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Las dos caras del calentamiento global: Jair Bolsonaro y Greta Thunberg

Fabián Acosta Rico

El filósofo José Ortega y Gasset habló de un choque generación; de un contrapunto entre los que inician su travesía por la vida y los que empiezan la cuentan regresiva rumbo al término o salida. Las generaciones están marcadas por los estigmas de la cultura global y las transformaciones socio-tecnológicas.

Un adelanto como el desarrollo de la tecnología táctil empleada en las tabletas o en los teléfonos inteligentes impacta casi en los términos de la vieja y cuestionada astrología “las entregas de las cigüeñas” a la vez que define y propicia la creación de nuevos productos culturales de uso masivo y de influencia global; de tal suerte que los niños que nacen usando estas innovaciones y que, por ende, están expuestos a los contenidos por ellos facilitados quedan troquelados o determinados cultural y psicológicamente; tienen rasgos en su personalidad comunes o generacionales que los distinguirán y que serán su sello distintivo emocional y caracterológico. Los teléfonos de disco y la música que sonaba en los tocacintas definieron a toda una generación: la X; igual ocurrió con aquellos que nacieron con el fonógrafo y el cine mudo la abandonada: generación silenciada.

La conexión cultural e incluso hasta cognitiva y emocional existente entre los miembros de una misma generación marca su tendencia a ver y entender el mundo desde una perfectiva; de igual manera el estar lejos o cercanos al promedio de vida también define una postura ante temas tan polémicos como la natalidad y el calentamiento global. Es una obviedad decir que si tengo más setenta años y la expectativa de vida es de 85 crisis como los incendios en la Amazonia no me alarman tanto como a una niña de 14 años con síndrome de Asperger.

También las simpatías y las antipatías hacia los líderes políticos y de opinión tiene una carga emocional generacional; en esta torre de Babel en la que se han convertido las nuevas tecnologías de la información y en particular el Internet: es común como ocurre con el caso Greta Thunberg, la activista de 16 años, la orgullosa y muy representativa integrante de la generación T o touch, la cual saltó a la fama mundial por la huelga escolar que emprendió frente al parlamento de su natal Suecia, en agosto del año pasado, reclamando acciones más firmes de parte de los gobierno del mundo contra el calentamiento global. Apoyada por empresas y asociaciones a favor de la transición hacia tecnologías limpias, la adolescente llegó hasta las Naciones Unidas donde pronunció un muy emocional y confrontador discurso en el marco de la  Cumbre del Clima, ante líderes y mandatarios de distintos países entre ellos Donald Trump; a quien le ha hecho un par de desfiguros que han abonado a su popularidad en los medios.

La contra cara de Greta incluso en lo generacional es sin duda Jair Bolsonaro, el baby boomer ultraconservador que gobierna Brasil y a quien le han llovido críticas por los pasados incendios que asolaron la selva Amazónica; para la opinión pública internacional su falta de compromiso con la emergencia climática quedó demostrado al restarle importancia y no actuar con contundencia ante la devastación que sufría el considerado pulmón del mundo. Sobre ese punto; en el mismo escenario donde hizo su número ambientalista Greta, la ONU, Bolsonaro esgrimió un discurso en contrapunto, dejándoles en claro a los gobiernos del mundo y a las instituciones internacionales que la Amazonía no era patrimonio de la humanidad, que le pertenecía a Brasil y que cualquier ayuda extranjera debía estar mediada por su gobierno. Sentenció que, más que preocupaciones ambientalistas, había intereses económicos trasnacionales detrás de la preocupación y las alertas acerca del descuido y la desatención prestada por su administración a este reserva ecológica.

Bolsonaro y Greta son los dos polos generacionales, antitéticos y disímbolos, de una misma problemática: para muchos la adolescente sueca es todo un ejemplo de conciencia precoz y de liderazgo juvenil; los de su edad e incluso mayores, como los millennials, la siguen en televisión e Internet y celebran sus palabras y gestos; otros, por el contrario, principalmente  treintones y cuarentones de la generación X la descalifican y tildan de producto mediático, de títere de los lobbies y empresas verdes. Con Jair las simpatías generacionales se invierten; las descalificaciones le vienen de los más jóvenes y las aprobaciones de los más maduros que encuentran sensato que, como presidente, defienda la soberanía de su país. La razón y la verdad en nuestro tiempo más que nunca están relativizadas generacionalmente y el problema ambiental es un claro ejemplo de ello en la confrontación entablada entre aquellos que niegan o minimizan el cambio climático y los que se ponen apocalípticos respecto a la devastación de los ecosistemas.

Acerca de David Hernandez

Lic. en Filosofía por el Seminario de Guadalajara | Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Veracruz | Especialista en temas religiosos | Social Media Manager

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