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¿Qué es el Seminario?

Pbro. Eduardo Muñoz Ochoa*

La palabra seminario tiene en la actualidad varios usos. En la vida de la Iglesia Católica, seminario viene a significar la casa de formación para aquellos jóvenes varones que sienten la llamada del Señor a la vida y ministerio sacerdotal y que entran en un proceso de formación y discernimiento vocacional.

Los Seminarios como los conocemos ahora no existieron en la Iglesia sino a partir del Concilio de Trento en el siglo XVI, que los establece para la formación sacerdotal. De hecho nuestro Seminario de Guadalajara se erigió un siglo después en el año de 1696, el 9 de septiembre por el obispo Fray Felipe Galindo y Chávez. No es que no hubiera formación antes, sino que se realizaba de otra manera. Las familias, las comunidades de bautizados y la estructura evangelizadora de la vida de la Iglesia solventaban esta necesidad desde los inicios del cristianismo. Así lo manifiestan, por ejemplo, las cartas de San Pablo a Timoteo y a Tito. Esta práctica formativa dio muchos frutos, pero los cambios de los tiempos y de la historia no vinieron solos pues se empezaron a padecer muchos obstáculos y males que afectaron la vida de los sacerdotes y aspirantes, como por ejemplo: la búsqueda de honores, títulos, status económico, prestigio, así como de presencia e influencia en la vida de la Iglesia, de la política y de la sociedad. Además, la ignorancia y la evidente carencia de formación y testimonio de vida en una buena cantidad de clérigos fue penosa y vergonzosa. De aquí pues que, como lo reafirma también el Concilio Vaticano II, “la renovación de la Iglesia entera, depende en gran medida del ministerio presbiteral. De aquí la importancia y la gravedad del problema de la formación sacerdotal”[1].

Por lo sabido y visto en el caminar de la historia, la seria preocupación de formar a los sacerdotes y a los seminaristas no ha desaparecido en la Iglesia. Más aún, se ha intensificado y se han dado pasos cada vez más significativos. La vocación la da el Señor y «la misión de la Iglesia consiste en “cuidar el nacimiento, el discernimiento y el acompañamiento de las vocaciones, en especial de las vocaciones al sacerdocio”»[2].

La esencia del Seminario es formar la persona del seminarista y lo hace siguiendo las enseñanzas y los lineamientos de la Iglesia Universal recientemente actualizados y presentados el 8 de diciembre del 2016 en el documento llamado El Don de la Vocación Presbiteral, Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis. Esto se lleva a cabo a través un proyecto formativo que cada Seminario, en la persona del obispo ordinario del lugar junto con su equipo formador, establece. Este proyecto de formación contempla la integralidad de la persona, es decir, sus dimensiones humana, espiritual, intelectual y pastoral. “Cada una de las dimensiones formativas se ordena a la transformación del corazón, a imagen del corazón de Cristo”[3].

El documento de la Ratio Fundamentalis presenta una formación sacerdotal que tiene como punto de partida la vida bautismal como discípulo misionero, vida y compromiso que implica toda la existencia, no solo la etapa inicial del Seminario. La formación es permanente, es decir, hasta el último día que nos encontremos personalmente con el Señor. En esta formación todos estamos comprometidos: Obispo, Seminario, docentes, familia, presbítero, parroquia, vida consagrada, bienhechores, etc. Pidamos a Dios dé fruto a lo que cada uno de nosotros responsablemente haga.

*Prefecto de Primero de Filosofía, Seminario de Guadalajara


[1] J.L. FERRÉ MARTÍ en Comentarios a la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis – El Don de la vocación presbiteral. Universidad Pontificia de México. Ciudad de México, 2018, 5.

[2] CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, El Don de la Vocación Presbiteral, Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis n°13 (por abreviaturas RFIS).

[3] RFIS 89.

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