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Lo pedagógico del enseñar a vivir

“Existe también una tensión bipolar entre la idea y la realidad. La realidad simplemente es, la idea se elabora. Entre las dos se debe instaurar un diálogo constante, evitando que la idea termine separándose de la realidad. Es peligroso vivir en el reino de la sola palabra, de la imagen, del sofisma. De ahí que haya que postular un tercer principio: la realidad es superior a la idea” (Papa Francisco)

Mtro. Jorge Iván García Morando*

Dentro de la historia, nos hemos encontrado con dos expresiones fuertes que definen nuestro lugar, sentido y propósito en la existencia, en tanto que, las dos se estructuran a partir de su finalidad y, por ende, su contenido en el devenir que va del pasado al futuro pero que se viven en el presente: por un lado, el vivir para la muerte (Memento mori “No olvides el morir”)  y por el otro, el vivir para vivir (Memento vivere “No te olvides de vivir”).

A diferencia de nuestra condición humana global que vive en un entorno volátil, de incertidumbre, de complejidad y de ambigüedad, los antiguos sabían vivir el presente, lo que para algunos la han llamado la <<Salud del momento>>, sin embargo, que no se confunda el vivir el momento efímero y fugas de esta modernidad líquida con lo que para los antiguos significó <<vivir el presente con presencia>>.

Precisamente a este vivir para vivir me remito cuando se trata de entender la usencia del que está presente, de aquella nostalgia por el pasado, de aquel vivir para morir, es decir, de aquella educación que tiene como recompensa final la muerte y de aquel sentido que tiene como momento el vivir lo “constante extraordinario” para evitar lo ordinario. Vivir para vivir tiene que ver entonces con el reconocer que cada instante presente no es trivial ni efímero sino que es necesario que, en la vivencia de la presencia se descubra su riqueza , su valor y el sentido pedagógico de nuestro vivir para vivir.

Gracias a esta pedagogía del enseñar a vivir, o bien, a esta toma de conciencia del valor del presente y de la presencia es como la vida puede reencontrar la dignidad y su nobleza en un entorno agitado y acelerado  por querer cambiar constantemente de perfil o identidad. Esta didaxis que provee la pedagogía del enseñar a vivir posibilita el ejercicio constante de la facultad intelectiva y espiritual para encontrar la paz en el alma a través de la transformación de sí y de la mirada dirigida al mundo.

Que el “no te olvides de vivir” se convierta en el leitmotiv de nuestro vivir, en un gozo de existir, así como lo expresa el Papa Francisco en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium: “Es la alegría que se vive en medio de las pequeñas cosas de la vida cotidiana, como respuesta a la afectuosa invitación de nuestro Padre Dios: «Hijo, en la medida de tus posibilidades trátate bien […] No te prives de pasar un buen día» (Si 14,11.14). ¡Cuánta ternura paterna se intuye detrás de estas palabras!”.

Que esta alegría se traduzca en acción, en tanto que, el vivir es estar activo, que en otras palabras, es el compromiso que tiene el hombre por el otro, por cuidar la naturaleza y, sobre todo, porque en la acción del vivir para vivir o en la enseñanza del vivir se encuentra el deber-ser constante del gozo por vivir.

*Coordinador de Proyectos Sociales y Religiosos, UNIVA

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