Home / Contigo en casa / Desarrollo Espiritual: ¿Soy prudente o soy necio?

Desarrollo Espiritual: ¿Soy prudente o soy necio?

XXXII DOMINGO

Sólo los sabios y vigilantes entran a la fiesta del Reino

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

¿QUÉ NOS DICE DIOS ESTE DOMINGO?

Sabiduría 6, 12-16: La sabiduría es radiante e incorruptible.  Quien la ama, la ve; quien la busca, la encuentra; quien la desea, la conoce…  Quien medita en ella se hace prudente y se libera de preocupaciones… Ella nos busca y nos habla en nuestros pensamientos…

Salmo 62, 2. 3-4. 5-6. 7-8: Oh Dios, por ti madrugo.  Estoy sediento y tengo ansias de ti.  Valoro tu gracia.  Te bendeciré y alabaré jubiloso. Pienso y medito en ti y en lo que has hecho por mí…

Tesalonicenses 4, 13-17: Los Tesalonicenses estaban preocupados por sus difuntos, por eso, San Pablo les transmite una revelación sobre la situación en la que se encuentran quienes han fallecido: Dios se los ha llevado ya con Él y, cuando sobrevenga el juicio final, todos estaremos siempre juntos con el Señor…

Mateo 25, 1-13: El Reino de los Cielos se parece a diez doncellas que debían esperar al esposo para entrar con él al banquete de bodas, pero no sabían la hora de su llegada: cinco de ellas fueron sabias y previeron llevar consigo aceite suficiente para la espera vigilante y más para reabastecer sus lámparas en caso de que llegara a necesitarse, y las otras cinco fueron descuidadas y no lo hicieron… Las necias, que llegaron tarde, fueron desconocidas y se quedaron fuera de la fiesta… Por eso, hemos de ser vigilantes…

REFLEXIONEMOS

[Hoy y los siguientes dos domingos son los últimos del año litúrgico, en cada uno de ellos meditaremos una de las últimas tres parábolas de la predicación de Jesús (capítulo 25 de Mateo): Las doncellas prudentes y las necias, los talentos y el juicio definitivo.  Se nos invitará a permanecer vigilantes de nuestra vida espiritual y preparados para amar y servir cada día, a aprovechar el tiempo presente para conocer cada vez más a Jesús que ilumina nuestro corazón, a multiplicar nuestras buenas cualidades y a hacer el bien mientras estemos vivos, teniendo presente que nuestro fin llegará cuando menos lo esperemos… Esta trilogía puede iluminarnos también para realizar una sincera y profunda evaluación del año litúrgico que terminará pronto.]

Según la primera lectura, hemos de valorar la sabiduría que viene de Dios e ir aprendiendo de las experiencias de cada día… Necesitamos meditar en la sabiduría para que se nos dé a conocer… ¿En qué consiste la sabiduría de la que nos habla esta lectura y qué significa poseerla? ¿Cuál será la diferencia entre actuar con sabiduría y sin ella? ¿En qué detalles concretos puedo distinguir a una persona con sabiduría de otra insensata? ¿Puedo imaginarme a mí mismo actuando con mayor sensatez cada día?

Dice esta lectura que “la sabiduría es incorruptible”.  Si la buscas constantemente y andas con ella, no te dejará corromperte, pero, si la abandonas, si te corromperás… Si dejamos de amarla y cultivarla se acabará, como el “aceite” en las lámparas de las doncellas necias del Evangelio de hoy, y quedaremos en tinieblas, sin un sentido de vida y desorientados.  Y, aunque pidamos un poco de “aceite” a los demás, si no lo hemos cultivado nosotros, llegará el momento en que no nos puedan compartir y nuestra lámpara se apagará quedándonos “fuera” de la fiesta de la Vida, perderemos el camino, nos equivocaremos, nos sentiremos abandonados, atorados en nuestra vida, sin amor y sin Dios… Nos corromperemos y seremos absorbidos por la obscuridad que nos rodea… (¿A qué crees que se deba que México ocupe el XIII lugar entre los países más corruptos del mundo y que, a pesar de ser un pueblo “religioso”, no encontramos la sabiduría requerida para combatir este mal?)

También dice que “quien vela por la sabiduría se verá libre de preocupaciones”.  ¿Qué errores voy cometiendo repetitivamente en mi vida y me pesan? ¿En qué aspectos de mi vida necesito sabiduría humana y divina?

La sabiduría quiere salirnos al encuentro y ser nuestra compañera… ¿Por qué será que unos si la tienen y otros no? ¿Yo tengo sabiduría o no la tengo? Antes de dormir cada noche pregúntate: ¿En qué se nota que sí o en qué se nota que no tengo la sabiduría y la prudencia de Dios?  La sabiduría nos ayudará a descubrir lo esencial, ya que muchas veces perdemos el rumbo de nuestra vida y dejamos de captar qué es lo importante.  ¿Me doy cuenta que la fuente de la sabiduría/aceite es el mensaje y la vida de Jesús?

En la narración evangélica, las vírgenes prudentes llevaron un frasco de aceite extra para mantener su lámpara encendida todo el tiempo y poder entrar con el esposo a las bodas.  En cambio, las vírgenes descuidadas no previeron aceite de reserva para rellenar sus lámparas… Aquel que deja que se le apague su lámpara termina perdiendo lo mejor de su vida… ¿Qué significará el “aceite” en estos momentos de mi vida? ¿Qué pierdo si dejo que se apague mi lámpara? ¿Qué puedo hacer para tener sabiduría de reserva?

Al ver lo que les sucedió a aquellas muchachas poco previsoras, podemos pensar en las veces que nosotros también descuidamos nuestra vida espiritual, nuestra salud (física, psicológica/emocional y espiritual), la formación integral de los hijos que los capacite para esta vida y la futura, el fortalecimiento de la relación de pareja y familiares, de amistad, laborales etc.  A veces, vamos descuidándonos imperceptiblemente y, para cuando reaccionamos ya perdimos muchas oportunidades… ¡Por eso Jesús nos recomienda la vigilancia! ¿Cómo puedo desarrollar más mi prudencia y aprender a ser más previsor, sobre todo en lo más importante? ¿Cómo puedo prepararme más para que mi lámpara esté encendida cuando se requiera?

Uno se pregunta: ¿Por qué las vírgenes sabias no les dieron de su aceite a las necias? Parecería que Jesús quiere decirnos que cada uno debe asumir las consecuencias de sus imprudencias y descuidos.  Y que tampoco es justo que los necios y pocos comprometidos pidan “caridad”… En la comunidad eclesial podemos ayudarnos de muchas maneras, pero cada uno es responsable de su propio “aceite” y su propia “luz encendida”.  ¡Hay aspectos de nuestra vida en los que nadie nos puede ni nos debe ayudar!  Recordemos que, según Mt 7, 24-27, la sensatez y la necedad son fruto de si ponemos o no en práctica la Palabra.  Esta sabiduría no consiste sólo en conocimientos sino en una entrega amorosa por el bien del hermano…  Desde esta perspectiva, podemos entender las buenas obras como la “luz” y al amor como el “aceite” que se gasta sirviendo.  Es por eso que no se puede compartir el aceite… ¿Me doy cuenta de que nadie puede amar en mi nombre ni yo puedo encender mi lámpara con el servicio que otra persona realiza? ¿Asumo que para que mi vida sea luminosa debo gastarme por amor? ¿Tengo siempre presente que el Maestro me pidió que, como él, sea luz del mundo (Cfr. Mt 5, 14-16)?

A young hand touches and holds an old wrinkled hand; Shutterstock ID 53417668; PO: aol; Job: production; Client: drone

Recuerda las acciones con que se describe, en la primera lectura, el proceso de adquirir la sabiduría: amarla… buscarla… desearla… madrugar por ella… meditar en ella… velar por ella… merecerla… Así hemos de estar atentos para que el “aceite/amor” mantenga “encendidas/actuando” nuestras “lámparas/vidas”… ¿Cuál camino escojo hoy para vivir: la sabiduría o la necedad?

PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS, TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA LA SEMANA

1.     Al terminar cada día, haz un examen de conciencia y pregúntate dónde y con quiénes me hizo falta más sabiduría. Puedes guiarte por el horario de tus actividades… ¿Cuáles fueron las cosas más difíciles de hacer? ¿En qué me equivoqué más? ¿Cuándo perdí la paciencia? ¿En qué me desesperé más? ¿Qué me salió mal? ¿A quiénes no traté con amor?

Luego, haz un ejercicio de imaginación para llenarte de sabiduría: Imagina que la sabiduría es como el aire que respiras y va llenando tus pulmones mientras te repites una frase del Salmo: “Señor mi alma tiene sed de ti”.

Y, finalmente, pregúntate: ¿Qué puedo hacer para que mañana yo sea una persona más vigilante y sabia? Y obsérvate a ti mismo actuando y hablando con mayor prudencia y amor, atento a las emociones y reacciones propias y de tus interlocutores y las personas que se encuentran contigo…

Anota tus conclusiones y propósitos.

2.     Escribe una lista de asuntos pendientes que deberás resolver con sabiduría:

•      Ordénalos por orden de importancia o cronológicamente, luego anótalos en tu agenda, y, finalmente, recuerda revisar estas metas periódicamente…

•      Pregúntate: ¿Qué me impedía alcanzar estas metas?

•      ¿Cuál crees que te dará más alegría resolver?

3.     Plática con tu amigo Jesús sobre:

•      Los valores y las actitudes del evangelio que quieres cultivar para mantener tu vida “encendida” de manera que puedas reconocerlo y acompañarlo en tus prójimos para iluminar sus caminos hasta la fiesta de su Reino…

•      Cómo puedes mantenerte buscando y aplicando la sabiduría que él te regala cada día, para que puedas ser diligente, previsor y atento a los detalles…

•      Los aprendizajes que has ido adquiriendo de tu vida a la luz de su Palabra.  Agradécele esta sabiduría y pídele más: que los puedas poner en práctica amando y sirviendo a tus hermanos…

•      Cómo deseas renovar tu aceite a través del contacto con él, comulgando con su palabra y con su cuerpo místico y sacramental…

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

Revisa También

Celebración de la Palabra: ¡Velen y vigilen!

Ofrecemos un esquema para realizar una celebración familiar o grupal, sin la presencia del presbítero, …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *