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La Piedra en el Zapato: Otro dos de octubre

La justicia social no es una forma de limosna, sino una verdadera deuda del estado con las familias.

Papa Francisco

Fernando Díaz de Sandi Mora

Tristemente, nuestro país se ha convertido en un museo de fatalidades, de impunidad que traspiran las calles de nuestras ciudades sembradas de miedo, de dolor, de ira, de injusticia, de sangre.

Los años pasan y los asuntos inconclusos en materia social continúan sin solución, sin claridad, oscurecidos y empañados por el paso del tiempo, sepultados bajo la burocracia y la indiferencia de un pueblo que se entretiene con muchas cortinas de humo, la ignorancia, la desunión.

Dicen que el 2 de octubre no se olvida, pero creo que perfectamente le daríamos varias vueltas al calendario si hiciéramos una recopilación de cada fecha en que muchas de nuestras familias mexicanas han vivido en carne propia toda clase de situaciones y circunstancias que les han dejado dolor, miseria y frustración ante las injusticias de un gobierno cada vez menos capaz, y de una descomposición social que cada día nos alcanza a todos.

Aquella masacre a la juventud en aquel incipiente otoño del 68, parecía solo prefigurar los desfiguros actuales en los que muchos de nuestros jóvenes mueren en garras del narcotráfico, en el que se pierden 43 y contando, en el que desaparecen miles de personas dejando sillas vacías y corazones rotos en los hogares mexicanos.

La paz parece no alcanzarnos; la tranquilidad parece alejarse cada día más en los corazones de padres y madres de familia que se angustian porque el hijo se tarda, porque el hijo no ha llegado, porque el padre, la madre o el hijo, no regresan.

Creo que es momento de unirnos para amortiguar esta incertidumbre, para orientar los esfuerzos hacia una mejor y más sana convivencia social que comience en las familias, justo ahí, donde se fabrican las buenas personas o se desfigura alguien y resulta un delincuente.

Creo que también nuestros gobernantes deben ser exigidos para cumplir con su parte en aras de la justicia y la seguridad. No es posible que sintamos ese raro temor cuando un policía se acerca o cuando un político habla. No es un favor que les pedimos, es su obligación, su compromiso. ¡Ustedes trabajan para nosotros!, así que a desquitar el jugoso sueldo.

Y creo que los delincuentes, los que hacen mal, los que dañan, lastiman y enlutan a nuestras familias, sean de cuello blanco o negro, del cártel fulano o mengano, deseo que suceda lo necesario en sus vidas para que ya dejen de fastidiarnos la vida a quienes solo anhelamos y trabajamos por una paz duradera.

Más allá de fechas, calendarios y homenajes, creo que esta sociedad requiere de acciones responsables, de padres cercanos a los hijos, de profesionistas comprometidos, de gobierno honesto.

La paz es un trabajo común que nos corresponde a todos.

Que Dios nos ayude.

Facebook/Fernando D´Sandi

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

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