Home / Cultura y Formación / Contraproducente calmar a un niño con el celular

Contraproducente calmar a un niño con el celular

Llamemos al teléfono “caramelo electrónico” y veamos por qué no ayuda en la educación de los hijos.

Pbro. Alfonso Rocha Torres

Hay padres que se sienten tan incapaces de calmar a su hijo que recurren al caramelo electrónico: el celular. Es como decirle al niño: “Creemos que no puedes hacer nada más que tomarte la golosina para estar tranquilo. Así nos dejas en paz ya que tú no te puedes entretener o calmar solito”. El niño podría responder: “No me han enseñado”.

Imaginémonos que el niño se llama Pepe, tiene 4 años y va al médico por un dolor de barriga. Hace 20 años los niños tomaban un par de coches muy pequeños, que cabían en sus manos, para jugar con ellos ininterrumpidamente en la consulta del dentista.

Bajo la mirada de mamá o papá

La madre, sin celular todavía, le miraba y sonreía cada vez que el niño buscaba aprobación en sus ojos, y el niño seguía jugando la mar de contento. Los cochecitos miniatura volvían al bolso de la madre y el niño salía de la consulta tan feliz. La madre creía firmemente en que el niño podía entretenerse sólo porque había recibido clases de auto aquietamiento en casa. Y si los cochecitos le cansaban, sacaba un papel y unos lápices del bolso y ponía al niño a dibujar.

Alas a la imaginación

En la actualidad no se enseña al niño en casa a hacer unas cuantas cosas vitales. No se le enseña a Pepe a jugar, a contarse historias a sí mismo para dar relato a dos cochecitos que se persiguen y que chocan una y otra vez.  El niño hace dos décadas era capaz de contarse muchas cosas a sí mismo. Y en esa habla interna el niño era capaz de darse ordenes: “Ahora  toca jugar que me gusta mucho”. Y esa misma habla interna les servía para dibujar auténticas historias en un papel en blanco.

Qué pasaba. Pues que la madre, el padre, habían puesto en marcha muchas veces infinidad de juegos en casa, construcciones, muñequitos variados que constituían poblados, o libros de unas finísimas ilustraciones que el niño miraba o leía numerosas veces para darle al cuento cada vez una versión nueva.

Ahora el niño está en casa y no sabe jugar. No ha aprendido. Pero Pepe sí sabe que le gustan los acelerados dibujos de Bob Esponja u otros ¿Eso es lo que se espera de este niño? ¿Eso es lo que se espera de un niño que entre los 2 y los 6 años va a construir su conocimiento del mundo, de la realidad, del entorno a través del juego para orientarse en el aula de primero de Primaria?

Este niño no juega: es un espectador pasivo que sin esas golosinas no sabe hacer casi nada. ¿Qué hacía esa madre indolente o cansada que además tenía la televisión encendida a todas horas cuando Pepe jugaba con 2 años con unos muñecos la mar de simpáticos que le habían regalado sus abuelos? Pues lo que hacía, sin mala intención, sin saberlo, era interrumpir un juego incipiente que con un poco de esfuerzo familiar podría haber llevado Pepe hasta el gusto por el Lego.

Los beneficios de jugar

Con el Lego todavía es posible jugar; además que predice un gran conocimiento del espacio, sus dimensiones, los equilibrios de fuerzas y por ende del cálculo y las matemáticas.

El niño con dos años aún manipulaba esos muñequitos pero después de tantas horas de televisión encendida en casa el niño abandonó lo que ya le parecían unos sosos juguetes y se plantó en el sofá ante la TV viendo todo lo que le echan acurrucado junto a su madre o quizá en solitario. Y así se renunció a los primeros conatos de juego.

Sus padres no apagaron la tele y el niño se convirtió en una figura quieta y pasmada ya con tres años. Cuando había que comer sus padres le daban celular y manzana a la vez para “facilitar” la ingesta y cuando había que ir a dormir Pepe se negaba a hacerlo y caía como una piedra ante la TV hacia las 11 de la noche o quizá ya ante la tableta “que me han dicho que es interactiva y que educa mucho”.

El niño queda fascinado pero no aprende a calmarse

La tableta no educa, fascina, engancha y el niño no aprende a autorregularse. Salvo que se use muy ocasionalmente con unos padres que le dirigen, acompañan y limitan el tiempo total de pantallas a no más de una hora al día desde los tres años. Pero no, Pepito ya sabe que cuando se aburra la madre le sacará del bolso el bombón.

La autorregulación del niño queda para más adelante. Desde luego las clases de Primaria a Pepe, le resultarán cansadas y aburridas. Y quizá se despistará pues su capacidad de fijar la atención ha caído bajo mínimos. La maestra dirá que es un niño movidito y que quizá tiene Trastorno por Déficit de Atención. Pero no tiene nada de eso. Quizá hay que educarlo.

COMENTARIOS:  vivirenlapantalla@gmail.com

PARA SABER MÁS:          www.es.aleteia.org

Acerca de David Hernandez

Lic. en Filosofía por el Seminario de Guadalajara | Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Veracruz | Especialista en temas religiosos | Social Media Manager

Revisa También

Preparando mi liturgia: Tuvieron el valor de vivir extraordinariamente

TODOS LOS SANTOS Pbro. J. Jesús Suárez Arellano IDEAS PARA EL CELEBRANTE Con motivo de …