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Luminoso esplendor (III)

Redacción Arquimedios

Esta tercera entrega de la visita guiada nos muestra el gran atrio del Santuario de la Virgen de Zapopan en su primer Centenario de la Coronación.

La gran remodelación sucedió cuando finalmente se tomó la decisión de descorrer por completo el velo, sobre todo en la parte que ocultaba el ala norte del convento.

Eso exigió demoler la mitad de todas las viejas casas situadas frente al jardín, y así, de pronto, quedó expuesto todo este magnífico conjunto arquitectónico, donde sin pretenderlo la época virreinal se concilió con la independiente, el estilo barroco con el neoclásico, el ascenso vertical, celeste, con la línea horizontal del espacio humano.

Como quien empuja hacia un lado una pesada mole para que se pueda admirar una construcción de filigrana, así se abrió el espacio para que pudiera ser apreciada en todo su luminoso esplendor esta obra de la devoción y de la conciencia de estas tierras.

Luego se cerró la calle que llegaba hasta las puertas mismas del santuario, abriéndose una plaza que cuadruplica las posibilidades del atrio original.

En el año 2003 la más reciente modificación: la construcción de un enorme estacionamiento subterráneo de dos niveles, debajo de lo que en delante se llamará Plaza Juan Pablo II, conservándose una parte menor del antiguo jardín y un nuevo quiosco.

Sesenta y dos años de continuas modificaciones solamente se explican por la fascinación que el santuario ha ejercido sobre todos, y por ese afán ya incontenible de mostrar a todo el mundo su peculiar hermosura, para irlo descubriendo cada vez con mayor amplitud, como quién va revelando poco a poco un enorme cuadro, o como quien va tomando conciencia, paulatinamente, de una belleza oculta que importa descubrir y poner a la vista. Lo mismo había ocurrido con la basílica de san Pedro en Roma, durante las primeras décadas del siglo XX.

El gran atrio

El santuario de Zapopan está precedido por un gran atrio rectangular, cercado por muros de cantera y un enrejado separado por esbeltas pilastras rematadas por copones de piedra.

Importa detenerse y admirar los tres portones que dan acceso, ningún atrio de Guadalajara los tiene, son excepcionales por su belleza, macicez y gravedad, y dan cobijo a grandes canceles de hierro forjado.

La construcción de este magnífico atrio inició en 1837 a iniciativa del padre “Jimenitos” guardián que fue del santuario por esos años. Mide de frente 95 metros, y de fondo 34. El frente está dividido en 18 tramos, nueve a cada lado, número simbólico, por ser el día 18 de diciembre la fiesta titular de la Virgen. 

El piso original fue de mosaico de barro, muy sólido y macizo pero que finalmente sucumbió bajo el paso rítmico de tantas y tantas generaciones de danzantes, mientras su pasillo central era pulido por los pies y por las rodillas de tantos peregrinos agradecidos.

Cajetes redondos con naranjos al centro hacían función de bancas pétreas que seguían por dentro, en ordenada distribución, el perímetro del atrio.

El actual piso de cantera se puso durante la guardianía del padre Egidio Madrigal, sustituyéndose los cajetes redondos por los cuadrados

A izquierda y derecha del santuario los portales del convento, nuevamente nueve arcos de cada lado, para constituir el número simbólico de la Virgen en espera del inminente parto.

Del portón del atrio a la puerta del ancestral recinto caminamos treinta y cinco metros, de la puerta del santuario al altar mayor se cuentan cuatrocientos noventa años.

Acerca de Monserrat Cuevas

Lic. Ciencias de la Comunicación | Reportera en Acción | Temas sociales, busco historias de vida que contar.

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