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Una peligrosa trampa para nuestras familias

No se pueden ignorar los riesgos de las nuevas formas de comunicación para los niños y adolescentes que a veces los desconecta del mundo real. Este ‘autismo tecnológico’ los expone más fácilmente a los manejos de quienes buscan entrar en su intimidad con intereses egoístas“, Papa Francisco (Amoris Laetitia, 278)

Fernando Díaz de Sandi Mora

Aun cuando la idea original de crear avances en tecnología tenga la función de facilitar la vida de las personas, provocar el acercamiento, el progreso y desarrollo resolviendo sus necesidades más básicas y fundamentales, el ser humano es un especialista en dar al traste con las intenciones nobles y convertir aquello que fue creado para un bien, en una herramienta para dañar, ofender o sencillamente satisfacer los intereses más mezquinos y enfermizos de las mentes que muchas veces se tuercen.

Las redes sociales, una ventana maravillosa que brinda la oportunidad de asomarnos a la diversidad del mundo y que, en teoría, nos acerca más como personas, se han convertido en una puerta falsa, una ocasión ideal para oscuras intenciones, además de provocar comportamientos que desnudan la estupidez humana, poniendo en riesgo la integridad de las personas. Lamentablemente, nuestros niños y adolescentes, los más expuestos y los más vulnerables ante esta tendencia de pantallas y lamentable desinformación.

Las mentes infantiles y juveniles de nuestra época, de por sí víctimas de esta nueva manera de ejercer la paternidad “a distancia”, con padres ausentes enclaustrados en la oficina o la fábrica, ahora nuestros niños y adolescentes quedan a expensas de modernos aparatos en los que casi siempre sin supervisión tienen acceso a situaciones, personas y propuestas que los denigran, los amenazan y trastornan los principios y valores más básicos y fundamentales para la vida y la convivencia humana.

¿Se atreverían a sacar a sus niños a la calle, en medio de una noche oscura? Pues entregar al niño o adolescente un móvil y permitir un uso indiscriminado y sin supervisión, es lo mismo: exponerlo ante los peligros escondidos en la oscuridad del mundo.

Causa horror la cantidad de jovencitas que caen en manos de depredadores y pervertidos que también usan las redes. Es abominable mirar a adolescentes grabar y difundir “retos” que les dañan, los lastiman o hasta amenazan su vida. Es lamentable que en todo su día nuestros hijos solo cuenten con la compañía de un desconocido de las redes.

Menos pantalla, más vida, más palabras. Menos redes, más abrazos, más amor…

Facebook / Fernando D´Sandi

Acerca de David Hernandez

Lic. en Filosofía por el Seminario de Guadalajara | Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Veracruz | Especialista en temas religiosos | Social Media Manager

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