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Mucha gente, pocas personas

Cada muerte violenta nos disminuye como personas. (Papa Francisco, Colombia 2017)

Fernando Díaz de Sandi Mora

A cada paso nos vemos rodeados de gente pasando; familia, amigos, compañeros de trabajo, conocidos y desconocidos. Un mundo con siete mil 700 millones de habitantes, pero, desafortunadamente, con pocas personas. Nuestro mundo vive un cáncer que está carcomiendo nuestra armonía, envenena nuestras relaciones y nos aleja cada día más de una verdadera y permanente paz: la deshumanización.

Nos rodean las injusticias sociales, abusos de poder, la discriminación por creencias, raza, una descontrolada violencia que nos convierte en seres insensibles, inmunes al dolor y al sufrimiento de los demás. Vivimos en una sociedad sin sentido de concientización para discernir entre lo que es bueno o malo; las personas solo actúan sin pensar y cuando toman conciencia del daño, éste ya está hecho.

Somos menos personas, cuando empobrecemos la comunicación entre padres e hijos, cuando privilegiamos el mundo por la pantalla del celular a alzar la vista y mirar las necesidades del mundo real; somos menos personas cuando nos convertimos en máquinas de hacer dinero, casi “bestias de carga” en maratónicas jornadas de trabajo para tenerlo y ser una nada, una estadística, una cuenta en el banco, una figura pública, lo que sea, menos persona.

Esta deshumanización nos hace olvidar lo más natural y esencial del ser humano, lo que realmente somos y lo que nos caracterizó desde nuestros orígenes. Nos encanta alardear de ser tan fantásticos como maravillosos, de ser la especie más avanzada, pero, ¿de verdad la más inteligente?… Porque muchas veces nuestros actos indican, más bien, todo lo contrario.

Es preciso ayudarnos unos a otros, cooperar conjuntamente por el bien común, dejar de separarnos y despreciamos por tener ideales y creencias distintas.

Un buen comienzo podría comenzar con la recuperación de todos aquellos valores que hemos ido perdiendo con el paso del tiempo, como es el caso de la cooperación, la escucha activa, la empatía, la solidaridad, el altruismo, la humildad, la sencillez…

Diría el mítico mosquetero: uno para todos, y todos para uno.

Facebook/Fernando D´ Sandi

Acerca de David Hernandez

Licenciado en Filosofía por el Seminario de Guadalajara. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Veracruz. Especialista en temas religiosos y Social Media Manager.

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