La libertad

Sergio Padilla Moreno

La libertad es, sin duda, uno de los valores fundamentales que nos hace humanos, el cual necesita ser conquistado y cuidado por el esfuerzo personal y colectivo. De aquí que perder la libertad, desde sus distintas densidades de significados y perspectivas, es una de las más terribles experiencias que se puedan enfrentar, tanto individual como socialmente. Las variadas prisiones que comprometen en diversos grados la libertad y en las que se puede caer por error, por ignorancia, por correr ciertos riesgos o por causa de otros, es un tema que el arte operístico y musical no ha dejado de lado, lo que nos permite apreciarlo desde las categorías estéticas, revelando matices a los que solamente desde aquí se puede acceder.

Diversas obras operísticas nos han mostrado que la lucha por conquistar y mantener la libertad es un asunto complejo y apasionante. Cómo no conmoverse ante la súplica de libertad de un pueblo deportado y prisionero en tierras extranjeras (Nabucco de Verdi). Cómo no dejarse tocar por el grito de prisioneros que salen unos minutos de las mazmorras para contemplar por un breve tiempo la luz del sol (Fidelio de Beethoven). Cómo no indignarse ante al hombre que aniquila su libertad para aprisionarse en jaulas de oro y terminar encerrado en su más absoluto egoísmo (Macbeth de Verdi). Cómo no compadecerse del drama de la mujer inocente que, aprisionada por convencionalismos sociales, es obligada a renunciar a su libertad (Lucía di Lammermoor de Donizetti). Veamos cómo la música penetra en los complejos recovecos de estos dramas a través de dos ejemplos de óperas del compositor italiano Giuseppe Verdi (1813-1901).

1. Verdi nunca imaginó que la ópera que le proporcionó el primer éxito en el inicio de su carrera trascendería el paso de los tiempos por uno de sus pasajes corales: elVa, pensiero, sull’ali dorate” (¡Vuela, pensamiento, sobre alas doradas!). En el acto tercero de su ópera Nabucco, los hebreos desterrados en Babilonia cantan entrañablemente: “Oh mia patria sì bella e perduta!”(¡Oh, patria mía, tan bella y perdida!), canto que muchos sectores actuales del pueblo italiano han hecho suyo al considerar que su país se ha internado en diversas prisiones.

2. Quizás una de las experiencias más terribles que puede vivir un ser humano sea irse enredando en sus mentiras, en sus opacidades, en sus mañas por obtener poder, prestigio o placer a costa de lo que sea, incluso atentando contra su propia libertad, para así quedar aprisionado en un egoísmo que lo aniquila. Esto es lo que podemos constatar en Macbeth, basada en la obra de Shakespeare, pues podemos seguir el proceso del protagonista por sus diversas etapas hasta sentirse absolutamente prisionero de la propia cárcel que él mismo fue labrando poco a poco.

padilla@iteso.mx

Nabucco – Riccardo Muti

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