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Una esposa virtual para un país de hombres vírgenes

Fabián Acosta Rico

En la secuela de la película ciberpunk, Blade Runner, el protagonista mantiene una relación afectiva estrecha con una mujer virtual y holográfica que administra su hogar; en la serie inglesa de la BBC,  Black Mirron, en uno de sus capítulos, una inteligencia artificial que desconoce su origen -pues está convencida de que es un ser humano de verdad- habita una cápsula o dispositivo electrónico y es literalmente un esclavo de su dueño. En la película Her, Theodore Twombly, un hombre solitario que adquiere un software que recrea la personalidad, los pensamientos y los sentimientos de una mujer, lo puede cargar en su smartphone y llega a enamorarse de ella perdidamente.

La ciencia ficción siempre va un paso a delante de la realidad; como con Julio Verne y sus novelas que dan indicios de lo que será el mañana; lo interesante es que el futuro hoy tiene puesto el “pie” en el acelerador; los milagros tecnológicos que aparecen en las series y en las películas a la vuelta de unos pocos años los tenemos en los catálogos de Internet o a la venta en la tiendas. Así ocurre con la esposa virtual que está comercializando la compañía japonesa Gatebox. Desde 2016 dicha compañía lanzó un comercial explicando que la dama holográfica que lanzarían al mercado tendría la capacidad no sólo de interactuar con su usuario, sino también de tomarle afecto.

Donde más podría aparecer un producto así sino es Japón, donde uno de cada cuatro adultos es virgen; en promedio los nipones tienen su primer contacto sexual a los 40 años. El archipiélago de donde provienen el anime y las mangas es un país de hombres y mujeres solitarios, que de jóvenes estudian con devoción, y de grandes trabajan con rigor casi religioso. Por su filosofía y cultura  casi no tienen tiempo para las relaciones interpersonales; además, como sociedad viven en un mundo sobre tecnologizado; tienen una estrecha o casi patológica  relación con las máquinas. Así que era casi predecible que, bajo tales circunstancias, un buen día a alguna compañía, se le ocurriera inventar una esposa virtual para tanto varón japonés soltero y sin amor.    

Gatebox comercializa “su esposa” desde marzo de 2019; el producto puede ser ordenado en la página oficial de la compañía; algunos desesperados con poder adquisitivo ya la compraron. La bella mujer holográfica, que aparenta tener unos 20 años de edad, es proyectada en una capsula de plástico con base electrónica. El aparato mide 55 centímetros de alto por 20 de ancho y cuenta con Wi-Fi. El nombre de esta “bella genio” tecnológica, que vive en su propia lámpara, es Azuma Hikari; sus creadores la han dotado de una personalidad muy femenina es dulce, le gustan los dulces, detesta los insectos y tiene una inclinación innata o pre-programada para enamorarse de su usuario (o dueño).

Tienes que tratarla bien, su inteligencia artificial irá reconociendo tus gustos y sabrá, gradualmente, como complacerte; su menú de frases aumentará y se personalizará conforme le platiques. El usuario puede conectar a Azuma con su casa (como ocurre en Blade Runner) para que esta prenda o apegue electrodomésticos, regule la intensidad de la luz, abra la llave del agua…   Azuma es el modelo estándar; pero invirtiéndole dinero y tiempo el dueño puede irla moldeando a su gusto.

El precio de esta compañera o esposa virtual es de mil 400 dólares más impuestos, pero si deseas actualizar su software, para mejorar e intensificar tu experiencia con ella, por ejemplo que puedas sostener con tu muñeca holográfica una plática más fluida, pues tendrás que pagar una mensualidad de 13.60 dólares. Me pregunto si Azuma será, fuera de Japón, un éxito comercial; Suecia, por ejemplo, que también tiene una severa crisis social de hombres y mujeres solos.

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