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Desde el Corazón: Estamos aquí para amar

Querida Lupita:

En casa hay descontento general. Mi esposo discute mucho con mis hijos. Nuestra comunicación es nula. No nos conocemos y no nos apoyamos. Quisiera cambiar esta realidad y no sé por dónde empezar. 

Lourdes G.

Hermana mía, Lulú:

Esta mañana leía consternada la reflexión de un padre de familia en torno a los recientes acontecimientos que tuvieron lugar en un colegio de Torreón, Coah.  Un niño de 11 años mató a dos personas y luego se quitó la vida a sí mismo.  ¡Escalofriante!

Un acontecimiento así es multifactorial: la ausencia de los padres, el acceso irresponsable a las armas, la adicción a los video-juegos, la falta de acción organizada de autoridades civiles… pero en la base de todo está la sensación de no ser valorado, ni amado.

El autor de dicha reflexión  hablaba con justa razón de la necesidad que tenemos de comunicarnos más, de convivir y hacer sentir valioso a cada miembro del hogar.

Curiosamente después de leerlo, venían enseguida las fotos que recordaban la acción solidaria llevada adelante por una familia: los papás y los hijos estaban en una casa hogar de pequeños  discapacitados, se veían felices llevando medicamentos, alimentos, regalos y enseres varios a estos niños a quienes hacían sonreír con tan agradables sorpresas. 

Sentí que el Espíritu Santo estaba dándome una respuesta: si quieres ayudar a los jóvenes a tener sentido de vida, invítalos a servir a sus hermanos, especialmente a los que más les necesitan.

Hoy más que nunca hemos de reflexionar en el sentido de la vida. Víctor Frankl, padre de la logoterapia, decía que no hay nada en el mundo que capacite tanto a una persona para sobreponerse a las dificultades externas y a las limitaciones internas como la conciencia de tener una tarea en la vida. La respuesta cristiana es inequívoca: al final de la vida seremos examinados en el amor (San Juan de la Cruz). Estamos aquí para amar, y amar significa hacer el bien tanto a quienes nos rodean como a nosotros mismos.

Es urgente que las familias recuperen su responsabilidad central en la construcción de toda sociedad. Es en familia donde se aprenden los valores que nos humanizan, en ella recibimos amor y nos hacemos capaces de darlo. Si la familia no cumple su misión vital, la sociedad perece.

Lupita Venegas/Psicóloga

Facebook: lupitavenegas

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