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¿Estoy dispuesto a disolverme para dar sabor y a desgastarme para iluminar?

Desarrollo Espiritual,

V DOMINGO, Ciclo A, 09 de Febrero de 2020.

Jesús quiere que seamos sal y luz de nuestro mundo

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano / Pbro. Sergio Arturo Gómez M.

¿QUÉ NOS DICE DIOS EN ESTE DOMINGO?

Isaías 58, 7-10: Isaías nos enseña qué cosas hemos de hacer y cuáles no para que nuestra luz sea como una aurora: dar comida al hambriento, techo al desamparado, vestido al desnudo… Y hemos de evitar oprimir, amenazar y ser ofensivos… Así se curarán nuestras heridas y seremos luminosos como un mediodía

Salmo 111: Si queremos brillar como una luz en las tinieblas hemos de ser justos, clementes, compasivos, generosos para con los pobres, honrados, obedientes a Dios…

1 Corintios 2, 1-5: San Pablo dice que no quiere hablar con sabiduría humana, sino que desea fundamentar la fe de sus oyentes en el verdadero poder de Dios: Cristo crucificado…

Mateo 5, 13-16: Jesús nos manda ser la sal que de sabor al mundo y luz que ponga en perspectiva la realidad… Y aclara que eso se nota por la práctica de las buenas obras…

REFLEXIONEMOS JUNTOS:

Hoy Jesús nos dice en el Evangelio: “Ustedes son la sal de la tierra; son la luz del mundo…”. Dos pequeñas “parábolas” nada difíciles de comprender, pero que nos interpelan profundamente y nos exigen una respuesta vital. Si aceptamos la invitación de Jesús cambiaremos nuestro modo de percibir la realidad y de actuar en ella

La luz es un poderoso símbolo muy usado a lo largo de toda la Sagrada Escritura, simboliza la presencia de Dios y se pide al justo que actúa en la luz y tenga comportamientos luminosos… Pero, solamente Jesús nos pide que “seamos” luz…

Aunque en la actualidad la sal casi sólo se usa para sazonar las comidas, ésta era muy importante para todos los pueblos en la antigüedad por la cantidad de usos que tenía, se han documentado más de 14,000: simplemente en el hogar y la vida cotidiana se usaba como antiséptico, para purificar, para preservar alimentos, para limpiar de corrupción, para curar heridas abiertas… Tenía otros usos en las artes y los oficios… Podemos notar que la sal era muy importante tan sólo al saber que hasta nuestros días han llegado palabras derivadas de ella como salario, salud, salvación, saludo y saleroso… Sin embargo, en la Biblia sólo encontramos unas 30 citas en que se le menciona como conservante y sazonador de comidas, como ofrenda (Cfr. Núm 18, 19) y como símbolo de buenas relaciones y de perdón en la comunidad de los discípulos (Cfr. Mc 9, 50)… Por eso, la invitación de Jesús a que “seamos” sal es originalísima de Él…

Resaltemos algunos rasgos que poseen la sal y la luz:

•      La luz y la sal son indispensables para la vida humana…

•      Ser sal es ayudar a que los demás encuentren (y compartan) su sabor y a que eviten su corrupciónLa sal debe ser anónima, no se debe notar, una comida no debe tener ni de más ni de menos… Nosotros, como la sal, debemos ayudar humildemente a que los demás encuentren el sentido de su vida personal y comunitaria… La sal no es un adorno y no se puede acumular… Existe para disolverse y para compartirse…

•      Nuestras vidas tendrán sentido sólo si, al convertimos en sal, nos “disolvemos” para que los otros sean ellos mismos y potencien todo lo que pueden llegar a ser; y si, al convertirnos en luz, nos “desgastamos”, como la cera de una vela o el aceite de una lámpara, para que los otros se muestren en su forma y color…

•      Así como la sal, la luz también debe “dosificarse”, no puede haber de más ni de menos, son las necesidades de los demás las que me indican la cantidad de brillo que he de producir; no se trata de “encandilar” a los otros ni de hacerlos que se esfuerce de más por falta de nitidez… Necesitamos poner atención a la situación de nuestros hermanos y querer cuidarlos en el proceso de llegar a ser lo que deben ser…

•      La sal y la luz tienen en común que no sirven para sí mismas sino para los demás: sólo tiene sentido su existencia y presencia en relación a algo y a alguien más que las necesite…

En la lectura de Isaías y en el Salmo se habla de la luz como algo que se “tiene”, pero Jesús no nos pide únicamente que brillemos o que salemos, nos pide que “seamos” luz y sal… Sazonar e iluminar son consecuencia del “ser”… Sólo podremos ser sal para otros en la medida en que los hagamos participes de nuestra plenitud humana; y sólo seremos luz para otros en la medida en que vivimos nuestro verdadero ser y les mostremos el camino para que lleguen a ser ellos mismos…

Evangelizar no consiste en proponer sabias doctrinas que deben memorizarse ni en imponer puntos de vista sobre la realidad ni, mucho menos, en exigir el cumplimiento de cierto código moral… Tal vez por eso S. Pablo hoy renuncia a la elocuencia y a la sabiduría y se concentra en llamar la atención sobre el hecho luminiscente de que Jesús, quien había dicho “soy luz”, donó su vida por nosotros…

Una pizca de sal y un poco de luz cambian la realidad… La sal y la luz son poderosas para potenciar y descubrir lo que ya está ahí…

Si “somos” sal y luz aproximándonos a nuestros hermanos con respeto, amor y misericordia, los ayudaremos a descubrir su valor, a purificarse y perfeccionarse, a creer en Jesús… y el mundo entero dará gloria al Padre…

Debemos aproximarnos a nuestros hermanos con amor, respeto y misericordia.

¿Cómo aplicar todo esto a nuestra vida? Primero, hemos de dejarnos iluminar íntimamente por la luz que es Jesús, así descubriremos el valor que ya tenemos como creaturas de Dios, redimidas por la sangre de Cristo. La luz de Dios nos hace ver lo que realmente somos y potencializa nuestras cualidades… Ya que nos descubrimos y sabemos que somos sal y luz, entonces ya podremos sazonar e iluminar… Cada uno va siendo sal y luz a su estilo, con sus propios dones y cada uno aporta sus riquezas particulares al cuerpo místico de Cristo… ¿Cómo puedo llegar a ser la sal y la luz que Dios quiere que sea?

Necesitamos mucho trabajo interior para “llegar a ser” sal y luz:

•      Primero, como ya dijimos, hemos de dejarnos iluminar por Jesús para descubrir tanto nuestros aspectos sin amor ni perdón como las cualidades propias de nuestra individualidad que nos darán nuestro sabor propio y el matiz peculiar de nuestra luz… ¿Cómo iluminar mis miedos, prejuicios e inseguridades? ¿Cómo desarrollar las características propias que Dios me ha dado?

•      También debemos reconocer nuestras debilidades y puntos vulnerables para, cuidándome a mí mismo, poder cuidar a los otros (de mí y de sus partes obscuras y no pulidas).  Aún con nuestras heridas y limitaciones podemos ser sal y luz y podemos ayudar a nuestros hermanos; Isaías dice que si vamos haciendo el bien “cicatrizarán de prisa nuestras heridas”.

•      Necesitamos enseñar a otros a ser sal y luz y, al ir acompañándolos en sus propios caminos, vamos creciendo juntos… ¿Cómo puedo ser sal y luz en medio de una sociedad polarizada entre ricos y pobres, sabios e ignorantes, santos y pecadores? ¿Cómo puedo ser sal y luz que ayude a mi hermano a crecer y que no impida su crecimiento y/o lo condene?

•      Y, aún satisfechos y felices de lo que somos, hemos de estar dispuestos a donarnos a los demás hasta desaparecer y que ellos crezcan…

Dejémonos iluminar por Jesús

Confiemos en que la luz de Jesús nos ayude a ver lo que con nuestra débil visión no podemos captar de bondad y de esperanza en nosotros mismos y en nuestros hermanos… Necesitamos la sensatez de Jesús-Luz, su fraternidad y su capacidad de donación hasta la cruz… Sólo con Jesús-Luz podemos tender puentes y construir la iglesia cuerpo de Cristo…

Finalmente, pensando en ser sal, hemos de darle a nuestra sociedad un “sabor” más humano y no condenatorio, un sabor de esperanza y no de miedo, un sabor de vida y no de muerte… Un sabor de familiaridad que nos lleve a tejer lazos de comunión y a solucionar, junto con otros, conflictos que afectan a todos, especialmente a los más necesitados de todo… ¿Acepto ser sal y ser luz para beneficio de esta sociedad en la que me tocó vivir?

PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS, TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA LA SEMANA:

1.     Cuando tengamos la luz de Jesús en nuestro corazón, cuando seamos sal y luz, seremos sensibles para descubrir a Dios a nuestro alrededor, aún en las realidades más obscuras…

Te invitamos a descubrir la luz que emite el corazón de las personas que están a tu alrededor…

Medita en los comportamientos y las opiniones de las personas que no piensan ni actúan como tú…

¿Tienen razón en algo que yo no percibía de esa manera?

2.     Ejercítate en probar una comida sin sal y luego con sal

Luego responde: ¿En qué se parece esto a mi vida y misión?

3.     Tal vez, te pueda interesar la lectura de “El sanador herido”, de Henry J. M. Nouwen, aunque es un libro para ministros, sirve para comprender que podemos ayudar a otros a través del reconocimiento de nuestras propias heridas y el trabajo con ellas…

4.     Esta semana, en tu oración, pide a Jesús que te ayude a llegar a ser sal y luz… Humilde sal para resaltar el sabor de la vida y preservarla y luz levantada para que los perdidos puedan ver en medio de las tinieblas… Sal y luz que se consuman en buenas obras a favor de otros…

(Si esta ficha te ayuda, compártela)

Esta ficha, así como las de los domingos anteriores, la puedes encontrar en arquimedios.org.mx, pestaña de “formación” y “desarrollo espiritual”.

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