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PAIDEIA: Recuperar la convivencia y solidaridad

José Andrés Guzmán Soto

Una de las más grandes debilidades de la sociedad de hoy es, sin duda, la falta de convivencia y solidaridad entre las personas. Es un flagelo constante que todos vivimos a diario en sociedades masificadas donde cada uno de nosotros no somos más que un número estadístico y un dato más para la información noticiosa.

Muchas son las causas de esta triste realidad: El crecimiento exponencial de las ciudades donde se pierden las relaciones interpersonales, la cohesión social, el sentirse parte de una comunidad; otra causa es la deficiente formación humana en muchas familias donde se inculca, más que el amor, la violencia, el egoísmo y la competencia; además, está la deformación cultural que promueven los medios de comunicación masiva que impulsa amor a sí mismo por encima de la amistad y la solidaridad, los estereotipos clasistas y excluyentes que promueven la división en lugar de la unidad social.

Las consecuencias son mayúsculas tanto a nivel individual, familiar y social: a nivel individual estamos promoviendo un ser humano carente de vínculos de relación afectiva y muy ocupado en su egocentrismo donde primero es el yo, después el yo y al final el yo; a nivel familiar estamos destruyendo los vínculos familiares porque en muchas familias lo más importante es el bienestar económico más el amor entre los miembros de la familia, lo cual provoca una formación egoísta; donde se entroniza el yo y se olvida el nosotros.

Las consecuencias anteriores provocan un caos social  done impera la violencia, el robo, la impunidad, el desprecio por los derechos de los demás, donde la amistar se vive a cuantagotas, donde las relaciones humanas son más de funcionalidad  y utilitarismo que de afecto, donde a otro lo vemos más que un posible amigo un enemigo en potencia, lo cual provoca miedo, temor y sospecha. Vivimos en una sociedad anónima, de competencia, de mentiras, a la defensiva siempre por todo lo que sucede a nuestro rededor de muertes, violaciones, impunidad y violencia a diario.

Es pues, urgente y necesario que desde la familia,  la escuela, la iglesia y demás instituciones de formación aprendamos y enseñemos a vivir juntos, como compañeros y hermanos en nuestro caminar por la vida; que tengamos la capacidad de comunicarnos con los demás buscando un mejor entendimiento a partir del diálogo entre nosotros con empatía, sinceridad y respeto.

Tomemos conciencia de que aunque tenemos personalidades, gustos, deseos, proyectos y mil cosas más diversas, existen semejanzas e interdependencias entre todos  nosotros porque todos vivimos en esta hermosa Tierra y gozamos de los beneficios de la naturaleza; porque Dios nos ha regalado miles de dones para compartirlos y poder convivir como seres humanos que somos.

Si somos personas de fe y esperanza, hagamos del amor y la amistad el aire de una nueva humanidad, aprendiendo siempre a vivir con los demás.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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