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La vela que le tenía miedo a la obscuridad

Dr. Actitud*

Había una vez una vela que le tenía miedo a la obscuridad, su miedo era tan grande que le impedía ir a lugares que siempre había querido conocer, hacer nuevas amistades y, en general, vivir una vida plena. Se podía decir que su vida se caracterizaba más por las limitaciones ocasionadas por su miedo a la obscuridad que por lo que sí se atrevía a hacer.

Pasaron los días, las semanas, los meses, los años… y la vela se acostumbró tanto a vivir su miedo a la obscuridad que ya casi le parecía natural, hasta que un día se dio cuenta que, si ella se encendía, la obscuridad se terminaba.

Conforme la vela pasaba más y más tiempo encendida, comenzó a notar muchas cosas, por ejemplo, que:

  1. Aunque ella fuera la única luz, ya no habría completa obscuridad.
  2. Entre más densa fuera la obscuridad, más se notaría su luz.
  3. No era la única vela en la misma situación.
  4. La obscuridad no podía apagarla.
  5. Si algo la llegara a apagar, podía encenderse nuevamente.
  6. Muchas veces no necesitaba comenzar una batalla campal contra la obscuridad, bastaba con llevar su luz a donde hacía falta.
  7. Al encenderse, inspiraba a otras velas apagadas a encenderse también.
  8. Su luz no sólo alumbraba su camino, sino que iluminaba su alrededor y le servía de faro a otros.
  9. Si bien al encenderse se consumía, podía elegir hacerlo sólo para sí misma o para un fin más trascendente.
  10. Si en su camino encendía otras luces, en ese lugar ya no habría obscuridad, aunque después se alejara de ahí.

Todos somos como velas, nuestros valores son la cera que nutre el fuego; el pabilo, la convicción que determina el tamaño de nuestra flama, la luz que producimos son nuestras acciones, nuestros ideales son el candelabro que, si es sólido y alto, hace que nuestra luz llegue más lejos.

Algunos somos llamados a combatir la obscuridad, otros a llevar luz para encender, inspirar o ser faro para los demás.

¿Cuál es la obscuridad que alejarás con tu luz? (ignorancia, falta de fe, tibieza, odio, etc.) Tienes tus valores, tu convicción, tus acciones, y tus ideales. ¡Brilla, inspira, enciende otras velas, guía con tu luz!

Que tu deseo de brillar sea más grande que la obscuridad que te rodea ¡Ha llegado tu momento de brillar!

*Dr. Juan Pablo Aguilar
Autor y conferencista
www.dractitud.com

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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