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Mujer: Esperanza de paz para el mundo

«El propósito de la mujer es la armonía en el mundo…» Papa Francisco (Febrero, 2017, Iglesia de Sta. Martha)

Fernando Díaz de Sandi Mora

Mujer… Palabra que se dispara en múltiples dimensiones y libera pensamientos, ideas y emociones varias.

Han pasado ya dos décadas de este nuevo siglo y el rol protagónico de la mujer ha cobrado una enorme relevancia en el desarrollo de la sociedad, la productividad y el protagonismo universal. Y no es que las mujeres de antes no lo hicieran, sino que los alcances de su actividad y funcionalidad han traspasado las puertas del hogar y han llenado del perfume de sus virtudes, cualidades, dones, talentos y habilidades prácticamente cualquier sector de la humanidad.

La mujer de hoy ha caído en una trampa mortal: una igualdad o equidad mal entendida; si bien aplaudo los esfuerzos que muchas mujeres y hombres de nuestro siglo han realizado en aras del respeto a los derechos, el paralelismo en las oportunidades más allá del género y otros aspectos fundamentales que dignifican al ser humano (hombre o mujer), vemos también un retroceso, una involución en lo que se refiere al equilibrio de fuerzas, sobre todo en formas de pensar, ser y actuar en la vida.

Tristemente, muchas mujeres de hoy han decidido “igualarse” al varón, pero en la versión más torcida y destructiva para la convivencia humana.

La dignidad humana no estriba en usar vestido o pantalón, y de acuerdo estoy que poco o nada tiene que ver el largo de sus faldas; pero lo que sí es imperdonable para hombres y mujeres, es dejar de ser humanos, realizando toda clase de acciones que dañan, lastiman, enlutan y han convertido nuestra sociedad “civilizada y moderna” en una selva salvaje, un campo de batalla donde hemos abandonado el hogar y a los más vulnerables por ir detrás de los espejitos que nos vende un sistema putrefacto que aplica la máxima de “divide y vencerás”.

Amo a la mujer, como la persona, como el ser creado por un Dios que nos pensó y nos planeó en una bendita complicidad de transformación y progreso; una hermandad de relaciones basadas en el respeto y la cordialidad, la tolerancia, la caridad, servicio y compasión.

A nombre del género masculino, pido perdón a cada mujer de este mundo, de este siglo, de tiempo presente, pasado y venidero, por aquellas actitudes y acciones irracionales que en cualquier forma les haya denigrado o lastimado. Reconozco su grandeza que estriba en su ser de mujeres y no en función de lo que hacen. Y les encomio, con el corazón en la mano, que juntos, hombres y mujeres, llevados de la mano de ustedes, las que dan vida, que logremos establecer un orden armónico donde la paz y el respeto nos conformen en una hermosa y auténtica imagen y semejanza de Dios, que es amor…

Acerca de David Hernandez

Lic. en Filosofía por el Seminario de Guadalajara | Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Veracruz | Especialista en temas religiosos | Social Media Manager

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