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Dios te hace instrumento para transmitir la fe a tus hijos

Lupita Venegas / Psicóloga

Me preguntaba por qué me siento enamorada de Cristo, qué es lo que produjo en mí, una fe que no duda, una confianza cierta y fuerte en Dios; CREO. Creo que Dios existe y que es el Creador del Universo, creo que se hizo hombre en Jesucristo y que fundó una Iglesia. Creo que me ama entrañablemente y que me quiere feliz eternamente en su presencia cuando termine mi paso por esta tierra. Vivo en clave de eternidad, anhelando ese dulce encuentro. Mi vida cotidiana me ofrece oportunidades para amar y toda mi existencia tiene sentido para mí.

Sé que es una gracia especial y bendigo a Dios por ella.

El testimonio de vida de una madre

Pero cuando busco la respuesta, no me cabe la menor duda de que esta gracia llegó a través de mi mamá.

¡Gracias mamá porque fue tu genio femenino que intuyó que era necesario Dios en tu hogar!.

Gracias porque acercaste con tacto e inteligencia a mi papá a la Iglesia y a todas sus bendiciones. Gracias porque quisiste formar un hogar santo, porque hiciste todo lo que estuvo a tu alcance para que todos viviéramos con gozo nuestra fe. 

Me enseñaste a rezar, me ilusionaste con la idea de hacer mi primera comunión, fuiste mi primera catequista, me llevaste de misiones al encuentro de nuestros hermanos más necesitados, me alentaste a participar de grupos juveniles católicos, me enseñaste a respetar y a amar a nuestros sacerdotes, me motivaste a vivir mi “Jornada de Vida Cristiana”. Tú misma hiciste tu cursillo de Cristiandad y me contaste cómo te fue y me entusiasmaste a vivir “de colores”.

Cuánta seguridad y confianza sembraste en mí al transmitirme la fe.  ¡Gracias mamá!

Tuviste éxito al sembrar la Buena Semilla en mi corazón y en el  de mis hermanos. ¿Cuál sería tu secreto?

Tu coherencia de vida.

Más Dios, menos superficialidad

Hoy veo que se multiplican los hogares sin Dios. Algunas madres creen en Dios pero no le creen a Dios. No hacen oración, no hablan de Él con sus hijos, pocas veces van a Misa. Son bautizadas y bautizan a sus hijos pero no conocen el valor de los Sacramentos o la perfección de los Mandamientos. Esta sociedad las ha convencido de que lo más importante es proveer a los hijos de todo lo material, no aspiran a formar hijos buenos, santos y felices. Buscan que sean felices, sí, pero no acuden a la auténtica fuente de esa felicidad, se conforman con saciar el apetito material y parecen ciegas ante la evidencia de que esto no está llenando el corazón de sus hijos.

No podemos seguir viviendo como si Dios no existiera. Mira el mundo de tinieblas que estamos presenciando. Fuera de La Luz que es Cristo, reina la confusión.

Comuniquemos a Cristo con entusiasmo

Mamá: ¡asume con responsabilidad,  tu misión como transmisora de la fe!

Mamá ha de ser la primera apóstol en casa. Un apóstol conoce, vive y transmite a Cristo. Por tanto, para transmitirlo deberá recorrer los dos pasos previos: conocerlo y vivirlo.

Para  transmitir la fe,  habla de ella con entusiasmo. Consigue material adecuado para las edades de tus hijos a través de internet o visitando librerías católicas. Te sorprenderás de la cantidad y variedad de recursos que existen para motivar a tus hijos a conocer a Jesús y todo lo que en torno a Él nos alienta a vivir en clave de eternidad.

¿Queremos un mundo mejor? No lo tendremos mientras no reine Cristo.

Es grande tu responsabilidad mamá: ¡La mano que mece la cuna, es la mano que mueve al mundo!

Facebook: lupitavenegas

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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