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Ni pa’tras, Ni pa’delante

La paz exige colocar en el centro de toda acción social, política y económica, a la persona humana, su altísima dignidad y el respeto por el bien común”. Papa Francisco

Fernando Díaz de Sandi Mora

A un año de vivir el relevo de la cúpula política de nuestro bendecido y lastimado país, considero importante y oportuno gestionar reflexiones desde la fe y la consciencia humana, en aras de discernir sobre el quehacer de los nuevos actores políticos y el papel que como sociedad hemos asumido.

Me gustaría ser portavoz de excelentes noticias, de cambios positivos de alto impacto en el escenario social de nuestra nación, sin embargo, con gran pesar, como versaba aquella mítica canción que interpretara el español Julio Iglesias, “la vida sigue igual”. Las sonoras promesas que apenas a vuelta de calendario detonaron la euforia casi irracional reflejada en las boletas electorales, hoy parecen quimeras, discursos rancios de alguien que dice querer, que dice hacer, pero como dicen en mi rancho: del dicho al hecho, hay mucho trecho.

A veces parece que ya nos rendimos, que ya no hay nada más por hacer y que simplemente nos queda estar a merced de la voluntad de los que tienen secuestrado todo el bienestar y las oportunidades de desarrollo y crecimiento. Yo creo que todavía podemos hacer algo. No todo está perdido, pero eso depende de todos.

El padre de familia debe intentar un mayor acercamiento y comunicación con su pareja e hijos, convirtiendo el hogar en una escuela de valores y principios. Los jóvenes bien pueden estudiar con mayor dedicación y entrega para convertirse en buenos profesionistas en toda la extensión de la palabra. Podemos dejar de contaminar, respetar las diferencias, dejar de hacer trampas, unirnos más como sociedad en lugar de dividirnos y pelear por cualquier estupidez, cerrar filas en torno a los que más necesitan, trabajar a consciencia, ya no ofrecer “mordidas”, dejar de gastar a lo tarugo, ser más puntuales, criticar menos y servir más, en fin.

Hay toda una serie de acciones concretas que pueden ir, de poco en poco, demostrando a nuestros políticos lo que nos merecemos como sociedad. Sin embargo, si seguimos como estamos, no esperemos que un día nos llegue un auténtico y comprometido administrador público. Los políticos que tenemos hoy en día son lo que como sociedad nos merecen nuestras acciones; es como en las cartas, “como veo doy”. Mientras nos sigamos tratando como una sociedad de individuos tramposos, amañados, un pueblo lleno de pobreza (y no solo en los bolsillos, sino mental), mientras vivamos como un pueblo sin aspiraciones, sin respeto, sin amor por la vida, sin voluntad y entusiasmo por la libertad y la paz, seguiremos viendo el desfile de muchos payasos más, que en turno esperan para roer el hueso, darle la vuelta y dejarlo al siguiente.

Hay mucho México, seamos suficientes para merecerlo.

Acerca de Rebeca Ortega Camacho

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