclo B, nos provoque con esta narración para que entendamos que este es el tiempo oportuno, que debemos confiar hoy en la increíble noticia traída por Jesús y que debemos cambiar constantemente nuestra mentalidad según la Palabra de Dios.]

A lo largo de la vida, muchas veces nos descubrimos muy metidos en nuestros sentimientos, en nuestros problemas… como si percibiéramos la vida sólo desde dentro de nosotros mismos… ¿Recuerdas momentos así en tu vida?

Hoy, Jonás nos invita a darnos cuenta de nuestras conductas negativas y a convertirnos.  Y Jesús, por su parte, nos invita a expandir nuestros horizontes y a crecer hasta convertirnos en personas nuevas, con oficios nuevos (“pescadores de hombres”)… Parece que la invitación de estos textos es a que nos demos cuenta de que algunas de nuestras conductas nos están llevando a malos resultados o, mejor, de que podemos dar más y mejores resultados en nuestra vida…

Podemos notar en estas lecturas dos diferentes modos de cambiar:

1) El de los ninivitas fue por miedo a las amenazas de destrucción… ¿De qué situaciones negativas quiero salir? ¿Qué señales me indican que algo debe cambiar?

2) El de los discípulos fue por amor a Aquel que los había fascinado… ¿A dónde quiero llegar en mi vida cristiana? ¿Qué señales me indican que voy por buen camino haciendo nacer y crecer algo nuevo en mi persona, en mi matrimonio o familia, en mi trabajo, en mi espiritualidad, etc.? ¿Qué actitudes nuevas y diferentes debo desarrollar? ¿Qué nuevas conductas debo generar?

San Pablo nos da dos razones para cambiar: 1) El mundo, lo que hacemos y lo que tenemos es pasajero y 2) La vida es corta.  A veces, conviene captar nuestra vida desde esta perspectiva y “tomar distancia” puede modificar nuestro ser y quehacer…

(Necesitamos un conocimiento profundo de nosotros y de nuestras contradicciones… Luego, debemos desarrollar una estrategia para trabajar en un proyecto de vida y, si es necesario, pedir ayuda humana en consejería, terapia o dirección espiritual; también ayuda divina a través de la meditación la Palabra de Dios…)

Todo va cambiando a nuestro alrededor y, sin embargo, a veces, nosotros no queremos ni siquiera adaptarnos, sino que queremos seguir inamovibles… Presentamos resistencia al cambio pues no nos parece fácil ni natural que evolucionemos… Con todo, en ocasiones la realidad nos “obliga” a cambiar y este proceso nos llena de angustia y de estrés… Sabemos que deberíamos ser capaces de anticipar y planear las mudanzas que debemos realizar.  Pero, parece que siempre nos repetimos: “más vale malo por conocido que bueno por conocer”… Otras veces, podemos ser presa de nuestros miedos… ¿Puedo decir, sinceramente, que promuevo en mí un proceso de cambio y mejora continua? O más bien, ¿sólo me adapto (lo menos posible) cuando se me presentan crisis o desafíos fuertes o toco fondo?

Sin duda, la conversión es un proceso hermoso y, aunque no siempre es fácil, nos lleva siempre a más y mejor… En el Evangelio, Jesús invita a los discípulos a transformarse de pescadores de peces a pescadores de hombres… algo en parte igual y en parte diferente… A mí, concretamente, ¿en qué me quiere convertir? ¿Cómo puedo seguir siendo yo mismo, pero en una versión mejorada? ¿Qué me pide este evangelio y cómo le respondo?

Todo cambia siempre y, por tanto, siempre (para bien o para mal) estamos cambiando nosotros también… pero, ¿soy yo quién controla o decide los cambios? ¿Llevo alguna dirección en estas mudanzas o sólo doy vueltas sin sentido? ¿Soy consciente y responsable de esta transformación? ¿Yo cambio la vida o la vida me cambia a mí?

Sin duda, puedo descubrir que no todos los cambios que he hecho hasta ahora son positivos ni para mí y los que me rodean… ¿Qué puedo hacer hoy para corregirlos? ¿Qué necesito para ir en la dirección correcta que Dios me marca para mi felicidad y la de aquellos que Dios ha puesto cerca de mí? ¿A dónde quiero llegar en mi vida?

Puede ser que alguna de las siguientes palabras te inspire para pensar en ti y en tu proceso de vida con Cristo… repítelas lentamente: Conversión, transformación, mutación, cambio, evolución, mudanza, metamorfosis… metas, objetivos, proyecto de vida…

Finalmente, recuerda algún momento en que te has encontrado a tu amigo Jesús y has sentido su llamado para ser su discípulo misionero… ¿He sentido su amor?  ¿Con qué actitud he respondido?  ¿Cómo colaboro para que Jesús se encuentre con otras personas y las llame a su servicio?  ¿Qué tengo que cambiar en mí para ser cada día más fiel a la llamada que he recibido y a la misión que se me confió?

TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS DURANTE LA SEMANA:

1.      Date cuenta de que a veces estás envuelto y apretado por el torbellino de tus emociones o pensamientos y sólo te percibes desde dentro de ti mismo… y de que, otras veces, puedes percibirte desde afuera, con calma, como tomando distancia de ti mismo y con neutralidad, como si observaras a otra persona…

Practica conscientemente este ejercicio varias veces: percibe tus emociones, pensamientos y acciones desde estas dos perspectivas…

Esto te dará muchos aprendizajes y libertad…

¿Qué aprendes de la persona que eres y de la que quieres llegar a ser?

2.      Para que puedas descubrir tu necesidad de cambiar y la dirección en la que debes ir, te sugerimos que registres por escrito cinco emociones, cinco pensamientos y cinco sensaciones corporales que te están invitando a mejorar algo en tu vida… ¿De qué te das cuenta? ¿Qué harás con esta información? ¿Esto que descubres te ayuda a ir clarificando más los objetivos de tu vida?

3.      Revisa algún aspecto en el que has ido cambiando a lo largo de tu vida.  Anota los resultados que has obtenido… ¿Has cambiado porque tú lo decidiste o porque te fue impuesto fuertemente por las circunstancias? (Por ejemplo, el internet y las redes sociales, ciertos cuidados de salud después de una enfermedad, situaciones económicas, problemas familiares, por quedar bien, etc.).

¿Qué aprendes de ti mismo? ¿Qué quieres para tu futuro próximo y distante?

4.      Pide a Dios la gracia de seguir creciendo y respondiendo libre y responsablemente a tu vocación a la felicidad y a la santidad… Imagina, como en una película, cómo serás cuando hayas incorporado en tu ser y actuar todo lo que has aprendido con esta reflexión y estos ejercicios… Pide la bendición de Dios para este proyecto…

También puedes ir rezando y personalizando la siguiente oración:

“Señor Jesús, aquí estoy, me invitas a dejar mis redes y seguirte.  Millones de personas necesitan escuchar tu palabra.  Me invitas a ser un pescador de hombres con creatividad y entusiasmo, con iniciativa y riesgo, con valor y audacia.  Reconozco que no siempre he tenido la voluntad de dejar lo que es un obstáculo para seguirte con total disponibilidad.  Sin embargo, te estoy infinitamente agradecido por tu llamado.  Deseo conocerte cada vez más, para que tu criterio ilumine y guíe mis pensamientos, intenciones y acciones.  Dame la pasión que necesito para darte a conocer a todas las personas con las que estoy en contacto cada día.  Sólo deseo que los demás, cuando me miren o me escuchen, puedan descubrirte, Jesús, pescador incansable de seres humanos”.  Amén.

GUIA: Expresamos nuestra fe en el Dios vivo y, una Dios de unidad familiar, un Dios Rey que reina nuestras vidas.

Creo en un solo Dios…

GUIA: Hermanos y hermanas, hemos escuchado la voz del Señor, que nos llama por nuestro nombre y nos pide que abramos nuestros corazones al Evangelio.  Presentemos a Dios Padre nuestras intenciones, para acoger en nosotros su Palabra.  Oremos juntos y digamos:

 ¡Abre, oh Padre, nuestros corazones!

1.      Para que la Iglesia no se canse nunca de anunciar el Evangelio y llevar la Buena Noticia especialmente a las periferias de la existencia humana. Roguemos al Señor: ¡Abre, oh Padre, nuestros corazones!

2.      Para que el Espíritu Santo acompañe a los Obispos, Presbíteros y Diáconos en su vocación, transformando sus vidas en un don agradable a Dios. Roguemos al Señor: ¡Abre, oh Padre, nuestros corazones!

3.      Para que los Lectores, los Catequistas y los que difunden la Palabra de Dios en las diversas comunidades se sientan llamados por ti a proclamar tu Reino entre la gente. Roguemos al Señor: ¡Abre, oh Padre, nuestros corazones!

4.      Para que cada uno de nosotros acepte tu invitación a la conversión y, siguiendo su propia vocación, viva con alegría el Evangelio. Roguemos al Señor: ¡Abre, oh Padre, nuestros corazones!

GUIA: Te abrimos nuestros corazones, oh Padre, para que vengas a habitar entre nosotros, tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

TODOS: Amén.

GUIA: Para que nuestros corazones se comprometan más por el reino de Dios, recitemos a Dios, nuestro Padre, la oración de Jesús, Hijo suyo y hermano nuestro. 

TODOS: Padre nuestro…

GUIA: Decimos juntos:

“Creo, Jesús mío,
que estás real y verdaderamente en el Cielo
y en el Santísimo Sacramento del altar.
Te amo sobre todas las cosas
y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma,
pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente,
ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya te hubiese recibido,
Te abrazo y me uno del todo a Ti.
Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti.” Amén.

GUIA: No olvidemos la urgencia del llamado de Dios que sentimos en esta celebración.

El tiempo de conformar nuestra mentalidad a la de Jesús y su Buena Nueva de salvación no es para implementarla más tarde, sino hoy…

Ha llegado el tiempo de ser auténticos discípulos misioneros de Jesús.

Para que el Señor les conceda ser fieles a su llamado:

•        Dios Todopoderoso aleje de ustedes todo mal y les conceda el don de su bendición. 

Todos: Amén.

•        Abra los corazones de ustedes a su Palabra, para que puedan caminar por la vía de sus preceptos. 

Todos: Amén.

•        Los ayude a comprender lo que es bueno y justo, para llegar a ser coherederos de la ciudad eterna. 

Todos: Amén.

GUIA: Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

TODOS: Amén.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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