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Evo Morales y la Iglesia de la Pachamama

Fabián Acosta Rico

A pesar de sus afanes de sacralizar el estado y de divinizar a su líder carismático, el régimen de Chávez y el de Maduro distaron de ser enemigos de la religión. Sus apostasías como era de esperarse desagradaron a más de un prelado pero estuvieron lejos los chavista de emprender una persecución contra la fe católica o las iglesias cristianas en general. Como lo reconoció el comandante en más de una ocasión, él no fue el clásico comunista ateo y anticlerical, se declaró cristiano y seguidor de Jesús de Nazaret y reconoció que las corrientes inspiradores de su proyecto político eran la teología de la liberación y la Doctrina Social de la Iglesia. (Tamayo, 2007)

Si Chávez y Maduro han plagiado formas, imágenes y hasta oraciones de la fe católica por conveniencias meramente terrenales o políticas, con el presidente Evo Morales (quien renunció a la presidencia de Bolivia), más que un acercamiento a la fe católica y  a las iglesias protestantes, hay por el contrario una abierta confrontación con ellas, que tendrá de trasfondo el indigenismo del presidente y su empeño, consecuente y congruente, de descolonizar a la sociedad y cultura boliviana. Va la revancha de los indios conquistados y evangelizados que de nuevo insumisos retornan, en este pedazo de Sudamérica, a sus antiguas creencias y costumbres por el mandato mayor de la Pachamama y con la bendición, el apoyo y el aval de su líder carismático.

Retornar a las creencias de los ancestros y adjurar del cristianismo no es una apuesta fácil pero las pasiones políticas y la firmeza ideológica del régimen de Morales la creen posible; desde el 2008 calificó a la Iglesia católica como un instrumento de dominación a servicio de las clases explotadoras que desde siglos han explotado y robado sus riquezas a los pueblos originarios.  (Septién, 2013).

Bajo la premisa de que la Iglesia está para servir al pueblo (o al régimen) y no al revés;  y apelando a un regalismo indigenista, un tanto fuera de época, Morales concibió la idea de fundar una Iglesia Católica Apostólica Renovada del Estado Plurinacional. El alto clero boliviano, como era de esperarse, lanzó duras críticas al proyecto del presidente y los descalificó. El obispo de Oruro, Cristóbal Bialasic, lugar donde ha comenzado la creación de dicha Iglesia advirtió que no merecía esa denominación, sino que habría que calificarla de secta.  (Septién, 2013)

Si se necesita de mucha osadía y audacia política para sacralizar el estado y a su líder instrumentalizando los signos y símbolos de la fe cristiana, como pretende el chavismo; más arriesgado  y contradictorio resulta  fundar una iglesia desde el Estado y más cuando dicho Estado, el de Bolivia, desde el 2009 de la voz de Morales se declaró laico. 

Para el 2013 el cisma iba tomando forma, el Régimen de Morales preparaba el lanzamiento de un arzobispo primado de Bolivia, el ex sacerdote católico Javier Ticona, en el Coliseo de La Coronilla, en Cochabamba. Fuentes católicas advertían que el Padre Ticona había sido expulsado de la Iglesia Católica por su mal comportamiento y que en la Iglesia que él encabezaría se daría cabida al matrimonio sacerdotal, el casamiento de homosexuales y aprobaría el aborto  (Septién, 2013).  La Iglesia de Morales sería pachamamista es decir con una profunda raíz precolombina centrada en el amor y culto a la madre tierra pero a la vez progresista defensora de ideas de vanguardia incomodas para los sectores conservadores de la sociedad.

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