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Enciéndete: 3 escudos que nos protegen de los ataques del Demonio

Pbro. José Luis González Santoscoy

            Todos estamos llamados a la vida de la santidad, aunque debemos tener bien claro que para llegar a ella, el camino no es fácil ni vamos por un camino plano, sino que en el andar nos vamos a topar con obstáculos, caídas y tentaciones por parte del Demonio, ya que su objetivo es que desistamos y nos alejemos del camino de Dios.  

            No olvides que Dios nos promete que no seremos tentados más allá de lo que podamos resistir, además, Él nos dará una fuerza para que podamos salir victorioso de la prueba y la tentación (Cf. 1Cor 10, 13). Por eso quiero hablarte de tres escudos con los que nos tenemos que revestir para hacer frente a los ataques del enemigo:

  1. La gracia de Dios: debemos tener muy claro que, por nuestra naturaleza humana, somos débiles y caemos fácilmente. No podemos hacerle frente a las tentaciones y los ataques del maligno con nuestras solas fuerzas, necesitamos llenarnos de la gracia de Dios, porque en los sacramentos, en donde se nos da la gracia, encontramos la vida misma de Dios y su fuerza para luchar y resistir. En especial, debemos acudir constantemente a la Confesión y a la Eucaristía, son dos sacramentos que nos limpian, nos sellan, nos fortalece y nos nutren con la armadura de Dios. Si no frecuentamos estos sacramentos, seremos presa fácil del Demonio y hará de nosotros lo que a él le venga en gana.
  • La vida de oración: en la vida del cristiano también debemos fortalecernos con la oración, ya que ésta nos ayuda a tener luz para saber discernir las cosas en nuestra vida. Quien ora, se llena de la paz de Dios, haya reposo y fuerza en su interior. Así como el cuerpo necesita del alimento y el agua para tomar energías y poder vivir, también nuestra alma necesita de la oración para poder vivir, para poder luchar, para poder rechazar lo que nos arrastra al pecado y nos hace vivir del lado del enemigo.
  • La caridad: es el tercer escudo que necesitamos, ya que es el mandamiento nuevo que nos dejó Jesús. Además, recordemos lo que nos dice 1Jn 3, 10: “en esto se conocen los hijos de Dios y los hijos del diablo. El que no practica la justicia no es de Dios, y tampoco el que no ama a su hermano”. Por tanto, la caridad rompe todo egoísmo y nos hace vivir la misma vida de Dios.

Ya sabes, si quieres verte librado de todos los ataques del Demonio, a vivir siempre con la gracia de los sacramentos, la vida de oración y una constante caridad sincera y generosa.

            Facebook: Padre José Luis González Santoscoy

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