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Celebración de la Palabra: Soy la viña de la que Dios espera frutos buenos

Ofrecemos un esquema para realizar una celebración familiar o grupal, sin la presencia del presbítero, para el…

XXVII DOMINGO T.O. Ciclo A, 4 de octubre de 2020.

¿QUÉ ESTOY HACIENDO CON MI VIDA/VIÑA?

(¿Qué experimento al saber que soy la viña de la que Dios espera frutos buenos?)

Nota litúrgica: Estas líneas podrían ser meditadas con antelación por quien guiará la celebración y pueden inspirar sus comentarios e intervenciones durante la misma.

IDEAS PARA EL CELEBRANTE/GUÍA:

Hoy, la Iglesia es el pueblo del que Dios espera buenos frutos, pues Él ha invertido mucho en nosotros.  Hagamos conciencia de todas las cosas buenas que Él nos ha dado: nuestra fe, los hermanos que nos rodean, su propio reino encomendado cariñosamente a nosotros, la Vida de su Hijo… Y ¿qué hemos hecho con todo esto? ¿Nos hemos preocupado por su amor que confía en nosotros? Pidamos a nuestro amigo Jesús que podamos entregar los frutos que espera nuestro Padre…

Dios ama a su pueblo, la viña que Él ha plantado y cercado con tierno cuidado.  Su Hijo murió por nosotros, para que su pueblo viva, crezca, produzca y comparta…  Dios nos ha confiado su viña a nosotros, tanto pastores como fieles de la Iglesia, no como un privilegio, sino como un campo para trabajar y produzca ricos frutos de justicia y amor…  ¿Dónde están estos frutos?

GUIA: EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO, Y DEL ESPÍRITU SANTO.

Todos: AMÉN.

GUIA: Que la paz de Dios, que es más excelente de lo que podemos entender, guarde nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Que el Señor, su Paz, esté siempre con ustedes. 

Todos: Y con tu Espíritu.

Examinémonos con humildad ante el Señor para ver si hemos sido cristianos responsables.  (Pausa)

•        Señor Jesús, Tú nos has confiado esta sociedad como una hermosa viña. Pero la hemos descuidado.

TODOS: Señor, ten piedad.

•        Cristo Jesús, Tú nos has confiado hermanos para que cuidemos de ellos con amor.  Pero con frecuencia hemos permanecido indiferentes ante ellos.

TODOS: Cristo, ten piedad.

•        Señor Jesús, Tú nos has confiado nuestra fe como una planta que debemos cuidar y abonar.  Pero nos hemos preocupado poco de ella.

TODOS: Señor, ten piedad.

GUIA: Oh Dios, tierno y misericordioso, perdona nuestros pecados por medio del sacrificio de tu Hijo Jesucristo nuestro Señor. 

TODOS: Amén.

GUIA: Señor Dios, Padre nuestro,

Tú nos cuestionas hoy.

Pueblo mío, respóndeme,

¿qué más hubiera podido hacer por ti?

Enséñanos y ayúdanos a responder con todo nuestro ser a tu perdón y paciencia de cada día, a las riquezas de vida que nos trajo Jesús, a las mociones del Espíritu Santo,

para que seamos un pueblo que dé frutos eternos.

Danos la gracia de llevar a todos una justicia animada por el amor,

de aprender a compartir como Tú lo haces con nosotros.

Te o pedimos por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina, en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. 

TODOS: AMÉN.

Se ofrece un resumen de las lecturas para ayudar a quien guía y a quienes leerán a subrayar la parte primordial que ayude a descubrir su mensaje unitario. Pero, las lecturas han de leerse íntegramente durante la celebración.

Nota litúrgica: Se les pedirá a los lectores anunciar únicamente el libro de donde se toma la lectura. Ejemplo: Lectura del libro de los hechos de los apóstoles. Al finalizar cada lectura no se olvide decir: PALABRA DE DIOS. Y se responde: TE ALABAMOS SEÑOR. Y en el Evangelio, anunciar: Del Evangelio de según San Juan. Al finalizar decir: PALABRA DEL SEÑOR. Se contesta: GLORIA A TI SEÑOR JESÚS.

Audio: Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

Isaías 5, 1-7: El Pueblo de Israel era una viña de buenas cepas plantada y cuidada con amor por Dios que esperaba uvas dulces para extraer buen mosto y elaborar excelente vino… Pero no sucedió así.  Esa viña dio frutos agrios: asesinatos y lamentos… Ahora esa viña somos nosotros…

Salmo 79: Señor, Tú trasplantaste una vid de Egipto a la Tierra prometida, la hiciste vigorosa… Pero luego, por causa de nuestras faltas, derribaste su cerca y fue saqueada y pisoteada… Ven a visitar tu viña y restáurala, prometemos no alejarnos más de ti…

Filipenses 4, 6-9: Pablo nos invita a no estar preocupados, sino a vivir en unión con Dios dándole gracias y pidiéndole lo que necesitamos.   A que tengamos la paz de Dios en nuestros corazones y pensamientos.  A que tengamos en cuenta lo verdadero, justo, puro, amable, laudable, meritorio y virtuoso. Y a que pongamos en práctica lo que hemos aprendido de Él.

Mateo 21, 33-43: Jesús cuenta a las autoridades religiosas otra parábola: Un hombre plantó y equipó una viña que arrendó a unos labradores.  A su debido tiempo envió a sus criados a cobrar su parte, pero, los labradores los apalearon y apedrearon, incluso, mataron a algunos.  La historia se repitió una vez más. Finalmente, pensando que a su hijo lo respetarían, lo envió también, pero, lo mataron para quedarse con la herencia. ¿Qué hará el dueño con aquellos labradores desalmados?  Los matará y arrendará su viña a quien sí le entregue frutos a tiempo.

Jesús sentencia al final: El Reino les será quitado a ustedes y se le dará, como la viña, a quien sí rienda frutos…

Nota litúrgica: Se puede ir leyendo esta reflexión y DETENERSE cuando aparezca una PREGUNTA o cuando se crea conveniente dialogar alguna IDEA.

[En el evangelio, estamos en el mismo contexto de la semana pasada y la próxima… Las palabras de Jesús revisten una gravedad especial pues estamos en la última semana de su vida y en su último enfrentamiento con las autoridades religiosas de los judíos antes de su juicio.  Las parábolas narradas en este y el próximo domingo son conocidas como la reprobación de Israel pues expresan claramente que el Reino les será quitado por no haber cumplido con las expectativas del Señor… Hoy nos toca reflexionar en la más retadora de las tres.]

Las lecturas de hoy son para recibirlas en lo más profundo de nuestro corazón y nuestra mente: Isaías nos narra una historia de amor trágico y con final infeliz (Hay que leerla y emocionarse por sentirse aludido y llorar)… El Salmo nos hace caer en la cuenta individualmente de que soy la Viña del Señor, Él me cuidó y yo lo abandoné, pero lo necesito por eso le pido perdón y que vuelva… Pablo nos recuerda los frutos que hemos de valorar y producir: lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, virtuosos y meritorios… Y el evangelio nos confronta para que descubramos si somos como esos arrendatarios que no quieren entregar los buenos frutos, sino que pagan con violencia contra el Dueño y sus enviados y su Hijo… ¿Cómo me “sacude” esta palabra? ¿Cómo soy yo?

Más que una parábola, la historia evangélica de hoy es una alegoría, pues a cada elemento de la historia le corresponde un elemento del mundo real: El propietario representa a Dios; la viña, al pueblo de Israel; los labradores, a los líderes religiosos; los enviados, a los profetas; el hijo, a Jesús; los frutos, al derecho y la justicia (según Isaías) y al amor (según los primeros cristianos); el nuevo pueblo, a la comunidad cristiana. Los relatos de Isaías y de Mateo parecerían iguales, pero no lo son: en el primero el protagonista es el pueblo (viña) que no da buenos frutos,  en el segundo son los jefes religiosos (viñadores) que se quieren apoderar no sólo de los frutos sino de la viña misma pues no reconocen los derechos de Dios… El relato evangélico justifica que Dios deseche al pueblo de Israel y adopte a la Iglesia.  Pero, la nueva comunidad no puede repetir los mismos errores sin ser igualmente rechazada si olvida los derechos de Dios sobre los frutos de la viña…

A los sumos sacerdotes y ancianos del tiempo de Jesús les faltó hacer un profundo ejercicio de autocrítica y confundieron los derechos de Dios con los propios intereses y se sintieron dueños del pueblo… ¿Y a nosotros, cristianos de hoy, no nos faltará también hacer un alto en nuestra vida y reflexionar?

•        ¿En qué momento dejamos de hacer lo que teníamos que hacer? ¿Cómo fue que nos ganó la violencia, nos ahogó la corrupción? ¿Cuándo se metió el narcotráfico y el crimen organizado en nuestras vidas y en casi todos los niveles de nuestra sociedad y no nos dimos cuenta?

•        ¿Qué hizo que se corrompieran nuestros valores? ¿Cambiamos las reglas del juego? ¿Se invirtió la jerarquía de valores y le dimos más importancia al acaparar que al desarrollar el ser?

•        ¿Cómo fue que se nos olvidó que las cosas del Espíritu son más valiosas que las cosas materiales?

•        ¿Desde cuándo vivo más lamiéndome las heridas que curándolas?

•        ¿Cuál es la razón de que yo no produzca buenos frutos como Dios espera? ¿Por qué doy frutos agrios de lamentos y de “muerte”?

•        ¿Desde cuándo comencé a utilizar la religión para escapar de mi responsabilidad de compartir mis frutos con quien más los necesite?

•        ¿Qué me hace creer que yo puedo manipular y controlar a todos a mi alrededor para mi provecho personal?

Dios ya hizo todo lo que podía hacer por nosotros; nos ha dado con inmenso amor todo lo que necesitábamos, sólo debemos dar fruto… Pero, comenzamos a experimentar las cosas buenas que Él nos dio sin reflexionar, sin darnos cuenta de lo que cuestan, perdiendo de vista el por qué y el para qué nos fueron dadas… ¿Qué debo hacer ahora, además de reflexionar y hacer conciencia?  Lo primero es que no debemos suponer que lo merecemos todo… Tenemos los dones de Dios y la libertad para administrarlos, pero hemos de generar un proyecto para fructificar como seres humanos y como cristianos:

•        Date cuenta de: ¿Qué estoy haciendo con los dones de Dios? ¿Qué estoy haciendo con mi vida/viña? ¿Qué frutos estoy dando y para quién son?

•        Me doy cuenta de si tengo o no un proyecto de vida alterno en medio de un mundo que parece presentarme sólo opciones de corrupción… ¿Cómo enfrento la corrupción generalizada? ¿puedo luchar contra la “mordida”? ¿Qué proyecto de familia tengo y propongo? ¿Cómo vivo mis relaciones humanas… mi sexualidad…Etc.?

•        Haz un ejercicio de “darte cuenta” de cómo te dejas “programar” por los que piensan y actúan mal… por su forma de pensar y actuar… y luego piensa… ¿cómo puedo ser diferente… y entregar buenos frutos?

•        Haz un alto en tu vida, ante Dios… ¿Cómo estás? ¿Qué frutos le das?… ¿A qué te llama hoy?

•        ¿Descubro otros caminos para llegar a diferentes direcciones de las que me marca el mundo? ¿Cuáles son?

PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS, TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA LA SEMANA

1.      Realiza un ejercicio de visualización:

(Un amigo cercano puede ayudarte a realizarlo… alguien que te ayude a relajarte y sentirte cómodo… que vaya leyendo lentamente, al ritmo de tu respiración… que hable en tono bajo… cada vez que exhales…)

Respira profundo y relájate… imagina que te encuentras en un lugar agradable… y a Jesús de Nazaret frente a ti… salúdalo y nota cómo te sonríe… Él extiende su mano hacia ti y te regala unos lentes especiales… con ellos puedes ver lo que Él ve en las personas; puedes verlas como Él las ve…

Si te pones esos lentes puedes voltear a ver a una persona a la que no comprendías, y ahora puedes ver que sus comportamientos negativos se deben a que esa persona ha sufrido a lo largo de su vida, o tiene miedos y traumas psicológicos…

Y nota cómo esos lentes, además de hacerte ver a las personas “inocentes” y con amor, te dan libertad para actuar de modo diferente con ellas… ya no como tú lo hacías antes sino como Jesús lo haría…

Piensa en cinco personas con las que generalmente tenías dificultades… Colócalas imaginariamente frente a ti de una por una… Ponte los lentes de Jesús y date cuenta: ¿Qué habrá detrás de su amargura, de su exigencia y de su dolor? ¿Por qué serán tan duras consigo mismas y con los demás? ¿Qué frutos agrios comieron y van cargando sin digerir y van compartiendo con quienes se encuentran? (Repite estas preguntas con cada una de ellas…)

Así puedes descubrir el daño que llevan en su interior y obtener la libertad para reaccionar y actuar más positivamente, con más empatía… y con más misericordia…

Usa estos lentes de la óptica de Jesús las veces que sea necesario y con quien sea necesario… Con personas de tu presente o de tu pasado…

Así puedes encontrar un camino para dar frutos más dulces y nutritivos… como Dios espera de ti…

¿Cuándo volverás a usar esa óptica en tu vida? Imagínate a ti mismo usando esos lentes más veces en el futuro…

Agradece a tu amigo Jesús el regalo de su perspectiva… regresa a tu vida normal con más recursos internos para fructificar…

2.      Al ir reflexionando este tema y hacer estos ejercicios, sin duda, has  descubierto caminos de mayor libertad para fructificar y compartir… Piensa en alguien a quien tú quieras ayudar a liberarse de condicionamientos y a dar más y mejores frutos… Busca maneras de compartir tus experiencias al respecto con esa persona…

3.      Agradece a Dios todo lo que te ha regalado para convertirte en alguien capaz de dar frutos de justicia, de compasión y de amor…

Agradécele también que confíe en ti para administrar los frutos de tus seres queridos y de quienes te han sido encomendados, para crecer en comunión como hijos de un Dios que ama a todos por igual y que quiere humanizar el mundo…

GUIA: Expresamos nuestra fe en el Dios vivo y, de un modo especial este día, en Jesús, el Mesías, su Hijo. 

Creo en un solo Dios…

Nota litúrgica: El guía hace la oración inicial y final y las peticiones las van presentando los participantes.

Unidos a nuestro Señor Jesucristo como sarmientos de una vid productiva, pidamos al Padre todo lo que la Iglesia y el mundo necesitan, y digámosle:

Señor, escucha al pueblo que amas.

1.      Por la Iglesia, que somos nosotros, todos juntos, para que nos mantengamos siempre fieles a Dios e inspiremos en el mundo un sentido de esperanza y de profundo amor.  Roguemos al Señor.

TODOS: Señor, escucha al pueblo que amas.

2.      Por todo el pueblo de Dios, para que mostremos paciencia y compasión a nuestros hermanos que van por caminos descarriados, y a los que nos defraudan, que sepamos aceptarlos como el Señor nos acepta a nosotros.  Roguemos al Señor.

TODOS: Señor, escucha al pueblo que amas.

3.      Por los que violan los derechos de los demás, para que vuelvan al Señor, y para que encuentren en nosotros un trato lleno de una justicia enriquecida con el amor cristiano.  Roguemos al Señor.

TODOS: Señor, escucha al pueblo que amas.

4.      Por todos aquellos, cristianos o no, que con sinceridad y con valor siguen esforzándose en llevar felicidad y bondad a la gente que les rodea.  Roguemos al Señor.

TODOS: Señor, escucha al pueblo que amas.

5.      Y por todos nosotros en nuestra comunidad, para que seamos agradecidos porque el Señor nos ha hecho su viña y sus arrendatarios de quienes espera frutos, para que respondamos a sus expectaciones.  Roguemos al Señor.

TODOS: Señor, escucha al pueblo que amas.

GUIA: Oh Dios y Padre nuestro, que lleguemos a ser verdaderamente tu viña, tu pueblo santo, que respondamos a tu amor en Jesucristo, nuestro Señor.

TODOS: Amén.

GUIA: Con las palabras de Jesús oremos a nuestro Padre celestial para presentarle nuestras necesidades con súplicas llenas de gratitud.

TODOS: Padre nuestro…

GUIA: Decimos juntos:

  “Creo, Jesús mío,
que estás real y verdaderamente en el Cielo
y en el Santísimo Sacramento del altar.
Te amo sobre todas las cosas
y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma,
pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente,
ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya te hubiese recibido,
Te abrazo y me uno del todo a Ti.
Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti.” Amén.
 

GUIA: Hoy se nos ha recordado una gran responsabilidad cristiana: Hemos de actuar como lo que somos: el pueblo querido de Dios…

Somos responsables ante Dios, quien nos envía a dar a conocer a todos su Buena Nueva por medio de nuestras palabras, pero, sobre todo, de nuestras obras…

Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompañe siempre.  TODOS: Amén.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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