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De por sí la muerte es dolorosa; partir en tiempos de covid y por covid, lo vuelve aún más insoportable. Los profesionistas en el manejo del dolor te dicen que cada quien tiene su proceso y su forma de salir adelante

Rosota; morir en tiempos de Covid

Cristina Díaz Morales

Perder a un ser querido es un dolor que muchos no quisiéramos vivir. Sin embargo, es inevitable y es parte de la vida. Quisiéramos tener una fórmula, receta o medicamento para quitar el dolor, pero lo único que conozco es el tiempo y la fe en Dios.

De por sí la muerte es dolorosa; partir en tiempos de covid y por covid, lo vuelve aún más insoportable. Los profesionistas en el manejo del dolor te dicen que cada quien tiene su proceso y su forma de salir adelante. Años de estudio, experiencia con personas que han perdido a seres queridos los respaldan, pero cuando te toca despedir a un ser querido en medio de la pandemia, no hay palabras, experiencia ni estudios que te ayuden a entender, solo la fe en Dios.

Con el amor de su vida

Hace días, mi madre partió a los brazos de Dios. Durante cuatro semanas combatió al covid con todo su ser, con todas sus fuerzas, y hasta el último aliento ella se aferró a la vida, y cómo no, si disfrutaba cada día la vida que Dios le regalaba, rodeada de sus plantas, sus canciones y los recuerdos del hombre que tanto amó y quien, estoy segura, ya la esperaba en el Cielo.

Cuando la tuvieron que hospitalizar, había noches en que me invadía el pensamiento y me dolía imaginar cómo se sentía en el hospital, viendo gente extraña, con trajes especiales. Fueron ellos quienes la acompañaron en sus últimos momentos. Mi agradecimiento eterno para ellos, porque fueron el medio para acercarnos a ella con una videollamada y poderle decirle: te amo.

Me torturaba pensar si tenía frió o calor, no sé si necesitó que alguien la tomara de su mano, le tocara su cabecita con sus chinos canosos, si necesitó de un abrazo o un simple beso.

Hasta que entendí que Dios y mi padre estuvieron ahí, a su lado, en todo momento, esperándola con los brazos abiertos para llevarla a donde sólo hay amor, luz y paz.

Esas cuatro semanas que estuvo hospitalizada fueron realmente dolorosas, desgastantes; sin embargo, el acompañamiento de cuatro de mis hermanos, primos y amigos en la distancia, hicieron más llevadera la pena. Recuerdo que hubo días en los que ya no sabía cómo rezar, hasta que alguien me dijo: “solo ve a Dios y dile: te veo y me ves”.

Regresó al amor de Dios

Y cuando parecía que todo terminó, cundo el doctor me dio la noticia de su partida y que su corazón se había detenido después de todos los esfuerzos que hicieron por mantenerla con vida, vino la nueva forma de vivir un duelo.

Ver a mi madre reducida a cenizas, en una caja de madera, sin un velorio de por medio para despedirla es un dolor indescriptible, desgarrador. Para evitar cualquier contagio, sólo recibí el abrazo de mi mejor amiga, a quien sólo le importó acompañarme en ese momento.

Su descendencia: ocho hijos, nietos, bisnietos, aprenderemos a vivir con su ausencia, porque es parte de la vida, poco a poco y un día a la vez, un minuto a la vez. Dios nos dará el consuelo y la resignación, que siempre ha estado presente en formas tan simples como cuando tu mejor amiga se ofrece a llevarte de comer, porque debes comer, pequeños detalles que te hacen sentirte protegida dentro de la tormenta, o cuando ese amigo te advierte que perder a tu madre es un dolor inmenso, pero que todo será recompensado, o aquel que te dice, ¿estás preparada?

Sé que Dios no nos deja solos, sé que no nos suelta de su mano y se manifiesta de muchas formas de amor para decirnos: estoy contigo. Sé que mi madre está a su lado, con mi padre, y que un día nos volveremos a reunir. Sé que en algún momento volveré a sonreír y a ver los colores de la vida, y sé también que yo siempre seré la niña de mi mamá, con 44 años, siempre seré su niña.

Te amo Rosa.

Dios, ahí

No hay palabras para explicar la enorme soledad y desamparo que se siente en esos momentos, pero en medio de tanto caos, de tanto dolor, ahí Dios se manifestó, fue cuando las palabras del sacerdote que celebró su Misa para despedirla nos dijo: “Venimos del amor de Dios, y ella ya regresó al amor de Dios, ya regresó a su presencia, a sus brazos”.

Acerca de Monserrat Cuevas

Lic. Ciencias de la Comunicación | Reportera en Acción | Temas sociales, busco historias de vida que contar.

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