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Desarrollo Espiritual: ¿Mi práctica de oración está bien orientada?

V DOMINGO del TIEMPO ORDINARIO

LA RELACIÓN CON NUESTRO ABBÁ NOS SANA
Y NOS TRANSFORMA EN SERVIDORES

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

¿QUÉ ME DICE DIOS EN ESTE DOMINGO?

Job 7,1-4. 6-7: Job, probado duramente, reconoce su profundo dolor y fragilidad de la vida… Como un hombre de fe, busca un sentido a tanto sufrimiento…
Salmo 146: El Señor sana los corazones quebrantados y venda las heridas, sostiene a los débiles…


1 Corintios 9, 6-19. 22-23: Pablo confiesa que la misión que ha recibido es predicar el evangelio. Por eso, se ha hecho débil con los débiles y se ha hecho cercano a todos, para ganarlos… Y su paga es dar a conocer el evangelio y participar de sus bienes…
Marcos 1, 29-39: Jesús enseñaba, predicaba, curaba enfermos de diversos males y expulsaba demonios… La suegra de Pedro nos enseña que la verdadera sanación se mide por el servicio… Jesús encuentra en la oración solitaria la orientación y la fuerza para realizar su verdadera misión sin caer en las tentaciones del éxito fácil o el conformarse con dar gusto a las personas que lo intentan retener por sus intereses egoístas…

REFLEXIONEMOS:

[Los evangelios no son sólo narraciones cronológicas sino teología narrativa. Nosotros, aproximadamente a veinte siglos y miles de kilómetros de distancia, tenemos que ser capaces de ubicarnos en el contexto en el que se proclamaron por primera vez para luego poder “traducirlos” a nuestro tiempo y cultura.
La perícopa de hoy forma un todo con la del domingo anterior. Recordemos que se nos está dibujando, con muy pocas pinceladas, el estilo de enseñanza/predicación con “liderazgo” y de actuación poderosa de Jesús venciendo al mal en un día ordinario de ministerio. Jesús enmarca este día de trabajo entre dos momentos de oración: uno comunitario, en la sinagoga, y otro en solitario, en “despoblado”, en la intimidad con su Abbá. En medio, lleva la salvación/liberación a todos los lugares donde las personas desarrollan su vida: a la sinagoga donde oran, a la casa donde conviven en familia y a la calle donde trajinan y laboran…
Jesús fortalece la débil vida de la suegra de Pedro para que pueda ser como él, o sea, dedicarse a servir (diakonei) o, lo que es lo mismo, seguirlo…
Al principio de este evangelio, como en los otros tres, podemos percibir que Jesús tiene fama y éxito con “todos” los que lo buscan porque curaba y liberaba de los malos espíritus, pero, luego, cuando descubre que no todos sus problemas les serán solucionados y que deberán comprometerse a asumir el nuevo estilo de vida y la espiritualidad del joven maestro, lo abandonará progresivamente… Es importante notar que Jesús no se deja manipular ni cae en la tentación de hacerse el indispensable o ser el “bueno” de la película, por el contrario, invita a sus seguidores a continuar en libertad: “vamos a otros lugares a predicar, pues para eso he venido”…]

Jesús, según vemos en el evangelio de hoy, tiene un proyecto de vida que va realizando en diferentes lugares: anuncia la Palabra de Dios, sana y expulsa el mal… Y este proyecto se va redefiniendo constantemente a la luz tanto de la realidad como de su práctica de oración. Él, como verdadero hombre, va descubriendo el sentido de su vida y va respondiendo a lo que su Padre le va pidiendo… Va haciendo discernimiento… Y sigue disponible, sin dejarse atrapar, para seguir sirviendo a quienes están atrapados por el dolor/sufrimiento y/o por el mal… Él descubre que la predicación del evangelio no siempre coincide con las peticiones de la gente, muchas veces basadas en intereses egoístas. Incluso los discípulos parecen despistados e interesados en la popularidad de Jesús…

Hoy es un buen día para hacer una revisión de nuestras motivaciones para rezar y orar y, también, para descubrir sus límites, vicios y desviaciones. Por ejemplo, hemos de descubrir si con nuestra oración
• intentamos manipular a Dios poniéndolo al servicio de nuestras necesidades o caprichos,

• es sólo repetitiva y no nos libera ni nos ayuda a trascender la vida,
• nos adormece para seguir igual,
está desconectada de nuestra vida y no le da soporte a nuestra identidad y misión,
¿Tengo alguno de estos límites o desviaciones? ¿Qué quiero hacer al respecto?

Nuestra oración, comunitaria e individual, debe mejorar la relación filial que tenemos con Dios, nuestro Abbá, y a clarificar y/o purificar nuestra misión en la vida, así podremos transformar o trascender el mal en nosotros y a nuestro alrededor y, también, seguir a Jesús, nuestro amigo y hermano, sirviendo, como él, a nuestros hermanos con total libertad… ¿Tengo una buena y sana relación con mi Papá-Dios? ¿En qué áreas de mi vida me condiciona el dolor propio y/o ajeno? ¿Soy capaz de trascender lo que no puede cambiar? ¿Qué tan libre soy en relación a las peticiones justas o exigentes de mis prójimos?

TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS DURANTE LA SEMANA:

  1. Cada mañana, en oración (aunque sea breve o en movimiento) revisa tu agenda del día…
    Enlista los compromisos que debes cubrir.
    Piensa en cómo quieres realizarlos y los valores que quieres promover con cada actividad a lo largo de tu día…

¿Puedo con estas acciones promover el estilo de vida de Jesús, hacer el bien y liberar a las personas?
¿Cómo puedo ser libre de los condicionamientos que me he autoimpuesto o que me han impuesto otras personas?

A lo largo del día ve platicando con Dios de estos puntos…

Cada noche revisa si conseguiste tu misión con todas tus actividades…

  1. La actividad de Jesús consiste en “enseñar” y “curar”… Su anuncio propone una salvación integral y posible…
    Nosotros también podemos predicar, sanar y liberar a los demás con nuestras acciones, palabras, gestos, miradas, sonrisas…
    Revisa cómo sanas el dolor de las personas que van teniendo contacto contigo… ¿Qué hago con las personas sufrientes que se encuentran conmigo?
    Recuerda que hay palabras mágicas: te quiero, perdón, eres importante para mí, cuenta conmigo…
    ¿Soy consciente del efecto de estas palabras? ¿Las uso?
    Te proponemos que uses conscientemente 10 palabras “sanadoras” cada día…

¿Qué “acciones” sanadoras realizo cada día? ¿Puedo hacer algo más?

Recuerda que no todo el mal y el dolor pueden ser “arreglados”… O que, al menos, no todo te corresponde o no puedes corregirlos tú… También recuerda que tomar conciencia de que algo no puede ser cambiado sino que debe ser simplemente aceptado ya es una manera de superarlo…

  1. Entrando más a tu persona… ¿Qué hago yo para curar mis dolores? ¿A qué o a quién acudo? ¿Me acerco a Dios para buscar su luz?
    Jesús encontraba sentido y fuerza en la oración… ¿Qué busco yo y qué encuentro al hablar amorosamente con Dios?
    Recomendamos que te capacites más en este tema. Tomando algún taller de oración (por ejemplo, del P. Ignacio Larrañaga) o leyendo algún libro (por ejemplo, “La oración en la psicoterapia”).
    Así podrás descubrir el efecto vivificante de la oración…
  2. Ve orando y revisando cómo es tu oración…
    ¿Qué características tiene mi oración?
    ¿Te proporciona salud espiritual y emocional?
    ¿Se parece a la oración de Jesús que le va dando orientaciones para su plan de vida?
    ¿Te da libertad para servir?

Ve hablando con Dios de lo que descubres… agradece… pide… purifica…

Reorienta la brújula de tu vida y tu misión…

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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