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¿Cómo te alimentas y que tan bien te nutres en el camino de la vida?

Soy un camino de autoaprendizaje

El Estoico

José Andrés Guzmán Soto

Cuando quieren contratar a una persona para un trabajo profesional, cualificado y de expertiz lo primero que le preguntan es sobre su experiencia laboral, esto es, el tiempo ejercido sobre ese trabajo que lo convierte en un experto, en un trabajador cualificado, experimentado.

Cuando todavía “estamos verdes”

Cuando una persona se equivoca, no puede resolver un problema en su trabajo o no lo hace bien, se le juzga como falto de experiencia, como alguien que no ha alcanzado o no ha logrado la experiencia necesaria para realizar un trabajo con la calidad requerida en alguna profesión u oficio.

Por otra parte, a un niño o a un joven se les dice que son inexpertos porque no han adquirido las suficientes experiencias por su corta vida y porque no tienen los suficientes aprendizajes para considerarlos como personas de experiencia en una profesión o el algún oficio. Al contrario, a los adultos se les llama personas con experiencia tanto por los años vividos como por los aprendizajes alcanzados que los llevan a la madurez laboral o social.

Podemos entonces hablar de dos tipos de experiencias, una experiencia de tipo herramental, laboral, que consiste en la adquisición de aquellos conocimientos, actitudes, aptitudes y habilidades que hacen a la persona experta en un determinado oficio, profesión o trabajo y se le reconoce como un maestro en ese quehacer por la calidad de sus productos o resultados.

La experiencia de vida

Pero hay otro tipo de experiencia que podemos llamarla experiencia vital, la cual consiste en todos aquellos aprendizajes de principios, valores, actitudes y acciones que van conformando nuestra forma de ser, nuestra manera de pensar, nuestra forma de actuar, de tal manera que van moldeando nuestra personalidad, nuestro ser interior en un proceso de maduración constante.

La experiencia vital se va construyendo a través de la reflexión de nuestros aciertos, errores, decisiones, elecciones, omisiones, acciones y relaciones con nosotros mismos y con los demás, sean compañeros de trabajo, de estudio, vecinos, familiares, amigos o enemigos. Todo esto en un ambiente de autoaprendizaje constante, en un proceso de autoformación y con una actitud de autocrítica y de autoestima.

La experiencia en el vivir se va adquiriendo en la medida en que nosotros aprendemos a compartir con los demás lo que somos y tenemos; nuestros conocimientos y saberes, a la par que aprendemos de la experiencia de los demás en un “ganar ganar” a través de la generosidad, de la empatía y de la amabilidad.

La experiencia tanto herramental como vital nos lleva a la madurez y a la sabiduría y éstas a su vez a vivir una vida plena y en paz.

Para responderte a ti mismo

De todo lo anterior nacen tres preguntas para  responder:

  • ¿Cuál de estas dos experiencias predomina en nuestra existencia?;
  • ¿Existe en mi camino de la vida un equilibrio en estos dos tipos de experiencias?;
  • ¿Mis experiencias me han dado la madurez para vivir en plenitud o no he sabido aprender de mis experiencias?

La vida es un banquete donde se puede comer de todo, pero cada alimento tiene sus efectos y también en exceso, trae sus consecuencias. En nuestras manos está el saber aprender a comer de este banquete de la vida.

Acerca de Monserrat Cuevas

Lic. Ciencias de la Comunicación | Reportera en Acción | Temas sociales, busco historias de vida que contar.

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