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Los catequistas en tiempos de pandemia

Y de pronto, un día… una pandemia llegó a nuestra vida y, pasados unos meses, aún sigue en ella.

José Inés Flores de la Cruz

SEDEC de Guadalajara

Como el resto de la población, los catequistas, fueron invitados, por no decir empujados por la emergencia sanitaria, a seguir con su actividad de una manera en que no estaban acostumbrados a hacerlo.

Emigrando al Continente digital

Los salones de la casa pastoral, las bancas del templo, el atrio parroquial, la cochera que un vecino prestaba, la banqueta donde Nos sentábamos, la sombra de los árboles del parque… dejaron de ser el lugar referente para la reunión semanal del catequista y su grupo.

Como inmigrantes que ilegalmente cruzan las fronteras de un país desconociendo el idioma y las costumbres de vida de la sociedad a la que llegan, algunos catequistas se vieron forzados a ingresar al Continente digital queriendo llevar consigo las mismas formas metodológicas que en la reunión presencial con su grupo utilizaba. Se popularizaron términos que el vocabulario del catequista desconocía como: Google Classroom, Zoom, Streamyard, Facebook Live, etc. Se afianzó uno que ya solía mencionar, aunque desconocía todos sus alcances: WhatsApp.

Sacando la casta y la creatividad

Otros catequistas, aquellos que no tienen acceso a las nuevas tecnologías, migraron hacia distinta frontera. Surgió entonces una especie de correo comunitario cuando, a través de la tortillería y la tienda de abarrotes, el catequista enviaba a los catequizandos de su grupo algunas actividades para realizar, escritas de su puño y letra en sencillos pliegos de papel. Algunos incluso, iban a entregarlos casa por casa, con todas las medidas sanitarias, para que ninguno de sus chicos se quedará sin catequesis.

Ambas formas, dieron paso algo más trascedente: la catequesis en familia. Los mayores en la fe de cada hogar asumieron la responsabilidad, desde sus posibilidades, de compartir la fe con los menores, volviendo a lo esencial: el reaprender a persignarse; el balbuceo de sencillas oraciones; el reunirse a rezar el Rosario; el poner en práctica las Obras de Misericordia con propios y extraños; el escuchar las dudas de fe ante los efectos de la pandemia; el ir desarrollando una actitud contemplativa ante las maravillas de la Creación que con la vertiginosa rutina en que antes vivíamos no nos permitíamos valorar y disfrutar; el aceptar que más allá de las diferencias de credo existen coincidencias que nos unen con quienes profesan otra religión; y, por supuesto, el llevar a la práctica las encomiendas que el catequista (sobre todo de los menores) hacía llegar a través de diversas formas buscando cumplir con lo programado en las sesiones del ciclo catequístico.

La oportunidad para los catequistas y la catequesis ha sido clara, el retorno a lo esencial, la concretización de lo que tantas veces se pedía: que las familias acompañaran la educación en la fe de sus miembros.

Ver hacia adelante

Hoy, tras varios meses de aprender a vivir y convivir de una nueva forma y ante un horizonte aún incierto, no es tiempo de volver la mirada hacia un pasado que, con todo, nos dejo muchos aprendizajes. Es momento de alegrarnos por los frutos logrados; es tiempo de reconocer y agradecer a las familias por haber respondido sin estar preparadas a hacerlo; es la oportunidad para ir configurando al catequista de la post pandemia; es la época de darle gracias a Dios por lo bueno que ha sido con nosotros a pesar de la adversidad.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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