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Seamos una Iglesia solidaria y samaritana

Que la Virgen de Zapopan nos ayude a cumplir con la Gran Misión de la Misericordia.

Audio de la homilía del Cardenal José Francisco Robles en la Misa de Bienvenida de la Virgen de Zapopan a su Basílica.

Sonia Gabriela Ceja Ramírez / Fotos: Carlos Zepeda

Alrededor de las 9 de la mañana se llevó a cabo la Misa de bienvenida de la imagen de la Virgen de Zapopan en su Basílica.

Como es tradicional, la imagen fue recibida en el arco de ingreso a Zapopan, pero esta vez fue llevada en vehículo hasta el atrio de la Basílica de donde fue trasladada en andas por los frailes franciscanos hasta el Altar, donde fue colocada en su nicho.

La Celebración Eucarística fue presidida por el señor Cardenal José Francisco Robles Ortega, Arzobispo Metropolitano y concelebrada por Mons. Juan Manuel Muñoz, Mons. Engelberto Polino y Mons. Héctor López Alvarado, los tres Obispos Auxiliares de Guadalajara.

Durante la homilía, el señor Cardenal dijo que la Iglesia diocesana está de fiesta, pues aunque sea de forma virtual se encuentra congregada a los pies de María que ha regresado a su casa.

Seguir su ejemplo

Dijo que la venerada imagen ha visitado la ciudad para que “al contemplarla emprendamos y aprendamos de su ejemplo y maternidad, la forma de ser Iglesia misionera, Iglesia sinodal y samaritana.

“Estamos aquí para bendecir a Dios porque la Virgen de Zapopan nos ha acompañado en nuestra historia regional como Generala y Reina, cuyos títulos celebramos en su bicentenario y centenario respectivamente.

“Como Iglesia estamos a los pies de ésta bendita imagen de la Virgen de Zapopan para que como Ella aprendamos regocijarnos y alegrarnos la presencia salvadora de su hijo Jesucristo en medio de esta situación tan difícil que estamos viviendo por motivo de la pandemia y sus desastrosas consecuencias sociales y familiares”.

El cardenal Robles añadió  que la imagen de la Zapopana recorrió en este atípico año nuestras calles “para consolarnos con su maternal presencia, a Ella encomendamos nuestros esfuerzos pastorales para que en los pasos del proceso pastoral, que se concreta en la Gran Misión de la Misericordia, podamos también ir al encuentro del hermano que sufre para ayudarlo y consolarlo en nombre de Jesús, el Buen Samaritano por excelencia”.

“Como Ella, a ejemplo de Ella, queremos ser mujeres y hombres de esperanza, de la esperanza activa que adelanta y anticipa lo que por gracia se espera recibir de la misericordia infinita de Dios”.

Dios no nos abandona

Más adelante señaló que “el Señor de la historia permanece siempre fiel con su pueblo, como un guerrero que salva frecuentemente las personas de fe. Los creyentes se dan cuenta de que humanamente no hay forma de encontrar una salida ante la realidad tan difícil y oscura pero confían plenamente en que la fuerza de Dios cambiará esa situación porque Él derribó del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos”.  

“Dios está siempre ahí, en medio de su pueblo para salvarlo.

“Hoy nosotros delante de Dios debemos hacer un profundo examen de conciencia personal y socialmente, para llegar a asumir nuestras responsabilidades en los graves males que nos aquejan y que están produciendo división, violencia, muerte y desolación.

“Ciertamente la pandemia del coronavirus no ha generado esta crisis que vivimos, sólo la ha puesto en evidencia frente a nuestra conciencia, y la ha agravado.

“Como sociedad estamos padeciendo las consecuencias de una injusta relación entre nosotros pues nos hemos acostumbrado a vernos desde el precio económico y no desde la dignidad humana.

“Como humanidad hemos caído en lo más bajo cuando ya no se respeta a la persona en su dignidad ni se respetan sus legítimos derechos, cuando se pone precio a la vida de una persona.

Dejemos a un lado el rencor

“El Papa Francisco advierte en su nueva encíclica Hermanos Todos que en vez de vernos como hermanos, nos hemos estado esmerando en acentuar las diferencias, hasta considerarnos enemigos. Precisamente nuestro país corre el riesgo de la división, del enfrentamiento y del encono entre las distintas formas de entender la vida, la economía y la sociedad, en vez de sumar y construir, desde las legítimas diferencias, un país justo, solidario y en paz.

“También existe una grave crisis de orden ecológico que pone en grave riesgo la vida humana sobre el planeta, y que ensombrece el futuro próximo. Esta crisis, igualmente agudizada por la pandemia del COVID-19, es quizás en su causa, provocada por la ambición desmedida y por la falta de solidaridad con los más pobres y con las futuras generaciones. El clamor de la Tierra sube al Cielo para emplear la intervención del Creador a fin de restablecer el orden originario. La naturaleza nos puede cobrar, y en cierta manera ya nos está cobrando, una factura muy cara, y que desgraciadamente, como lo vemos en los desastres naturales, lo pagan generalmente los que menos tienen.

“Quizá las futuras generaciones lo paguen aún más caro, ya que tendrán que lidiar con una muy baja calidad de vida provocada por la ambición de sus padres y abuelos”, denunció el Arzobispo de Guadalajara.

“En Nuestro Señor Jesucristo hoy Dios actúa con misericordia, por la mediación de quienes se esmeran en construir un mundo mejor, por la solidaridad y la búsqueda de justicia y del derecho. En el ejercicio de la paz y de la caridad Dios sigue salvando por la mediación de su Iglesia que es su cuerpo y su pueblo.

Ir al encuentro de los necesitados

“Como María, también hoy nosotros, miembros de esta Iglesia diocesana de Guadalajara, estamos llamados a peregrinar en búsqueda de los rostros sufrientes de nuestras periferias existenciales que son sacramento vivo del Cristo crucificado.

“María es servidora del que la necesita porque realiza la salvación que su Hijo, fruto bendito de su vientre, otorga a los que en Él creen y confían, a los que en su nombre dan de comer al hambriento, de beber al sediento, vestido al desnudo, techo al peregrino, cuidado enfermo, y tienden la mano hasta los presos, en medio de tanto sufrimiento por el dolor, la enfermedad, la pobreza, la violencia, la muerte y otros graves y dolorosos problemas.

“Elevemos nuestros cantos de júbilo y alabanza al Dios de la salvación que está obrando por medio de esta imagen bendita de la Virgen de Zapopan, junto a nuestra exultación y delante de la Madre y Reina de Jalisco, patrona de nuestra Arquidiócesis, queremos comprometernos como Iglesia, a actuar como Ella, Madre de la misericordia, para descentrarnos, salir de nosotros, y poder enjugar las lágrimas de los que lloran, curar el dolor de los hermanos que sufren y consolar a quien nos encontramos en el camino de la vida y han sido golpeados por las circunstancias.

“Que Santa María, Nuestra Señora de Zapopan, y a la intercesión de nuestros Santos Mártires, encomendamos la Gran Misión de la Misericordia y pedimos que cada uno de nuestros corazones, y cada comunidad cristiana de esta porción del pueblo de Dios, sea un oasis de misericordia, pueda exultar llena de gozo y espere la plenitud del Reino de Dios adelantándolo por el ejercicio del amor fraterno para que nuestro pueblo en Cristo tenga vida. Amén”.

De esta manera se dio cumplimiento a la llevada número 286 de la Virgen de Zapopan hasta su Basílica.  

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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