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¿Por qué leer?

El astrónomo que lee un mapa de estrellas que ya no existen; el padre que lee la cara de su bebé buscando señales de alegría, miedo o asombro; el amante que de noche lee a ciegas el cuerpo de su amada; el psiquiatra que ayuda a los pacientes a leer sus propios sueños desconcertantes; todos ellos comparten con los lectores de libros la habilidad de descifrar y traducir signos.

Alberto Manguel

Mtro. Jorge Iván García Morando*

Han pasado los días y los titulares de periódicos, noticieros, de los centros de debates universitarios, de los temas de conversación de pasillo o vecinal, de las sesudas discusiones de los “expertos en el tema”, de la vox populi y de las encuestas: no son sobre la importancia de la lectura.

Hecho social que nos lleva a dimensionar el grave problema en la que se encuentran las humanidades y en particular, las letras: basta con preguntarnos cuál es el último libro que leímos para dar cuenta de dicha devaluación, basta con revisar las estadísticas del promedio de libros que lee el mexicano para preguntarnos en qué se invierte el tiempo, basta con revisar el bagaje cultural de las instituciones para dar cuenta de la ausencia de las humanidades en ellas, basta con ver el regateo curricular en la que se encuentran las humanidades para encuadrar los aprendizajes “más idóneos” ante un futuro prometedor de lo post y trans humano, basta con comparar el ranking en el que se encuentran los youtubers, los influencer y el trending topic con las horas invertidas a la lectura y basta revisar la cantidad de usuarios que tienen Whatsapp, Facebook, Twitter, Instagram, Snapchat o los dispositivos inteligentes para comprender la soledad en la que se encuentran las bibliotecas y los espacios culturales.

De ahí la importancia que tiene la lectura y el de preguntarnos el por qué leer.

Se lee, primero, porque nos permite hacer catarsis, no en el sentido psicoanalítico sino en su significado original, es decir, nos genera un espacio para la purificación, para el encuentro consigo mismo o con el otro.

Segundo, leemos porque la buena lectura fortalece nuestra constitución personal y nos permite buscar los propios intereses que, bajo la crítica y la reflexión, bien se pueden cultivar mediante una lectura constante y apasionada.

Finalmente, se lee porque con la lectura se recupera la ironía – lo tomo prestado de Bloom- que en su etimología griega significa disimulo o ignorancia fingida, pero en su uso literario, nos referimos a esta dialéctica en la que se encuentra el lector con el texto y viceversa, es bajo la ignorancia fingida (no bajo la ignorancia ilustrada) como podemos indagar o buscar nuevas ideas o conceptos, valores o virtudes que la lectura nos permita. En suma, lo que se busca en esta interlocución o dialéctica es la verdad.

*Coordinador de Proyectos Sociales y Religiosos • UNIVA Plantel Guadalajara 

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