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PAIDEIA: Mentes y corazones débiles

Soy parte de la fuerza del universo

El Estoico

José Andrés Guzmán Soto

Hoy en día  impera la ley del menor esfuerzo porque casi todo los tenemos a la mano y fácil de alcanzar gracias a los avances tecnológicos y mejor calidad de vida. Lo anterior ha traído como consecuencia un deterioro del espíritu del ser humano que cada día es más débil de voluntad.

Hay múltiples manifestaciones de nuestra debilidad de voluntad al igual que diversas justificaciones para no aceptar nuestras debilidades: que son otros tiempos, el respeto a nuestros derechos, el amor a uno mismo ante todo, el respeto a nuestra identidad y un lago etcétera que esconde nuestro corazón débil.

Hoy muchos de nosotros buscamos huir de los problemas en lugar de enfrentarlos con valor y serenidad; tenemos miedo al compromiso porque implica, no pocas veces, sacrificio, esfuerzo, renuncia a ciertos placeres; buscamos conseguir metas en nuestros proyectos de vida o de trabajo sin el menor esfuerzo; queremos que las cosas se den sin poner algo de nuestra parte; buscamos tener dinero comprando boletos de la lotería y tener suerte, más no por el trabajo cotidiano y el esfuerzo constante

Por otra parte, los débiles de voluntad son presa fácil de los manipuladores de conciencia, llámense líderes políticos, religiosos o mercadólogos quienes les crean necesidades y ofrecen soluciones a sus problemas o prometen una mejor vida que nunca llega; además los convierten en fanáticos de una ideología, de un credo o de una estrella del firmamento deportivo, musical o artístico.

Frente a esta situación de mentes y corazones débiles, tenemos que aprender y enseñar, sobre todo a los niños y jóvenes el valor de tener un corazón y una voluntad templada en la fortaleza, que significa hacer de nosotros personas fuertes ante la adversidad, ante el dolor, ante los conflictos y problemas para enfrentarlos con valor, con entusiasmo y con inteligencia.

La  base de un corazón fuerte está en comprender el valor del sacrificio, del esfuerzo, de la templanza, de la constancia, y  sobre todo de la confianza en uno mismo, en las cualidades y virtudes que Dios puso en nuestras manos para, no sólo superar nuestros problemas y dificultades, sino para alcanzar nuestras metas y nuestros proyectos.

El trabajo diario, constante aunado al esfuerzo y entusiasmo da como resultado un corazón fuerte y dinámico para lograr grades proyectos a través de pequeñas acciones con inteligencia y perseverancia alcanzando el desarrollo integral para el bien propio y de nuestra sociedad.

Finalmente, no debemos olvidar que no estamos solos en esta aventura de la vida; contamos con el apoyo de quienes conviven con nosotros y con amistad, su cariño, su amor, sus consejos y su apoyo; son parte de nuestra vida y son también la fortaleza de nuestro corazón para que la ayuda de Dios alcancemos nuestro bienestar y nuestra felicidad. No hay mejor persona que una de corazón fuerte y un espíritu valiente. Iniciemos el camino de aprender y  enseñar el valor de la fortaleza.

aguzmanuniva@gmail.com

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