Home / Cultura y Formación / Doble resentimiento en la familia

Doble resentimiento en la familia

¿Te has dado cuenta de que a veces cargamos con odios y resentimientos que no nos corresponden? ¿Sabías que las lealtades familiares pueden convertirse en un lazo invisible de generación en generación? La buena noticia es que Cristo sana y libera.

Martin Gerardo Cruz Ruiz

Me llamo Santiago H., si me hubieran preguntado hace mucho tiempo, si tenía resentimientos, yo les hubiera contestado que no tenía ninguno. Fue después que me pude ver, que me sentí traicionado por mis padres, ya que mi padre abandonó a mi madre, cuando yo estaba en su vientre, y ella enojada contra él, quiso abortarme, y me rechazó.

Estando yo muy pequeño, mis dos hermanitos varones y una hermana mayor que yo, siendo aún niños, un día mi mamá se fue con un hombre, y nunca volvimos a saber de ella. Quedando bajo la custodia de mis abuelos maternos. Mis abuelos, eran fríos, desapegados con nosotros, nos regañaban mucho, nos gritaban, y nos pegaban.

Yo no sabía por qué siendo ya adulto, casi siempre estaba ansioso y no tenía paz. Me di cuenta que yo aunque era cristiano católico, no tenía a Jesucristo en el centro de mi vida, mi motivación, no era Jesús, el centro de mis acciones, de mis pensamientos, de mis decisiones no era el Señor. Sino que mi vida estaba girando inconscientemente en resentimiento, alrededor de mis padres que se habían ido hacía muchos años.

Los rencores de antaño

Trabajé en terapia y oración, los eventos que mencioné y me fui liberando de los resentimientos. Fue la Gracia de Dios la que me dio la fuerza para perdonar y sanó mi corazón progresivamente.

Sin embargo, no sabía que me estaba pasando, pues con los años todavía sentía una dureza de corazón, y se me dificultaba estimar a las personas, yo si quería sentir algún afecto por los demás y no podía. Fui consciente entonces que en mí, había mucha ira, odio y deseos de venganza  muy escondidos. Recordé que mis abuelos me platicaron, que un tatarabuelo, mató sin piedad a puñaladas en el vientre a su esposa de la cual él se había sentido traicionado, él creyó o así fue, que ella lo había engañado.

No sabía, que yo sentía una identificación inconsciente hacía él porque lo habían traicionado, igual que a mí, me habían traicionado a mí, mis padres. Debido a que hay un fuerte lazo espiritual entre los miembros de la familia, lo cual es reconocido por las Sagradas Escrituras y actualmente por la terapia familiar. Me identifiqué con él.

Conscientemente sé que mi tatarabuelo tomó una mala decisión. Él hubiera perdonado y luego debió haber acudido a Dios para que sanara su corazón espiritualmente con la Sangre de Jesús derramada en la cruz.

La Palabra de Dios dice que Jesucristo al morir suprimió el odio entre judíos y no judíos, a través de la Sangre de su Cruz, la que nos trae paz y reconciliación, y los unió en un solo Cuerpo. Ef 2, 16. Y debió haber dejado el asunto de la justicia, en manos de Dios. Pido la Misericordia de Dios para él.

Lealtades familiares invisibles

Yo sin querer le estaba siendo leal a mi tatarabuelo, porque fue traicionado, así como yo me sentí traicionado por mis padres que se fueron. Renuncié ante Dios esa lealtad invisible. Mi ascendiente tuvo su vida, su tiempo y sus decisiones y yo tengo mi vida, mi tiempo y mis decisiones. Él es él y yo soy yo. Yo no lo sigo a él, yo sigo a Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre resucitado y glorificado.

Ahora puedo sentir amor, afecto y estima, ya no es solamente en voluntad, en decisión, sino también en sentimientos, esa barrera que me bloqueaba por dentro ya no está. Y es hermoso que un ser humano, esté sano, que esté alegre, que sea amoroso, seguro, con deseos de perfección, que pueda identificar y nombrar sus sentimientos; un ser humano con libertad de llorar, de reír, de cantar. Y de ser feliz.

cmarting97@gmail.com

Acerca de Edicion Arquimedios

Revisa También

Preparando mi liturgia: Cuesta tranfigurarse en bendición… pero, sí se puede

II DOMINGO DE CUARESMA Pbro. J. Jesús Suárez Arellano IDEAS PARA EL CELEBRANTE Cuando estamos …