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Jesús, amigo luminoso

Desarrollo Espiritual,

III DOMINGO, Ciclo A, 26 de Enero de 2020.

¿Estoy siempre dispuesto a convertirme en lo que Dios quiere de mí?

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano / Pbro. Sergio Arturo Gómez M.

¿QUÉ NOS DICE DIOS EN ESTE DOMINGO?

Isaías 8, 23b-9,3: En un tiempo en que la región de Galilea se sentía abandona, oprimida y desprotegida, Dios promete a su pueblo la luz de la alegría y la salvación…

Salmo 26: No temeré nada ni nadie, porque Dios me defiende… Yo espero que me ilumine y estar cerca de Él por eso tengo ánimo y soy valiente…

1 Corintios 1, 10-13.17: Los cristianos de Corinto estaban divididos en facciones, cada uno dando culto a la personalidad de los que les predicaban el Evangelio… Pablo los invita a la unidad diciendo: ¡No dividan a Cristo; vivan unidos en Él!

Mateo 4, 12-23: Jesús cumple la profecía de Isaías: Él es la luz prometida, porque nos trae la Buena Noticia de Salvación… Y, también, al inicio de su ministerio público busca amigos-colaboradores en su misión de pescar personas para hacerles el bien y sanarlos…

REFLEXIONEMOS JUNTOS:

Jesús deja Nazareth y va a Galilea, tierra alejada de los centros de poder; deja la paz y la seguridad de un territorio seguro y prefiere hacerse marginal y fronterizo… Él comienza su predicación hablando de la necesidad de que nos convirtamos al Reinado de Dios… Nosotros tenemos que aprender de nuestro maestro y asumir los riesgos de salir a las márgenes de la vida y la sociedad… Y vemos también que Jesús quiere colaboradores en su misión; no es un francotirador solitario, sino que llama a personas sencillas que lo aceptan y aman su mensaje y su estilo de vida…  y les da testimonio de hacer realidad sus palabras: va recorriendo el territorio curando, haciendo presente a Dios en la vida de los necesitados…

¿Qué tan dispuestos estamos a hacer un cambio en nuestro camino?

El hecho de que Jesús comience invitando al cambio y la rectificación, nos hace pensar en qué tan dispuestos estamos nosotros a crecer siempre y a caminar en la dirección de Reino que es Dios mismo en y entre nosotros… A veces, parecería que no fuésemos conscientes de nuestro proceso evolutivo y que casi no buscamos el cambio conscientemente, sino que dejamos que se dé por sí mismo o esperar hasta que ya no podemos seguir siendo igual que siempre… Hace falta que nos analicemos un poco más: ¿Qué me ha hecho ser como soy ahora? ¿Estoy satisfecho con mi identidad? ¿Se me antoja cambiar de opiniones y comportamientos? ¿Qué me impide convertirme? …Necesitamos estar más atentos a nuestros procesos internos de desarrollo porque muchas veces no somos conscientes de que vamos tomando rumbos que nos desvían de nuestro destino final… En este momento de mi vida, ¿camino en la luz o estoy envuelto en tinieblas? ¿Me siento aludido cuando escucho en el Evangelio que Jesús nos llama a la conversión?

El cuerpo místico de Cristo no puede estar dividido.

Pablo nos recuerda que la Iglesia es el cuerpo de Jesús, por lo tanto, que debemos estar unidos… porque un cuerpo, si quiere seguir estando vivo, no puede estar dividido… Nos hace comprender que no siempre tenemos la razón al defender nuestro punto de vista; no debemos despreciar lo que es de los demás, porque, al hacerlo, denotamos que estamos necesitados de poder y reconocimiento por encima de la razón y la justicia… Cuando nos volvemos tan dogmáticos nos cerramos y dejamos de descubrir la bondad y la belleza de los demás… Nos dejamos dominar por el egoísmo que es lo contrario al Reinado de Dios… Estamos lejos de la comunión cuando condenamos a los demás y creemos que sólo lo nuestro tiene valor… Necesitamos darnos cuenta de la sombra que llevamos dentro, para no proyectarla sobre otros a los que comenzamos a atacar, porque vemos en ellos lo que no aceptamos de nosotros mismos… Necesitamos que nuestra sombra interior sea iluminada por el amor incondicional de Dios para poder reconocerla – con su odio, su rencor, la avaricia, etc. Ocultos a los ojos de nuestra conciencia – y redimirla… La vida eclesial/comunitaria nos brinda la posibilidad de ir descubriendo lo que me humaniza o me deshumaniza… ¿Promuevo la comunión o la separación en la comunidad? ¿Qué me dice esto de mí mismo? ¿Recibo algún llamado a la conversión en este aspecto también?

Apliquémonos el mensaje de hoy en un proceso de cuatro pasos: Descubramos que Dios reina en medio de nuestras tinieblas, iniciemos y mantengamos la conversión/liberación, encontremos sentido a lo que vivimos y unámonos – en comunión – a la misión de Jesús.

La luz de Dios ilumina nuestras tinieblas.

1.     Descubramos a Dios en medio de nuestras tinieblas: Dios resplandece cuando viene a liberarnos, a quebrar los yugos internos y externos que nos oprimen… ¿Cómo puedo entender esa luz de Dios que brilla para mí y, a través de mí, para nosotros? Necesitamos ver la vida desde una perspectiva espiritual-profética en la que entendamos que es Dios quien conduce nuestra vida, Él permite algunas caídas y que los acontecimientos de nuestra historia nos sirvan de aprendizajes que podemos aprovechar para nuestro crecimiento… Él jamás nos estorba ni violenta nuestra libertad… La luz de Dios siempre brilla con fuerza; nos hace percibir un camino y una respuesta en medio de las adversidades… ¿Entiendo que las tragedias humanas que me ha tocado vivir terminan siendo motivos de Salvación?

2.     Iniciemos y mantengamos nuestra conversión-liberación: Cuando iluminamos nuestra vida con la luz de Dios, podemos percibir que Él convierte en bendiciones lo que antes percibíamos como maldiciones…

“El Reino de los Cielos está cerca”… Jesús lo hace presente, es el poder ejercido por Dios que se nos acerca para rescatarnos de nuestras tinieblas, que nos hace miembros de su cuerpo con el que tenemos que comulgar… ¿Estoy siempre dispuesto a convertirme?

Resignifiquemos nuestra oscuridad y pongámonos en la ruta correcta.

3.     Encontremos sentido a lo que vivimos: Es un cambio de perspectiva (una metanoia) que nos lleva a profundizar nuestra manera de pensar y juzgar y nuestra actitud hacia la vida en general… Sólo al ser capaces de resignificar lo más obscuro de nuestras vidas, podemos ponernos en la ruta correcta y colaborar con Jesús en su misión… ¿Soy capaz de aprender de mis experiencias negativas? ¿Puedo agradecer los momentos dolorosos de mi pasado y mi presente?

4.     Unámonos a la misión de Jesús: Al hacerse la luz dentro de nosotros, la podremos compartir con nuestros hermanos… Nos hacemos “pescadores de hombres” que valoran más el Reinado de Dios y el bien que nos hace… Podemos dejar nuestras redes remendadas e ir pescar personas para hacerlas parte del cuerpo místico de Cristo… ¿Mi proyecto de vida coincide con lo que Dios espera de mí?

PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS, TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA LA SEMANA:

1.     Tomando ideas de la primera lectura, sabemos que Dios “castigó” a los habitantes de Zabulón y Neftalí por sus pecados, pero ese “castigo” les ayudó a ver, a darse cuenta; aprendieron a descubrir – con dolor – sus sombras, pecados y vicios… Nosotros tampoco queremos ver nuestras sombras, pecados y vicios… a veces sólo los vemos cuando somos humillados por otros que nos obligan a verlos…

Piensa en algunas situaciones obscuras por las que has pasado, en las que te has sentido perdido, abandonado y agredido… y, puede ser que hayas reaccionado mal o hasta te hayas vuelto agresivo…

Reflexiona: “Mi sombra es obscura y está hecha de todas las partes que yo califico como malas en mí – en materia sexual, agresiones y ego – …Al reconocerlas siento vergüenza y deseo que permanezcan en la obscuridad… ¿Qué descubro de mí en estas sombras?

Todos tenemos luces y sombras, es importante conocerlas y darles sentido.

Cuando me acerco a la luz de Dios, descubro en mi conciencia que mi sombra también posee cosas buenas y que Él me ama con todo y mis obscuridades… Me siento amado y le agradezco a Dios…

Cuando consciente de mis debilidades y de que, aun así, Dios me pide que le ayude en su misión… Esto me ayuda a no juzgar, sino a amar incondicionalmente a mis hermanos con todo y su sombra…”

¿Qué aprendo de esta (auto)exploración?

Recuerda que el cambio personal sólo puede surgir de la autocomprensión… Por lo tanto, mientras más me conozca, más podré descubrir mi camino hacia la humanización/divinización… Y más útil seré en las manos de Dios…

2.     Esta semana, en tu oración, dile al Señor: “Dame la capacidad de escuchar tu voz que me llama a conocerme más, a convertirme, a seguirte, a actuar a favor de mis hermanos más necesitados… que siempre busque y trabaje por la comunión en tu cuerpo místico y para extender tu Reino de luz resplandeciente…”

(Si esta ficha te ayuda, compártela)

Esta ficha, así como las de los domingos anteriores, la puedes encontrar en arquimediosgdl.org.mx, pestaña de “cultura y formación” y “desarrollo espiritual”.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

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