Home / Contigo en casa / Momentos de fraternidad, momentos de comunión
Los seminaristas al vivir en comunidad, no sólo vemos en nuestro compañero, al hermano o al amigo, sino al propio Cristo que camina con nosotros

Momentos de fraternidad, momentos de comunión

Luis Ángel Ramírez Ramírez

1° de Filosofía

En la formación del Seminario, la fraternidad tiene un papel muy importante, y a lo largo de la jornada, los seminaristas tenemos momentos de receso y de tiempo, que bien podemos invertir en dialogar, compartir la fe y tener un momento agradable, en el cual encontrarnos con nuestros hermanos, recordando a cada paso la dimensión fraterna que esta vocación tiene.

VER A CRISTO EN EL OTRO

La comunidad del Seminario es como una segunda familia; los compañeros se vuelven hermanos y en la convivencia diaria se forman lazos de fraternidad bastante fuertes que, sin duda, son un bálsamo y un gran apoyo en los momentos de dificultad, además son así participes de las mayores alegrías que llegamos a experimentar.

En el compañero no sólo vemos al hermano o al amigo, sino que en él nos podemos encontrar con Cristo mismo, que nos llama al amor en comunidad, como lo hizo con sus primeros discípulos, a quienes llamó para estar con Él. Esta vocación nos permite ejercer una hermandad mas allá de lo común, y dicho aspecto se ve fraguado en los momentos grandes o pequeños de convivencia a lo largo de la jornada.

Desde el receso matutino entre las clases y los momentos de convivencia ocasionales, resultan ser un descanso para el alma de cada uno de nosotros, pues en el dialogo abrimos el corazón y conocemos también al otro, que con sus batallas, crisis y alegrías intenta responder generosamente al llamado del Señor.

Problemas, tristezas, alegrías, esperanzas y más cosas son las que se comparten a diario, forjando siempre una comunidad fraterna en la que los compañeros juegan también un papel formativo, que nos acompaña en el camino hacia Cristo, con su testimonio, consejos y escucha atenta, y de igual modo, cuando nos corrigen y nos alientan a responder con responsabilidad.

CON UN MISMO OBJETIVO

Algo en común que nos une y nos hace entrar en comunión es el objetivo que todos compartimos aunque con diferentes historias, el del llamado a la vida sacerdotal, el cual nos permite encontrar siempre elementos de unión en la formación, procurando ser testimonio para los otros y alimentándonos de las experiencias tan edificantes de los demás.

Nuestro llamado está impregnado de Cristo, y es precisamente en Cristo, en quien encontramos el canal primordial para la misma convivencia, pues a Él seguimos y a Él amamos. Así lo podemos constatar en el día a día del Seminario, cuyas jornadas cuando presentan una oportunidad de tiempo libre y convivencia presentan, también, una oportunidad de entrar en comunión con el otro, con quien compartimos, en ocasiones, mucho más de lo que podemos pensar.

Estas vivencias, bien pudieran pasar desapercibidas en la cotidianidad, pero a lo largo, representan experiencias importantes, que sin duda nos permiten mirar con amor la cercanía y la amistad de muchos hermanos con nuestra misma vocación, que no nos han abandonado, nos han apoyado y nos han acompañado en este camino hacia Dios.

No podemos prescindir de los hermanos, en los que encontramos a Cristo y con quienes formamos una sola comunidad. Una comunidad en la que caminamos tomados de su mano, sin olvidar que Él mismo vivió en comunidad con los apóstoles, aquellos a los que llamó a seguirlo, y en quienes ahora encontramos un modelo a seguir para estar cerca de Jesús, y a su vez, cerca de nuestros hermanos.

Años de formación

Es necesario que aquellos que sentimos el llamado de Dios al sacerdocio estemos conscientes de que la vida en el Seminario requiere de esfuerzo y dedicación, y que la formación no termina en unos cuantos años.

Si bien es cierto, que todo estudio requiere de cierto tiempo, con nosotros depende de la etapa en la que hayamos ingresado. Si llegamos a esta casa durante la secundaria, son 15 años; si se ingresa en la preparatoria, son 12 años; durante el curso de Nivelación, son 10 años.

De esta manera será mucho el tiempo que tendremos para convivir con nuestros hermanos que tienen la  misma vocación que nosotros, y ver en ellos, a Cristo que nos puso el ejemplo de cómo vivir en comunidad.

Acerca de Monserrat Cuevas

Lic. Ciencias de la Comunicación | Reportera en Acción | Temas sociales, busco historias de vida que contar.

Revisa También

Preparando mi liturgia: Dios está entre nosotros y en nosotros

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO – Ciclo B Pbro. J. Jesús Suárez Arellano SALUDO La gracia …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *