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Edward Osborne Wilson, padre de la Sociobiología

Sin religión, el mundo es mejor

Fabián Acosta Rico

Entiendo que hay una diferencia entre un ateo y agnóstico; una de orden moral y epistémico; el ateo no solo niega la existencia de Dios además lo detesta como idea o como figura; con tal lo considera pernicioso o nocivo para el ser humano. A las religiones y las iglesias les achaca los males y las desventuras del mundo.

Para el ateo, la gente arma guerras;  nos matamos entre nosotros por la incompatibilidad entre nuestros dioses; por temas tan teologales como la aceptación de un Dios único o la fe en una pluralidad de divinidades. De Hans Küng, el teólogo que llegó a rivalizar y polemizar con el Papa Benedicto XVI, su frase más emblemática y conocida es: “No habrá paz entre las naciones, sin paz entre las religiones”.  ¿Será?.

El ateo odia a Dios y con Él a la religión. Un agnóstico es igual o más descreído que un ateo; considerando que muchos ateos con sus fobias religiosas parecen avalar la realidad de aquello que niegan, pues nadie puede odiar con fervor algo que no existe. Para el agnóstico, Dios y la religión no son un problema; su falta de fe en lo divino no es producto de ningún odio o resentimiento, sino de sus saberes filosóficos o científicos.

En el lado contrario están aquellos como Ken Wilber, el psicólogo transpersonal, que sostienen que Fe y Ciencia no están contrapuestos; que por el contrario cada una tiene sus áreas de competencia en el mundo y en el ser humano.

A su vez, el científico Edward Osborne Wilson, padre de la Sociobiología, se asume  como pensador e investigador, como un agnóstico sincero y un ateo casi militante. El también principal exponente del Neodarwinismo, en una reciente declaración, afirmó casi poéticamente (al más puro estilo de Carl Sagan) que la Tierra padece: “una muerte a través de mil heridas” y la culpable es la Religión por lo que es imperioso desaparecerla, deshacernos de ella para provecho del progreso humano. Esta postura la desarrolla más en el que será su próximo libro; donde analiza el futuro de los humanos y la Tierra; mientras tanto, en la última edición de la New Scientist, adelantó que desde su experiencia como científico (uno de sus objetos de estudios preferidos son las hormigas), ha podido concluir que la humanidad ha estado destruyendo el planeta con mil cortes dado que aún no ha logrado superar sus estructuras tribales; nos seguimos comportando como seres primitivos, casi como animales, con un acendrado sentido de territorialidad y de exclusión hacía el que no pertenece a nuestro grupo humano, cultura, civilización… y en este tribal sentir y actuar han contribuido, manteniéndolo y reforzándolo, las religiones, dado que cada tribu (nación, pueblo, grupo…) tiene sus propios dioses, niega a los ajenos y rivaliza con el que no profesa su credo casi de manera instintiva. Es por esta sencilla razón, sustentada en esta reflexión, que para bien del progreso humano debemos eliminar gradualmente a las religiones.

Desde mi punto de vista, el Doctor Wilson podrá ser toda una eminencia en el campo de la Biología (como lo fue Steven Hopkins, en la astrofísica), pero es manifiesto que desconoce mucho acerca de las religiones y la espiritualidad; la mayoría de las confesiones y credos (salvo raras excepciones) hablan del amor, el respeto y la hermandad. Claro que ha habido episodios en la historia de la humanidad, como las Cruzadas, en las que dos religiones distintas se han declarado la guerra; pero nunca ha sido la fe la única razón de estas disputas; detrás de ellas ha habido otros intereses de orden político y económico.

Cuando la Religión  se ha dejado influenciar por la política, las ideologías o los intereses mundanos, se ha desvirtuado y servido de pretexto para el odio y la ambición. Pero, salvo, la mejor opinión de mis lectores: la Religión y las religiones no son en sí las causantes de los males de la humanidad como lo sostiene el Padre de la Sociobiología; no es por una necedad o atavismo tribal-religiosa que estemos acabando con los recursos naturales del mundo, extinguiendo a las especies silvestres y contaminando los ecosistemas; detrás de esta tragedia planetaria está la ambición monetaria y la muy laica y secular ideología neoliberal en la que se fundamenta nuestro modelo económico y cultural: global, progresista y  depredador: que antepone la ganancia al bienestar tanto de los seres humanos como al del resto de las creaturas de la tierra. 

Pie de foto: Edward Osborne Wilson. 

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