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Aprendiendo de San Juan Crisóstomo

Pbro. Adrián Ramos Ruelas

Septiembre es el mes de la Biblia. Los católicos estamos llamados a tener un mayor acercamiento al banquete de la Palabra de Dios que transforma corazones, que cambia vidas y hace que se alcancen grandes progresos espirituales. Un apasionado de la Palabra de Dios fue San Juan Crisóstomo, Doctor de la Iglesia, que, según la tradición, llegó a memorizar el Nuevo Testamento.

Hijo de familia cristiana, huérfano desde niño, recibió una esmerada formación cristiana gracias a su madre. Estudió filosofía y retórica. Decidió retirarse al desierto. Volvió a su ciudad, Antioquía donde es ordenado diácono (381) y sacerdote (386). En el año 397 muere el obispo de Constantinopla y Juan es elegido para sucederle.

Guiados por la envidia, sus contrarios le echan en cara el haber actuado fuera de su jurisdicción. Tuvo que soportar calumnias e intrigas.

Reunió en un sínodo a todos los obispos contrarios. Pidieron éstos al emperador la deportación del obispo. La emperatriz consiguió, en cambio, que regresara. Fue deportado una segunda vez a Armenia. Pidieron, incluída la emperatriz, nuevamente su destierro. Murió en Comana, en el Ponto, diciendo: “gloria a Dios por todo”. En el 438 su cuerpo fue llevado a Constantinopla y fue sepultado en la Iglesia de los Apóstoles.

Fue un gran defensor de la doctrina ortodoxa en contra de los arrianos. Sus escritos son muy célebres, especialmente, las homilías y algunos tratados. Muchos de sus sermones tratan temas variados. Unos son de carácter dogmático-polémico; otros son de catequesis bautismales. También cuenta con discursos morales, sermones contra el ocio y los juegos y tiene algunos panegíricos a favor de los santos, homilías para las fiestas litúrgicas y discursos de circunstancia.

Es considerado uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia de Oriente, un gran predicador elocuente al que se le atribuye el sobrenombre de “Boca de oro”. En su trabajo episcopal realizó una reforma del clero. Después se dedicó a los asuntos económicos. Recortó los excesivos bienes de los obispos. Exhortó a viudas y a ricos para que supieran vivir según su estado. Se conservan 236 cartas.

Su fiesta se celebra el 13 de septiembre.

¿Qué podemos aprender de este santo?

  1. Su gran elocuencia. Fue un orador destacado y puso ese carisma al servicio de la defensa de la fe católica.
  2. Su amor a la Palabra de Dios. Memorizó el Nuevo Testamento por su gran amor y conocimiento de la Sagrada Escritura.
  3. Su preocupación por la formación de sus sacerdotes y fieles con abundantes y edificantes escritos.

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