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Sin duda que estas realidades son una de las razones por las cuales en Israel surgió una institución ajena, lo mismo a la jerarquía religiosa que a la política.

Profetismo y poder

Pbro. Armando González Escoto

A lo largo de la historia humana la religión y la política han creado instituciones permanentes, en este proceso los gobiernos de todos los sistemas han buscado una y otra vez poner la religión al servicio del Estado, y en algunas épocas y culturas, ha sido la religión la que ha puesto al Estado a su servicio, en una y otra situaciones las consecuencias han sido invariablemente negativas para la religión.

Sin duda que estas realidades son una de las razones por las cuales en Israel surgió una institución ajena, lo mismo a la jerarquía religiosa que a la política: el Profetismo, y en consecuencia los profetas, cuya misión no era adivinar el futuro sino discernir el presente y denunciar por todos los medios cuando el pueblo elegido rompía la alianza con Dios, o los reyes se apartaban de sus deberes individuales y comunitarios traicionando su vocación de servicio.

El profetismo nunca fue una vocación fácil, ni el en Antiguo ni en el Nuevo Testamento. Jerusalén mataba a sus profetas, también Herodes hizo asesinar a Juan Bautista. Y es que el genuino profeta no es amigo del rey, porque los reyes no tienen otras amistades que sus propios intereses, los cuales rara vez coinciden con los de la sociedad, por lo mismo los políticos buscarán siempre la amistad de los profetas con el afán de corromperlos, de unirlos a su carreta, de lograr una supuesta colaboración que muchas veces acaba siendo sometimiento.

Los cristianos tenemos veinte siglos de ser la Iglesia, en ese largo espacio de tiempo han florecido siempre los profetas genuinos, pero también los falsos profetas, así como aparece, en el campo de Dios, el trigo y la cizaña. Pero si para ser un profeta auténtico se requiere de una radical opción por la libertad cristiana, no se piense que el falso profeta llega a serlo por un camino fácil, no lo confundamos con los simples bufones que en la Corte se dedican sólo a divertir al rey.

El profeta que acaba negando su vocación inicial, suele llevar una vida turbulenta, resuma ambición, vive todo el tiempo la angustia espesa de dejar de figurar, de no tener jamás el poder al que aspira, a todos seduce y a todos traiciona, por eso es capaz de entregar una vez más a Cristo en manos de los poderosos de este mundo, a cambio de las treinta monedas de poder, de protagonismo, de honores y oropeles que tanto ansía y que tanto lo ciegan.

armando.gon@univa.mx

Acerca de Monserrat Cuevas

Lic. Ciencias de la Comunicación | Reportera en Acción | Temas sociales, busco historias de vida que contar.

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