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¿Qué estoy haciendo con mi vida / viña?

XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, Ciclo A, 4 de octubre de 2020


¿Qué experimento al saber que soy la viña de la que Dios espera frutos buenos?

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

¿QUÉ NOS DICE DIOS EN ESTE DOMINGO?


Isaías 5, 1-7: El Pueblo de Israel era una viña de buenas cepas plantada y cuidada con amor por Dios que esperaba uvas dulces para extraer buen mosto y elaborar excelente vino… Pero no sucedió así. Esa viña dio frutos agrios: asesinatos y lamentos… Y ahora esa viña somos nosotros…

Salmo 79: Señor, Tú trasplantaste una vid de Egipto a la Tierra prometida, la hiciste vigorosa… Pero luego, por causa de nuestras faltas, derribaste su cerca y fue saqueada y pisoteada… Ven a visitar tu viña y restáurala, prometemos no alejarnos más de ti…

Filipenses 4, 6-9: Pablo nos invita a no estar preocupados, sino a vivir en unión con Dios dándole gracias y pidiéndole lo que necesitamos. A que tengamos la paz de Dios en nuestros corazones y pensamientos. A que tengamos en cuenta lo verdadero, justo, puro, amable, laudable, meritorio y virtuoso. Y a que pongamos en práctica lo que hemos aprendido de Él.

Mateo 21, 33-43: Jesús cuenta a las autoridades religiosas otra parábola: Un hombre plantó y equipó una viña que arrendó a unos labradores. A su debido tiempo envió a sus criados a cobrar su parte, pero, los labradores los apalearon y apedrearon, incluso, mataron a algunos. La historia se repitió una vez más. Finalmente, pensando que a su hijo lo respetarían, lo envió también, pero, lo mataron para quedarse con la herencia. ¿Qué hará el dueño con aquellos labradores desalmados? Los matará y arrendará su viña a quien sí le entregue frutos a tiempo.
Jesús sentencia al final: El Reino les será quitado a ustedes y se le dará, como la viña, a quien sí rienda frutos…

REFLEXIONEMOS

[En el Evangelio, estamos en el mismo contexto de la semana pasada y la próxima… Las palabras de Jesús revisten una gravedad especial pues estamos en la última semana de su vida y en su último enfrentamiento con las autoridades religiosas de los judíos antes de su juicio. Las parábolas narradas en este y el próximo domingo son conocidas como la reprobación de Israel pues expresan claramente que el Reino les será quitado por no haber cumplido con las expectativas del Señor… Hoy nos toca reflexionar en la más retadora de las tres.]

Las lecturas de hoy son para recibirlas en lo más profundo de nuestro corazón y nuestra mente: Isaías nos narra una historia de amor trágico y con final infeliz (Hay que leerla y emocionarse por sentirse aludido y llorar)… El Salmo nos hace caer en la cuenta individualmente de que soy la Viña del Señor, Él me cuidó y yo lo abandoné, pero lo necesito por eso le pido perdón y que vuelva… Pablo nos recuerda los frutos que hemos de valorar y producir: lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, virtuosos y meritorios… Y el Evangelio nos confronta para que descubramos si somos como esos arrendatarios que no quieren entregar los buenos frutos, sino que pagan con violencia contra el Dueño y sus enviados y su Hijo… ¿Cómo me “sacude” esta palabra? ¿Cómo soy yo?

Más que una parábola, la historia evangélica de hoy es una alegoría, pues a cada elemento de la historia le corresponde un elemento del mundo real: El propietario representa a Dios; la viña, al pueblo de Israel; los labradores, a los líderes religiosos; los enviados, a los profetas; el hijo, a Jesús; los frutos, al derecho y la justicia (según Isaías) y al amor (según los primeros cristianos); el nuevo pueblo, a la comunidad cristiana. Los relatos de Isaías y de Mateo parecerían iguales, pero no lo son: en el primero el protagonista es el pueblo (viña) que no da buenos frutos, en el segundo son los jefes religiosos (viñadores) que se quieren apoderar no sólo de los frutos sino de la viña misma pues no reconocen los derechos de Dios… El relato evangélico justifica que Dios deseche al pueblo de Israel y adopte a la Iglesia. Pero, la nueva comunidad no puede repetir los mismos errores sin ser igualmente rechazada si olvida los derechos de Dios sobre los frutos de la viña…

A los sumos sacerdotes y ancianos del tiempo de Jesús les faltó hacer un profundo ejercicio de autocrítica y confundieron los derechos de Dios con los propios intereses y se sintieron dueños del pueblo… ¿Y a nosotros, cristianos de hoy, no nos faltará también hacer un alto en nuestra vida y reflexionar?


¿En qué momento dejamos de hacer lo que teníamos que hacer? ¿Cómo fue que nos ganó la violencia, nos ahogó la corrupción? ¿Cuándo se metió el narcotráfico y el crimen organizado en nuestras vidas y en casi todos los niveles de nuestra sociedad y no nos dimos cuenta?
¿Qué hizo que se corrompieran nuestros valores? ¿Cambiamos las reglas del juego? ¿Se invirtió la jerarquía de valores y le dimos más importancia al acaparar que al desarrollar el ser?
¿Cómo fue que se nos olvidó que las cosas del Espíritu son más valiosas que las cosas materiales?
• ¿Desde cuándo vivo más lamiéndome las heridas que curándolas?
¿Cuál es la razón de que yo no produzca buenos frutos como Dios espera? ¿Por qué doy frutos agrios de lamentos y de “muerte”?
¿Desde cuándo comencé a utilizar la religión para escapar de mi responsabilidad de compartir mis frutos con quien más los necesite?
• ¿Qué me hace creer que yo puedo manipular y controlar a todos a mi alrededor para mi provecho personal?

Dios ya hizo todo lo que podía hacer por nosotros; nos ha dado con inmenso amor todo lo que necesitábamos, sólo debemos dar fruto… Pero, comenzamos a experimentar las cosas buenas que Él nos dio sin reflexionar, sin darnos cuenta de lo que cuestan, perdiendo de vista el por qué y el para qué nos fueron dadas… ¿Qué debo hacer ahora, además de reflexionar y hacer conciencia? Lo primero es que no debemos suponer que lo merecemos todo… Tenemos los dones de Dios y la libertad para administrarlos, pero hemos de generar un proyecto para fructificar como seres humanos y como cristianos:


• Date cuenta de: ¿Qué estoy haciendo con los dones de Dios? ¿Qué estoy haciendo con mi vida/viña? ¿Qué frutos estoy dando y para quién son?
Me doy cuenta de si tengo o no un proyecto de vida alterno en medio de un mundo que parece presentarme sólo opciones de corrupción… ¿Cómo enfrento la corrupción generalizada? ¿puedo luchar contra la “mordida”? ¿Qué proyecto de familia tengo y propongo? ¿Cómo vivo mis relaciones humanas… mi sexualidad…Etc.?
Haz un ejercicio de “darte cuenta” de cómo te dejas “programar” por los que piensan y actúan mal… por su forma de pensar y actuar… y luego piensa… ¿cómo puedo ser diferente… y entregar buenos frutos?
• Haz un alto en tu vida, ante Dios… ¿Cómo estás? ¿Qué frutos le das?… ¿A qué te llama hoy?
¿Descubro otros caminos para llegar a diferentes direcciones de las que me marca el mundo? ¿Cuáles son?

PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS, TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA LA SEMANA

Realiza un ejercicio de visualización:
(Un amigo cercano puede ayudarte a realizarlo… alguien que te ayude a relajarte y sentirte cómodo… que vaya leyendo lentamente, al ritmo de tu respiración… que hable en tono bajo… cada vez que exhales…)
Respira profundo y relájate… imagina que te encuentras en un lugar agradable… y a Jesús de Nazaret frente a ti… salúdalo y nota cómo te sonríe… Él extiende su mano hacia ti y te regala unos lentes especiales… con ellos puedes ver lo que Él ve en las personas; puedes verlas como Él las ve…
Si te pones esos lentes puedes voltear a ver a una persona a la que no comprendías, y ahora puedes ver que sus comportamientos negativos se deben a que esa persona ha sufrido a lo largo de su vida, o tiene miedos y traumas psicológicos…
Y nota cómo esos lentes, además de hacerte ver a las personas “inocentes” y con amor, te dan libertad para actuar de modo diferente con ellas… ya no como tú lo hacías antes sino como Jesús lo haría…

Piensa en cinco personas con las que generalmente tenías dificultades… Colócalas imaginariamente frente a ti de una por una… Ponte los lentes de Jesús y date cuenta: ¿Qué habrá detrás de su amargura, de su exigencia y de su dolor? ¿Por qué serán tan duras consigo mismas y con los demás? ¿Qué frutos agrios comieron y van cargando sin digerir y van compartiendo con quienes se encuentran? (Repite estas preguntas con cada una de ellas…)
Así puedes descubrir el daño que llevan en su interior y obtener la libertad para reaccionar y actuar más positivamente, con más empatía… y con más misericordia…
Usa estos lentes de la óptica de Jesús las veces que sea necesario y con quien sea necesario… Con personas de tu presente o de tu pasado…
Así puedes encontrar un camino para dar frutos más dulces y nutritivos… como Dios espera de ti…
¿Cuándo volverás a usar esa óptica en tu vida? Imagínate a ti mismo usando esos lentes más veces en el futuro…
Agradece a tu amigo Jesús el regalo de su perspectiva… regresa a tu vida normal con más recursos internos para fructificar…

2. Al ir reflexionando este tema y hacer estos ejercicios, sin duda, has descubierto caminos de mayor libertad para fructificar y compartir… Piensa en alguien a quien tú quieras ayudar a liberarse de condicionamientos y a dar más y mejores frutos… Busca maneras de compartir tus experiencias al respecto con esa persona…

3. Agradece a Dios todo lo que te ha regalado para convertirte en alguien capaz de dar frutos de justicia, de compasión y de amor…

Agradécele también que confíe en ti para administrar los frutos de tus seres queridos y de quienes te han sido encomendados, para crecer en comunión como hijos de un Dios que ama a todos por igual y que quiere humanizar el mundo…

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Esta ficha, así como las de los domingos anteriores, la puedes encontrar en arquimediosgdl.org.mx, pestaña de “formación” y “desarrollo espiritual”.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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