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¿Y quién es mi prójimo?

Aprender de la autocrítica

José Andrés Guzmán Soto

Con mucha frecuencias somos dados a juzgar a los demás; a señalar los errores de los otros, a criticar las decisiones, acciones  u omisiones de quienes viven con nosotros como los familiares, los amigos, los vecinos o los compañeros de trabajo;  también a juzgar a los gobiernos en turno, a los políticos o a la sociedad en general por lo que consideramos como injusticias, errores, fallas o situaciones desastrosas o negativas.

Con facilidad criticamos a los demás con base en informaciones confusas y hasta falsas porque nos somos capaces de investigar sobre lo que nos cuentan de tal cual persona para poder hacer un juicio justo sobre las acciones o comportamientos de los demás; como dice el Evangelio: “es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que ver la viga en el nuestro”.

Lo peor de todo es que en muchas ocasiones juzgamos a los demás por envidia, por egoísmo, pues nos cuesta trabajo reconocer el triunfo de los otros y la alegría de los demás, la felicidad de quien vive o trabaja con nosotros; tenemos la impresión de que el éxito de los demás en nuestro fracaso.

El problema radica en el fondo de nuestro corazón porque si vivimos en la amargura, juzgamos desde nuestra amargura; si vivimos en el odio juzgamos desde la perspectiva de nuestro odio; si estamos insatisfechos en nuestra vida o con nuestra manera de ser, lo reflejamos en nuestros juicios y críticas porque en el fondo de nuestro corazón creemos que es injusto los que nos sucede y nos ensañamos con los demás porque no viven como nosotros.

Existe una tendencia en la psicología humana que podemos llamar self-deception, esta consiste en que nosotros fabricamos en un modo permanente una mentira, nosotros mismos somos los buenos, quienes tenemos siempre la razón. Es una tendencia natural, contra esta tendencia debemos luchar mediante la auto-crítica y el auto-examen

El peor error que cometemos es no aceptar nuestra condición humana, no aceptarnos a nosotros mismos, no aceptar y reconocer nuestras debilidades, nuestros errores, nuestras deficiencias, nuestros traumas, nuestros miedos. No somos Dios, ni dioses, no somos perfectos; es lo primero que debemos de tener en cuenta para aceptarnos a nosotros mismos y saber aceptar a los demás.

El camino a la libertad y a nuestra propia reconciliación es la aceptación crítica de uno mismo, es decir la autocrítica; saber observarnos a nosotros mismos, conocer nuestras filias y nuestras fobias, nuestros prejuicios, nuestros intereses para poder comprendernos a nosotros mismos y a partir de nuestra realidad personal saber entender y comprender a los demás y no hacer juicios imprudentes y temarios de las actitudes y acciones de los demás.

La autocrítica es fundamental para buscar un cambio y una mejora en nuestra vida; para superar nuestras debilidades y acrecentar nuestros talentos y cualidades, lo cual nos llevará a recuperar nuestra autoestima y nuestra sensibilidad para estimar a los demás

La solidaridad, responsabilidad, comprensión hacia los demás nos permitirá siempre vivir la alegría y la paz con uno mismo, con los demás y en especial con Dios.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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