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Aprendiendo de… San Antonio de Padua

Pbro. Adrián Ramos Ruelas

San Antonio de Padua es uno de los santos más queridos, “el santo de todo el mundo”, venerado e implorado por el pueblo católico, especialmente por las mujeres casaderas.

Fernando Martins de Bulhōes, su nombre original, nació en Lisboa, Portugal, en el año 1195. En esa ciudad europea se realizará en tres años más la Jornada Mundial de la Juventud (2023). En su juventud, luchó mucho contra las tentaciones de la carne.

En 1210 ingresó con los canónigos regulares de San Agustín, contra la voluntad de su familia. Renunció a la herencia familiar y se trasladó en 1212 al monasterio de Santa Cruz de Coimbra. Hacia 1219 conoció la pequeña comunidad franciscana de ese lugar. Se sintió atraído por ese estilo de vida fraterna. Tomó el hábito franciscano y cambió su nombre por el de Antonio. Fue ordenado sacerdote.

En 1221 conoció a San Francisco de Asís.

Predicó por el norte de Italia contra la herejía de los cátaros. Hacia 1225 predicó en el sur de Francia contra los albigenses. Su método era la coherencia, el diálogo y la formación.

En Padua formó una escuela franciscana y escribió una serie de sermones. Su último destino fue esa ciudad, en la que se entregó con tal ardor que en lo sucesivo a su nombre quedaría asociado el de la ciudad: Antonio de Padua.

Murió el 13 de junio de 1231. Su culto, muy popular, se generalizó a partir del siglo XV. Fue proclamado doctor de la Iglesia en el año 1946.

Se le representa con un libro, una llama, el hábito franciscano, un lirio, el Niño Jesús y pan. Es patrono de panaderos, pescadores, mujeres embarazadas, pobres, prisioneros, marineros, carteros y animales. Lo invocan las mujeres para alcanzar por su intercesión un buen marido.

Hay una fuerte tradición: el Pan de San Antonio o Pan de los Pobres, que consiste en donar dinero para pagar el pan de las familias más necesitadas.

¿Qué podemos aprender de él?

  1. Su tenacidad. A pesar de la oposición de su familia se empeñó en seguir el llamado a la vida religiosa. Además, se impuso sobre sus fuertes tentaciones de la carne gracias al dominio de sí.
  2. Su espíritu de caridad. Como buen franciscano, buscó apoyar su predicación con su atención por los más necesitados.
  3. Su pasión por la evangelización que lo llevó a predicar admirablemente, conquistando corazones empedernidos para el Señor.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

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