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Ahora, más que nunca, es cuando debemos mostrarnos a la altura como ciudadanos cristianos / Fotografía; Archivo

VER A OPERADORES SANITARIOS COMO “BUENOS SAMARITANOS”

Mientras que en otras latitudes se reconoce, aplaude y agradece a los profesionales sanitarios, es decir, al cuerpo médico, a los que prestan servicios de enfermería, a los paramédicos, choferes de ambulancias, al personal de limpieza de hospitales, etc. en México y, particularmente en nuestra ciudad de Guadalajara, son agredidos psicológica y físicamente por creer que son portadores del coronavirus, y no  se piensa que en realidad ellos son quienes ayudan a los enfermos contagiados o que atienden otras enfermedades no contagiosas.

Pero no sólo es “el pueblo” el que ha maltratado y vejado a estos trabajadores de la salud; desgraciadamente también el gobierno parece que los ha abandonado en la lucha, pues, escuchamos en las noticias, y se testifica en las redes, el desabasto que sufren de los insumos necesarios, tanto para atender a los pacientes, como para protegerse convenientemente, lo que los hace muy frágiles frente a esta pandemia.

La psicología social reconoce que frente a una pandemia, además de la objetividad en cuanto al virus y el daño a la salud de las personas  que provoca, existe la percepción de la sociedad en torno a la enfermedad, y esto no es menos importante, como lo manifiestan las agresiones referidas.

La amenaza del coronavirus y las políticas de salud pública en torno a su prevención y tratamiento, hace que socialmente crezca la preocupación, el miedo y la ansiedad, incluso el pánico, llegando a actuar de forma irracional, como discriminar a personas y obstruir, desgraciadamente, la capacidad humana de reinventarnos socialmente, oportunidad que ofrece cualquier crisis.

Para evitar cualquier agresión es importante que nosotros como cristianos reflexionemos a la luz del Evangelio las situaciones que estamos viviendo y plantearnos las consecuencias éticas que de esa reflexión se desprendan.

Si a la luz de la parábola del buen samaritano comprendemos la acción de los profesionales de la salud, contando que muchos de ellos son creyentes y ofrecen desde su fe los servicios de su profesión; que otros, incluso sin creer en Dios, son responsables con su juramento hipocrático y, aunque ciertamente no faltará el vival que se aprovecha de la situación, debemos reconocer que acaso serán los menos.

Ahora, más que nunca, es cuando debemos mostrarnos a la altura como ciudadanos cristianos, y no es el momento de mezquindades ni de parte del gobierno en turno ni del pueblo, que en vez de ser sabio y bueno, frente a una crisis, puede dejarse llevar por la ansiedad y el miedo, y ser muy malo e ingrato.

Estas actitudes sociales, fruto de fobias normales en tiempo de crisis sanitaria, nos deben ayudar, como decíamos, a seria reflexión sobre nuestro comportamiento personal y social y de cómo debemos capacitarnos, nosotros desde la fe, para afrontar de forma mucho más sana cualquier crisis.

Ciertamente como sociedad debemos aprender a protegernos y ayudarnos frente a amenazas ciertas, pero no dejarnos vencer por un absurdo miedo y generar actitudes que puedan provocar cualquier tipo de fobia. 

Acerca de Monserrat Cuevas

Lic. Ciencias de la Comunicación | Reportera en Acción | Temas sociales, busco historias de vida que contar.

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