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Aprender y enseñar el valor de la confianza

José Andrés Guzmán Soto

Uno de los grandes males que aqueja al mundo actual es el haberse perdido la confianza entre los seres humanos, base fundamental de la cohesión social, de la construcción de la cultura  y la identidad de una nación.

Un país, una sociedad, una organización empresarial o social, una familia, una relación amorosa tiene su base en la confianza, es decir, tener fe en los otros, en sus palabras, en sus acciones, en sus actitudes que tienen como finalidad el bien de todos.

Sin embargo, hoy en día, en sociedades cada vez más complejas, la confianza se ha transformado en funcionalidad, en utilitarismo, es decir, la credibilidad en el otro está basada en lo que sabe hacer, en lo que me puede ser útil y no en lo que es. Es un buen abogado, es un buen médico, en un buen arquitecto, por eso se confía en él, pero ¿es una buena persona, es honesto, es justo, es honrado?.

Por otra parte, la desconfianza es el “pan de cada día” en las relaciones humanas porque poco se cree en la honestidad del otro: los empresarios desconfían de sus obreros y viceversa, entre compañeros de trabajo se vive la desconfianza día a día; para ascender de puesto se finge confianza; en los negocios la mentira es la base del éxito para ganar a costa del otro y en las relaciones amorosas, no pocas veces, la desconfianza, las dudas y los celos son parte de las vivencias cotidianas porque se ha perdido el respeto y el amor en dichas relaciones.

La desconfianza no solo es causa sino también consecuencia de haber perdido la comprensión, el respeto y el valor como seres humanos y como personas, porque cosificamos a las personas, les quitamos su valor y las convertimos en objetos de consumo.

Es necesario romper este círculo vicioso y restaurar la dignidad como personas para volver a vivir  la confianza, la empatía, la fe en el otro, para hacer de las relaciones humanas en cualquier contexto, relaciones de confianza, de fraternidad, de calor humano que nos regrese a un ambiente de calidez y de paz.

Para ello, es indispensable tener una mejor visión del ser humano, una visión más humana, más de espejo del otro; entender y comprender al otro es ganarse su confianza y establecer lazos de amistad y de fe.

Debemos tener como base de la confianza la solidaridad, puesto que todos necesitamos de todos, y sólo unidos  y organizados podemos lograr una sociedad más justa y en paz. Si confiamos en nosotros mismos sabremos confiar en los demás y abrir nuestro corazón a la amistad de los otros.

Confiar es tener fe en el otro; ¿La tenemos?

Acerca de David Hernandez

Lic. en Filosofía por el Seminario de Guadalajara | Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Veracruz | Especialista en temas religiosos | Social Media Manager

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