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En tiempos difíciles…

La paz de Jesús es otra cosa: nos enseña a soportar, a llevar sobre los hombros la vida, las dificultades, el trabajo, todo; y a tener el valor de seguir adelante. Papa Francisco

Fernando Díaz de Sandi Mora

En mi experiencia personal solo se me ocurren dos maneras de encarar la vida y sus retos constantes, permanentes e infaltables: afrontar las situaciones y circunstancias con Dios, o enfrentarse a la vida y sus cosas sin Él.

Es obvio que Dios no nos apartará de la tormenta, ni siquiera evitará la tempestad, pero lo que sí es plenamente seguro es que al menos pondrá un paraguas sobre ti para que te mojes menos; o en el peor de los casos, cuando sientes que estás a punto de hundirte, de alguna forma su mano se extiende y te salva.

Imagina a la vida como un viaje, una expedición a un lugar totalmente desconocido para ti, un terreno inexplorado que has de recorrer en el camino de tus días. Ahora piensa que ese camino lo vas a transitar desnudo, descalzo, sin provisiones, sin herramientas, incluso sin una guía o un mapa, ni siquiera alguien que de alguna forma u otra te vaya señalando una ruta. A eso súmale que el sendero a recorrer es un paraje de varios escenarios, algunos sí de días hermosos de sol, de pasto y hierba fresca, terrenos planos y a modo; pero otros días serán de total oscuridad, de terreno escarpado, de piedras afiladas, de frío  intenso o calor abrasador, desierto, pendientes pronunciadas… Creo que no la pasarías muy bien que digamos, además de que seguramente terminarías perdido porque ni siquiera tendrías la menor idea de hacia dónde debes ir.

Por el contrario, cuando conviertes a Dios en tu guía, en tu luz y tu bandera, en tu alimento y tu camino, la vida seguirá igual, complicada y caprichosa, pero tú tendrás a la mano un sinfín de recursos y herramientas que te facilitarán la peregrinación en este regreso a casa. Todo camino, toda dificultad, toda carga se hace liviana, ligera, segura y transitable de la mano del Señor.

Sin Dios, el dolor se nos hace sufrimiento. Con Dios, el dolor se convierte en servicio… Sin Dios, la duda se nos hace miedo. Con Dios, la duda se convierte en fe. Sin Dios, la carencia se nos vuelve ansiedad, estrés y preocupación. Con Dios, la carencia se disuelve, se nos hace prosperidad, abundancia, seguridad… Sin Dios, la vida toda carece de sentido, es dura, compleja, intransitable, vacía y hueca. Con Dios, la vida toda, incluso la muerte, adquiere un sentido, un propósito, una aventura de amor y de esperanza.

De corazón, deseo que la estés pasando bien en este momento de tu vida. Pero, si acaso no es así… Pon a Dios de tu lado y la luz brillará en medio de tu total oscuridad.

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One comment

  1. Gracias mi estimado Tocayo, por tu reflexión. De la mano, de Dios es mas facil.