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Quimeras: Los híbridos humano y animal

 Fabián Acosta Rico

El mito de Prometeo ejemplifica las desventajas humanas y las virtudes de la especie; el Titán maldecido por su compasión hacia los hombres a quienes vio desprovistos de cuernos, pelambres, garras, colmillos… quiso resarcir su fragilidad proveyéndolos de inteligencia y obsequiándoles el fuego.

Es una de nuestras rúbrica psicológicas y rasgos antropológicos, el sentir  una cierta envidia hacia los animales, y este sentimiento ha inspirado el imaginario religioso de distintas culturas; en su inventario de seres fantásticos han aparecido creaturas que son la intersección morfológica de lo humano y lo animal; en los ángeles, centauros, sirenas, esfinges, sátiros… están plasmados anhelos, deseos y aspiraciones de fuerza y poderes ajenos

¿Quién no ha soñado que vuela o no se ha visualizado oníricamente abismándose en lo profundo de los océanos? Ser libres y plenos como los animales; fusionarnos con ellos -haciendo vano el sacrificio de Prometeo- es ya una realidad que suscita controversias bioéticas entre quienes defienden el avance de la ciencia y descalifican todo aquello que le ponga límites o trabas; otros, por el contrario, protestan con voz que reverbera en un esencialismo que reclama respeto a la naturaleza humana; no es esta un ingrediente o materia corriente que pueda ser vertida profanamente en el “caldero de los hechizos genetistas”; mirando al cielo y respirando el aire del mundo, los creyentes más fervorosos califican de anatema el intento de alterar a la más amada y perfecta de las obras de Dios. El que se atreva sufrirá la desventura del Doctor Moreau.

El país donde se han relajado estos escrúpulos creacionistas ha sido Japón; en la nación del sol naciente ya tienen permiso los científicos para experimentar con los genes humanos e hibridarlos con animales creando a partir de esta fusión embriones mixtos. Con la autorización de su gobierno, el científico Hiromitsu Nakauchi, titular en las universidades de Tokio y de Stanford, California, ha injertado y cultivado células humanas en embriones de ratón o rata y los ha implantado en otras especies.

El fin de estos experimentos, es uno bastante loable y provechoso para la medicina, se pretende cultivar órganos humanos que tentativamente podrían ser implantados en personas necesitadas de un riñón, un corazón, tejido…  La antigua norma que regía el quehacer en esta materia en Japón prohibía que los embriones animales con células humanas crecieran más allá de los 14 días;  también no estaba permitido el trasplante de dichos embriones a un útero sustituto. Estas restricciones ya han sido levantadas. Otras naciones ya están más adelantada en la confección de un ser mitad animal, mitad humano. En Estados Unidos ya se han cultivado embriones híbridos de cerdo y humano.

 El científico español, Juan Carlos Izpisúa consiguió inyectar células humanas en embriones de monos; este experimento lo realizó, sin restricciones, en un laboratorio de China. La idea, como ya se dijo, es crear seres híbridos que sean fábricas de órganos.  Aún tardaremos para crear un ser como el de la película Splice, experimento mortal, pero vamos en ruta; sin jugar al filósofo, valdría el cuestionarnos si será ético esclavizar y cosificar a estos seres, utilizándolos desechablemente para nuestro beneficio, con la agravante de que con ellos tendríamos cierto parentesco genético.  

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