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Se constata la urgencia de que en cada familia comience a tomar más relevancia la promoción vocacional, de tal manera que los hijos de familia vean la vida sacerdotal, el matrimonio, la vida religiosa y la soltería con la misma dignidad y posibilidad de ser seguida tras el adecuado discernimiento

Semillero: ¿Ejerces tu misión como promotor vocacional?

Juan José Quijas Rizo

Segundo de Filosofía

Hoy en día los jóvenes solemos recibir muchas propuestas para abrazar algún estilo de vida, pero sucede que poco conocemos realmente acerca de lo que conlleva cada una. Inclusive se entiende erróneamente que la  profesión es lo mismo que la vocación.

Llamados a la felicidad

En primer lugar, hemos sido llamados a la vida, y en nuestra familia se nos ha enseñado a valorarla y a esforzarnos por vivir de la mejor manera. Todos deseamos la felicidad y queremos sentirnos realizados. Ahora, como cristianos católicos estamos llamados a no perder el ideal de ser santos, lo cual lleva en sí toda la felicidad a la que una persona pueda aspirar en esta vida. La felicidad, en efecto, llega cuando encontramos la manera de servir haciendo la voluntad de Dios y cuando, tras un serio discernimiento, optamos por una vocación particular. Para ello la Iglesia nos propone cuatro opciones: el Santo Matrimonio, el Orden Sagrado la Vida Religiosa y la Soltería en Cristo.

En nuestra sociedad vivimos una crisis de promoción vocacional puesto que al hablar de este tema solemos caer en el error de pensar prácticamente en los “curas” y las “monjitas”.  Además, podemos llegar a creer que sólo a ellos corresponde llevar a cabo la promoción vocacional. Tristemente, suele ocurrir que no se promueven con igual entusiasmo todas las vocaciones  particulares en nuestras familias. Últimamente se va volviendo cada vez más raro que se aliente la vocación al sacerdocio o a la vida consagrada, incluso a la soltería; promover la vocación al matrimonio es lo más común.

Se constata la urgencia de que en cada familia comience a tomar más relevancia la promoción vocacional, de tal manera que los hijos de familia vean la vida sacerdotal, el matrimonio, la vida religiosa y la soltería con la misma dignidad y posibilidad de ser seguida tras el adecuado discernimiento.

Esto dará como resultado que cada comunidad parroquial sea un semillero de vocaciones y cada pueblo o ciudad se vea enriquecido por jóvenes que opten por un estilo de vida de servicio y que den lo mejor de sí en el caminar de sus vidas. De esta forma responder y servir a Dios en cualquiera de estas vocaciones será algo normal y no causará conflicto entre los miembros de cada comunidad.

Vocación del seminarista: lo que la gente opina

Como seminarista diocesano no hago a un lado la promoción de vocaciones que no tengan que ver con el sacerdocio, pero sí doy –naturalmente- cierta prioridad a éste último camino. He querido dedicar parte de este artículo precisamente a dar a conocer la importancia de promover vocaciones al Seminario en nuestras familias y en nuestras parroquias, tomando como ejemplo mi comunidad, Parroquia de San Antonio de Padua, en San Antonio Matute. 

Para brindar datos objetivos realicé algunas entrevistas, a manera de encuesta. Las respuestas fueron muy favorables y no ajenas a la realidad. En primer lugar, las personas comentan que al mirar a un seminarista sienten gusto y piensan en la vocación a la que ha sido llamado por Dios mismo, puesto que manifiesta la alegría y la paz de seguir a Cristo, además de una entrega generosa que le permite perseverar en un camino que se cree un tanto difícil. En cuanto a la formación, recibí respuestas muy acertadas, pues reconocen que en el Seminario llevamos una formación integra, oramos, estudiamos, vivimos la disciplina, participamos en actividades de misión y apostolado. Con todo, no estamos exentos de dificultades y problemas. Tampoco –comentan ellos- somos hombres desconectados del resto del mundo. Me dio mucho gusto darme cuenta de que la mayoría acertó en la cantidad de seminaristas originarios de mi parroquia -somos 7-. Además, las personas consideran que nos conocen y se interesan por nuestra formación: ahí están los promotores vocacionales.

¡Es tiempo de promover con entusiasmo las vocaciones! El mundo necesita sacerdotes, matrimonios, solteros y religiosos santos. Ojalá que realmente tengamos una experiencia de Dios y que con la vida diaria transmitamos el amor mismo que Cristo nos ha venido a manifestar hasta entregarse por nosotros en la Cruz.

Acerca de Monserrat Cuevas

Lic. Ciencias de la Comunicación | Reportera en Acción | Temas sociales, busco historias de vida que contar.

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