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¿Será que la educación a distancia, con clases por televisión o radio y en línea, nos lleven a reducir la discriminación o la desigualdad o a garantizar el derecho a la educación? / Fotografía; Víctor Esparza

Las paradojas de la educación en línea

Jorge Iván García Morando,

UNIVA

Si hoy la sociedad se ostenta como una sociedad global, donde los nativos digitales mantienen su estatus generacional según los avances tecnológicos y donde las diversas políticas educativas dan saltos de alegría porque están a un “click” de la conectividad, la vanguardia y quizá de la reducción de la “brecha generacional, económica y educativa” que nos separa con los países que tiene mejor ranking en el top ten de la educación básica: ¿por qué nos parece que estamos presenciando una de las mayores paradojas en la educación? ¿Nuestros maestros están preparados para enfrentar la educación en línea? O ¿nuestras familias? O ¿nuestros alumnos y alumnas?

Adaptándonos a los tiempos

No cabe duda que esta pandemia y los reajustes en el ciclo escolar han generado más incertidumbres, sentimientos encontrados, tiempo perdido por miles de niños y niñas en educación preescolar, primaria y secundaria, además del reajuste del presupuesto y de la prioridad familiar en los temas de educación, salud y sustento; sin dejar a un lado que, si de por sí la educación presencial presenta un gran tema de desigualdad.

¿Será que la educación a distancia, con clases por televisión o radio y en línea, nos lleven a reducir la discriminación o la desigualdad o a garantizar el derecho a la educación?

¡Vaya reto que tienen nuestros docentes!

Sobre todo, a la hora de establecer ejercicios didácticos y de aprendizaje que ayuden al reforzamiento de determinados conocimientos, o bien, cuando se trata de encontrar la dinámica más pertinente para reforzar valores de compañerismo, de igualdad, de formar grupo, de solidaridad o de empatía.

Sobre todo considerando que el promedio de integrantes por familia es de cuatro personas  con diferencias de edad, y bajo el supuesto de que estarán niñas, niños y adolescentes bajo el cuidado de un adulto; o bien, damos por hecho que toda familia y docente cuenta con un televisor, radio, computadora, laptop, celular, Smartphone –teléfono inteligente- o internet con el que se garantice que el mensaje y la información es adecuado para cualquier tecnología de la información y comunicación, donde el alumno o alumna no se pierde en la inmensidad de datos.

Amigos y enemigos

En esta paradoja, reinterpretamos y bendecimos las redes sociales con fines educativos, donde no más de unos meses se satanizaban o no pasaban de ser meros centros de distracción, “pérdida de tiempo” en horas clase, medios de oportunidad para exponer un abuso, enterarse de la vida de los demás, subir un chiste o video gracioso.

Sin embargo, ahora se han convertido en la herramienta por “excelencia” para hacer llegar las instrucciones, tareas y comunicados oficiales.

Damos por sentado que él o la docente cuenta con un respaldo suficiente de preparación y capacitación para el manejo de las nuevas tecnologías de la información y comunicación, donde los diversos insumos han sido previamente proporcionados por la autoridad educativa.

Sin dejar de mencionar, que damos por supuesto que nuestras y nuestros maestros, están exentos de los impactos psicosociales y emocionales que generan los espacios, la contaminación auditiva, o la infraestructura no idónea para la educación, el cumplimiento de los diversos roles, el confinamiento, la incertidumbre laboral, la estabilidad familiar, la violencia intrafamiliar, de género o infantil.

En fin, hoy el docente más que nunca debe de responder a estas paradojas con su vocación hacia la educación aun si ésta es a distancia, en línea, por televisión o por la radio.

Acerca de Monserrat Cuevas

Lic. Ciencias de la Comunicación | Reportera en Acción | Temas sociales, busco historias de vida que contar.

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