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Incomprensión, tragedia de vida

Por: José Andrés Guzmán Soto

La incomprensión reina en las relaciones entre los seres humanos.  Vive en el corazón de no pocas familias, en el trabajo, en la vida profesional, en las relaciones entre individuos, entre los compañeros de estudio, en la vida de las organizaciones.

La incomprensión está en todas partes y es la portadora de malentendidos,  menosprecios, odios y violencias. A menudo, es el origen de los fanatismos, los dogmatismos, las imprecaciones, la destrucción de comunidades y sociedades.

La incomprensión suscita las falsas percepciones del prójimo, los errores para con los demás, con las secuencias de hostilidad, menosprecio, odio, indiferencia. Por la incomprensión juzgamos erróneamente a los demás, causamos daños -tanto físicos como psicológicos- por la calumnia, el odio o la venganza.

Entonces, cómo comprender, comprenderse a sí mismo, comprender a los demás?

De acuerdo con Edgar Morín, debemos de vivir tres tipos de comprensiones para engendrar la comprensión humana: objetiva, subjetiva, compleja.

La comprensión objetiva significa aprender juntos y comporta la explicación, que reúne y articula datos e informaciones objetivos concernientes a una persona, un comportamiento, una situación, etc. Proporciona las causas y determinaciones necesarias para una comprensión global.

La comprensión subjetiva es fruto de un conocimiento de persona a persona, que permite, comprender lo que el otro vive, sus sentimientos, motivaciones interiores, sus experiencias, sus alegrías, sus sufrimientos y sus desgracias.

La comprensión compleja es, no sólo el conocer la complejidad del ser humano, sino también las condiciones que estructuran la forma de pensar que guía sus acciones; sus contextos culturales y de situación.

Edgar Morín enumera los mandamientos de la comprensión:

  • “La comprensión rechaza el rechazo, excluye la exclusión.
  • Nos pide comprendemos a nosotros mismos, reconocer nuestras insuficiencias, nuestras carencias, sustituir la consciencia suficiente por la consciencia de nuestras insuficiencias.
  • Nos pide, en el conflicto de ideas, argumentar, refutar, en lugar de excomulgar y anatemizar.
  • Nos pide superar el odio y el desprecio.
  • Nos pide resistir al talión, a la venganza, al castigo, que tan profundamente escritos, están en nuestras mentes.
  • Nos pide resistir a la barbarie interior y a la barbarie exterior, en particular en los periodos de histeria colectiva.
  • Todavía no hemos empezado a reconocer la importancia mortal de la incomprensión y la importancia vital de la comprensión. La incomprensión está presente en la fuente de todos los males humanos. La comprensión está presente en aquello que hay de mejor en el hombre.
  • La tragedia humana, no es sólo la de la muerte, es también la que procede de la incomprensión”.

Acerca de David Hernandez

Lic. en Filosofía por el Seminario de Guadalajara | Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Veracruz | Especialista en temas religiosos | Social Media Manager

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