Home / Contigo en casa / Un corona-virus nos cuestiona

Un corona-virus nos cuestiona

Lupita:

Estamos desconcertados con esta pandemia. En mi familia, se han sumergido en el miedo. Yo trato de animarlos pues creo que esto va a pasar, que si tenemos fe, oramos y actuamos rápido en verdad evitaremos un desastre mundial. Pero me ignoran. Yo rezo pero empiezo a dudar.

Ma. Elena T.

Hermana mía Elena:

Mi papá solía decirme que cuando no miramos a Dios, a veces Él nos sacude para que se nos caigan las escamas de los ojos y podamos darnos cuenta de su existencia, amor y poder.

Cuando ocurren momentos difíciles, lo que me nace hacer, es voltear al cielo y rendirme ante mi Creador orando así: Señor, tu amor y tu poder nos sostienen, contamos contigo.

Cuando algo nos aprieta, sale de nosotros lo que llevamos dentro. Así podemos observar en las actitudes de quienes enfrentan la pandemia, las diversas reacciones humanas frente al peligro: miedo y huida, agresión, búsqueda de culpables o acciones asertivas. Encontramos personas de pensamiento catastrófico que como aves de mal agüero pronostican un final funesto; otros se ciegan ante la realidad y dicen que no pasa nada;  hay quienes responsablemente investigan, profundizan y actúan eficazmente para solucionar el problema, detenerlo o prevenir daños mayores -según se presente el caso- .

Hemos tenido de todo en estos días.

No es la pandemia lo que nos trae felicidad o desgracia, sino nuestras actitudes frente a ella.  Ciertamente habrá dolorosas pérdidas económicas y otras consecuencias por las medidas que ha sido necesario tomar, sin embargo, con la visión correcta y con ayuda de Dios, estaremos bien y volveremos a levantarnos.

El pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie, el realista ajusta las velas.

Nuestro bendito realismo cristiano, nos permite enfrentar el dolor confiando en que tenemos un Padre Bueno que vela por nosotros. Es por ello que podemos transformar el dolor en amor. Trabajamos duro de la mano de Dios. Ajustamos las velas para llevar nuestra barca al puerto anhelado que es la salvación. Oramos y hacemos el bien día a día sin detenernos en lo que pasará.  Actuamos solidariamente de la mano de nuestras autoridades civiles y eclesiales y ponemos lo mejor de nosotros con una fe inquebrantable.

Este corona -virus está cuestionando nuestro modo de vivir, nos pregunta qué es lo que traemos en el corazón, qué es lo que esperamos después de esta vida, cómo estamos cuidando los regalos que Él nos dio: la vida misma, el matrimonio y la familia.

¡Debemos mirar a Dios!, el mal es ausencia de Dios y lo necesitamos de regreso. Menos violencia, menos egoísmo y mentiras que nos llevan a llamar derechos a los caprichos; más amor y Verdad.

Lupita Venegas /Psicóloga

Facebook: lupitavenegas

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

Revisa También

Un suspiro de Eternidad

Francisco Josué Navarro Godínez, 2° de Filosofía Hace unos años descubrí cierta canción de un …